Amor verdadero

Amor verdadero

Quiero avisarte de que esta entrada es muy, pero que muy personal, así que discúlpame si algo de lo que digo te incomoda. No es para nada mi intención. Sólo trato de ser sincera con un concepto de celebración que me enoja.

Ahí va.

Nadie me dice ni cuando tengo que amar ni a quién.

Qué a gusto me he quedado.

Estaba yo pensando en que hoy es San Valentín, y en lo poco que me agradan estas fechas del calendario que nos marcan. Una que es de carácter rebelde, y no puede evitar sentirse dirigida en estos momentos del año. Puedes imaginarme gritando a cada anuncio que veo “¡A mí me vas a decir tú cuándo tengo que querer y regalar!” y no equivocarte.

El momento en el que empezamos a comercializar el amor, a ponerle un precio y envolverlo en regalo, en ese momento, perdimos un poco más el norte y fuimos un poco menos humanos.

Siento comenzar de forma tan brusca, pero es que me encorajino.

El amor verdadero.

¿Qué es? ¿Cómo sabes que lo tienes? ¿Cuánto dura? Preguntas de difícil respuesta. Pero esto es lo que pienso.

La empatía es un don preciado, poderoso y, como todo lo bueno, escaso. Casi en peligro de extinción.
La capacidad de ponerse en el pellejo de otro para poder sentir y padecer como el prójimo te puede llevar al conocimiento de un estado emocional, de una situación determinada y, claro está, de las personas.

Pero por mucha empatía que poseas, existen experiencias que son imposibles de simular. Como la maternidad y la paternidad.

Siempre puedes tratar de entenderla (y el sólo intento es ya un acto generoso), pero la realidad es que, por mucho que te acerques, nunca sabrás cómo es gestionar el pelotazo emocional que supone tener un hijo. Uno no tiene ni idea de lo que se siente, tanto en los buenos como en los malos momentos, hasta que no tienes uno.

Ellos te ponen a prueba cada día, te hacen sentir la mejor madre y la peor persona en un lapso de tiempo de 10 minutos, y ponen en marcha tu capacidad de amar sin condiciones y con un arrebato que nunca imaginaste que podrías vivir en tus propias carnes. Ese para mí, es el amor más verdadero.

Claro que hay otros, y maravillosos también. Pero este es el único que no necesita de campañas publicitarias, ni diamantes para siempre, ni cuidados superficiales. Es visceral y animal. Nace de las entrañas, no ha necesitado de fase de enamoramiento, ni que le pidas salir (sé que eso ya no se lleva, pero es un decir…), ni whatsapps con emoticonos de corazones. Es así y punto. Tan sencillo como primitivo. Genuino. Arrollador. Definitivo. Amas a tu hijo y nada puede interponerse en ese amor.

Es bestial, en serio.

Yo te quiero… fotografiar.

Claro que sí, no te voy a engañar. Es mi trabajo, es lo que me gusta hacer. Pero ahora y siempre, cualquier día del año.

Estos dos ojos verdes que tengo han visto pasar delante de mi cámara mucho amor. Entre padres e hijos. Entre hermanos. Entre parejas. Entre abuelos y nietos. Entre amigos.

De todas las edades, colores y naturaleza. En verano y en invierno.

Hay que ver cuánta rebeldía. ¿Cómo se os ocurre? Amar y regalar fuera de fecha.

Tenéis corazones indomables 🙂

El amor, a secas.

Pero la verdad es que lo pienso y, ¿quién soy yo para intentar definir qué es el amor?

He dado mi versión sincera. Pero, por supuesto, cada uno tiene sus propias experiencias vitales y sentimentales que pueden ser tan enérgicas como la de una madre hacia su hijo. Y llenas de verdad.

Y en el realidad lo que importa es que intentes rodearte de todo el amor que puedas. Haz acopio. Y cuídalo.

Que sea del bueno. Del que te saca sonrisas. Del sincero. Del que te respeta. Incluso del que te admira. Del que te da libertad. Y en cuanto te descuidas, te achucha con un abrazo. Del que está en lo bueno y en lo malo. Sin condiciones. Y celébralo cuando te dé la gana (incluso hoy, en San Valentín, si quieres ¿eh? Faltaría más), cuántas veces quieras y con la intensidad que te pida el cuerpo.

¡No te olvides de uno especialmente valioso y al que, por lo general, prestamos poca atención! Quiérete mucho a ti. Mímate. Regálate cosas. Dedícate palabras bonitas. Enamórate cada día un poco más de ti. Y así el mundo caerá enamorado a tus pies (y si no, él se lo pierde).

Y, por supuesto, también, quiere mucho. Da tanto amor como recibas. O más. Que el mundo lo necesita. Pero sin que nadie te diga cuándo, cuánto ni a quién. Ni siquiera yo.

Un abrazo, con todo mi 

Te lo mereces

Te lo mereces

Empieza la semana y me he levantado con un estado de ánimo un poco gris. ¡No todos los días son fiesta!

Las típicas mañanas de lunes con prisas, con «espabila que hay que ir al cole», con rutinas que son ya parte de la familia. Y para rematar, el día amaneció gris y con llovizna.

Me he puesto un poco drama, lo sé. Pero no te preocupes, te prometo que el post acaba con final feliz 😀

Muy mujer

Ya sabes que mi trabajo está evolucionando de cierta manera. El cambio forma parte de mí (de todas en realidad), y aunque a veces es un rollo sentirte en una mudanza constante que nunca termina, también tengo que decir que es mi combustible diario. El cambio me alimenta, me da energía y me impulsa todo el rato hacia delante.

Y este fin de semana he estado pensando en mi cambio personal-laboral. Ahora tengo ganas de fotografiarte a ti, mujer que me lees. Pero la realidad es que siempre fuiste tú.

Primero como madre, seguramente porque era también el momento en el que me encontraba. La cámara me cayó en las manos cuando el Señor Bajito tenía año y medio, lo fotografié a él hasta la saciedad. Pero también a mí, madre del Señor Bajito.

Ahora he encontrado mi espacio personal, como la mujer que fui y que soy. Ese que en días como hoy me mantiene a salvo de los grises, y me deja ver el rayo que  esconden las nubes. El que me mantiene firme con los pies en la tierra.

Y ahora quiero fotografiarte a ti, porque también te mereces tu propio espacio. Estoy empeñada en que tengas más fotos tuyas y que no sean cualquier tipo de foto.

Quiero darte poder a través de la fotografías, que salgas de tu escondite y florezcas. Quiero que te veas en una foto y te gustes. Que te sientas bien contigo misma.

Y si pienso un poco más, me doy cuenta de que ya llevo mucho tiempo escribiendo sobre salir en las fotos, ¿te acuerdas? Hoy te quiero dejar algunos post que hicieron mención a ello de forma especial.

Para ti, para ellos, porque sí

Mira, sinceramente me acabo de dar cuenta de que en breve llega el día de la madre. Para mí mayo es especial, pero no por este día que me parece tan poco auténtico como San Valentín. Es especial porque cumplo años, celebro la vida, la mía. Y este año creo que será más especial que otros, porque por primera vez me siento tal y como quería. Y eso es mucho celebrar, ¿no crees?

Pero a veces pienso que no tenemos que esperar a que lleguen el día de la madre, o nuestro cumple, o el aniversario de nuestra boda.

Durante nuestra vida suceden millones de momentos triviales que nos hacen infinitamente más felices que esas celebraciones de calendario. Y los dejamos pasar sin hacer ni una sola fotografía. En cambio, ponemos toda la carne en el asador cuando se trata de un evento, por el simple hecho de que lo es.

Nos merecemos un regalo porque sí. Porque nos apetece, porque en días tristones como el de hoy, el cariño y el amor nos devuelven ese rayito tras las nubes.

Deja de esperar sentada a que ese cariño y ese amor te lleguen de fuera,  y empieza a reclamarlo desde dentro. Nosotras también podemos querernos así de bien y así de bonito.

¿Qué te hace feliz?

Seguramente en más de una ocasión, y por distintos motivos, te has parado a pensar alguna vez en esa gran pregunta. Parece más sencilla de lo que es.

La recupero para ti porque vamos tan deprisa por la vida, con esas rutinas, con las inercias diarias, que no tenemos un segundo para nosotras, para reflexionar.

Cierra los ojos y piensa, ¿qué te hace feliz? La risa de tus hijos, el abrazo de tu familia, pasear por la playa descalza, ponerte música bonita y mirar por la ventana, leer un libro, bromear con las amigas…

¿No son esos los momentos de la vida, y no otros, los que de verdad merece la pena recordar?

Así que, coge tu cámara y empieza a fotografiarlos. Que no se te olvide salir en las fotos…

Y si prefieres que sea alguien quien se encargue de hacer el trabajo, puedes contar conmigo.

Pongo mi cámara a tu disposición para atrapar los detalles que te emocionan, y para que te sirva de medio de liberación. ¿Cómo? Demostrándote lo hermosa que eres, haciendo que te sorprendas de tu belleza, y capturando los detalles que a veces se nos escapan y que son los que relatan tus vínculos con lo que te rodea.

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