¿Qué hacer cuando tu hijo se aburre en casa?

¿Qué hacer cuando tu hijo se aburre en casa?

Una cree que, después de tanto tiempo sacándose trucos de la manga, la próxima vez será todo coser y cantar. Pero qué va. Aquí sigo, estrujándome los sesos cada vez que una situación me crea un dilema y me frustra.

La cosa es que hace unas semanas, el padre de la criatura tenía planes pero el Señor Bajito y yo no teníamos ninguno.

Se juntó con un fin de semana lleno de agua y tormentas con las pocas ganas de salir de casa y mi cabeza casi explota. De nuevo, esa pregunta, ¿qué hacemos? Pero conseguí reconducir mi frustración y conseguimos un plan casero de lo más molón.

Así que en la línea de algunos de los últimos post, hoy vengo con recursos que quizás te sirvan a ti también para estas crisis caseras. Y seguro que abren el hilo de comentarios y tú me aportas a mí mil ideas más para días como estos.

La tormenta perfecta

A ver, la cosa era así: predicción de tormentas, lluvias a tutiplén y un partido que el Señor Bajito quería ver y yo no. Estábamos abocados al fracaso. Así que me siento especialmente buena madre y buena persona, porque conseguí frenar todo eso. ¡Medallita, por favor!

No te voy a engañar, pasé un momento de pataleta. No quería hablar y estaba enfadada. Me visualizaba encerrada y sin nada que hacer el fin de semana, que son los días que tenemos para ser más libres, y eso me ponía de muy mal humor. Pero cuando conseguí respirar hondo, tracé el plan perfecto.

Busqué la mejor forma de comunicársela al Señor Bajito, porque hay que recordar que él tampoco estaba muy receptivo. Pero sabía que no podría resistirse.

Así que nos hicimos una comida rica a base de crema de calabaza y torta de maíz con verduras y pollo. Era la primera parte del plan, ganármelo por el estómago. Es maquiavélico, lo sé, pero funciona.

Mientras se relamía, le conté que había pensado en algunas cosas para el día en casa. Me miró expectante.

– Señor Bajito, tengo un plan para la tarde.

– A ver, cuenta.

– Podemos construir un puente.

– ¿Un puente? Mamá, ¿en qué estás pensando?

– ¿Recuerdas ese puente de madera que trajo tu tío de Oporto? ¡La maqueta  del puente!

– ¡Aaaah! Lo recuerdo.

– Se me ha ocurrido que podemos montarlo juntos.

– Vale.

– Después, he pensado que como tú quieres ver el partido de fútbol y yo no, podemos hacer acampada en el salón y tú te ves el partido y yo descanso (traducido a lenguaje de mamás: me duermo los 90 minutos de partido).

– ¡Molaaaaa!

– Quizás entre una cosa y otra nos veamos una peli y comamos palomitas. Y… ¿Me dejarás hacerte fotos?

– ¡Todas las que quieras, mamá!

El plan iba viento en popa.

Salón patas arriba

Mover mesa, traer colchón de la cama grande al salón, descolgar cuadros… esas típicas cosas de domingo que son bastante entretenidas. Parece que estás montando un fuerte.

Y así, tras comer, nos pusimos manos a la obra con el puente de Oporto, que se nos ha quedado a medias. Pero eso es bueno, tenemos actividad para otro momento de crisis como este.

Un poco de música, correr las cortinas para que entre toda la luz que se pueda, acercar la mesa a las ventanas (os recuerdo que el día estaba de tormenta y había que ir a la caza de toda la luz natural que hubiera).

¡Qué divertido es montar, ensamblar, lijar y construir! Más de lo que recordaba.

También hubo momento “mamá, ponte en las fotos, y yo las hago“. Locura (y felicidad) total.

Sin duda, el momento favorito fue cuando nos llevamos el colchón enorme y pesado de una punta de la casa a la otra. Saltar, rodar, voltereta por aquí, mortal por allá. La cámara no daba a basto.

Y después de tanto salto, un poco de descanso: palomitas y peli.

Dormir en el salón es una experiencia divertida. De vez en cuando es bueno salirse de lo normal y hacer algo un poco diferente. En tu casa, ¿qué hacéis cuando os ataca el aburrimiento en familia? ¿Me lo cuentas?

Si necesitas más ideas, te recomiendo que leas el plan de cine familiar de hace unas semanas.

Y si tienes un plan molón, y quieres guardarlo para siempre, me encantará ser testigo y ayudarte a que perdure en el tiempo.

Cerrando una etapa | Diario

Cerrando una etapa | Diario

Durante las pasadas semanas te he ido contando cómo me acerqué a la fotografía y te he hablado de mi trabajo con el autorretrato.

El motivo de ponerme ahora a narrar mi historia con esta disciplina fotográfica es que la etapa en la que llevo adentrándome desde hace un par de años, me dirige de nuevo (en parte) hacia ella.

Sin embargo, la razón principal por la que me inicié en la fotografía no fui yo, ni la necesidad de conocerme. El causante de mi iniciación en la fotografía fue mi hijo.

Si trazo una línea desde el punto en el que el cuerpo me pidió a gritos que fotografiara al Señor Bajito para recordar siempre etapa de bebé, su infancia y su forma de crecer, esta línea pasaría por el descubrimiento del autorretrato, por la revelación de mi verdadero yo (y mi vocación de fotógrafa), el retrato de la infancia, por extensión, de la familia y terminaría de nuevo en el Señor Bajito. Un círculo perfecto que se retroalimenta y nunca termina.

Hoy me toca hacer balance de esa parte iniciática. Porque, entre otras cosas, llevo semanas queriéndote contar algo muy grande para mí, pero ni he podido ni he querido hacerlo hasta que estuviese todo bien preparado y yo me sintiera lista para arrojarlo al mundo.

En estos días de febrero se cumplen 7 años que agarré mi cámara por primera vez y le puse el modo manual. Lo hice con la convicción de no volver al automático y de captar los mejores momentos de mi hijo. Quería atraparlo, congelarlo para siempre. Porque su crecimiento era rápido e imparable, y no quería olvidar nada.

Durante estos años, mi cámara y yo necesitábamos fotografiar a los niños. Realmente era una necesidad, ahora me doy cuenta. El Señor Bajito era el protagonista, pero también sus amigos. Las reuniones de amigos eran mi excusa perfecta para observarles y fotografiarles. Su mundo me atrapó durante estos años, y prueba de ello son las ciento de fotos que tengo en mis discos duros.

Pero desde hace un par de años, mi necesidad de fotografiar otras etapas, otros rostros, fue creciendo poco a poco. Han sido dos años en los que, de forma paulatina, mis ganas de fotografiar la infancia iba disminuyendo sin que pudiera hacer nada. La verdad es que al principio me sorprendí un poco, incluso me asusté. Pensé que la fotografía se estaba marchando de mi vida, pero nada más lejos de la realidad: estaba madurando.

¿Qué quieres hacer con todo este material?

Esa fue la pregunta que me hizo Alain Laboile, mi fotógrafo de referencia en materia de fotografía infantil, en un curso que realicé con él hace algo más de un año. Al ver un conjunto de fotografías de mi trabajo, me miró, y me dijo “¿qué quieres hacer con ellas?”. Él me sugirió una exposición, a lo que yo le miré con cara de “¿me estás hablando a mí?”.

Y esa fue la primera semilla.

Después de mucho tiempo meditando y pensando si quería seguir fotografiando la infancia, me quedó claro que no. Algo más fuerte que yo me arrastraba en otra dirección y por un momento me dejé llevar.

Lo que descubrí fue que realmente mis ganas de fotografiar seguían vivas, pero que estaba abriendo un nuevo camino y para conseguirlo primero necesitaba cerrar el que me había traído hasta aquí.

Así que una vez más, agarré el miedo y escribí a Mela para preguntarle si la asociación de Espacio Imagen me acompañaría en la locura. Mela me recibió con el corazón abierto, como sólo ella sabe hacerlo y me puso en contacto con María. Quien sería mi guía y compañía en esta aventura.

Hazme libre

Ni título, ni selección de imágenes. Me presenté frente a María con la simple idea de dar carpetazo a esta primera fase de mi fotografía, y lo hice con un puñado de fotografías, muchas ganas y bastante miedo.

Ella puso su conocimiento a mi disposición, y cada reunión fue como una clase magistral en la que aprendía y absorbía todo lo que ella tenía que decirme.

He quedado fascinada con su forma de entender la fotografía y de acompañar mi proceso. Ha sido increíble. Ha aportado su punto de vista, me ha guiando, pero siempre dejando que tomara mis propias decisiones.

Poco a poco el conjunto fue tomando forma. La idea y el concepto de la exposición se iban haciendo tangibles. Y así nació Hazme libre, la exposición en la que aporto mi visión sobre la infancia.

“Hazme libre” ha sido un trabajo instintivo 100%, nunca hubo ninguna intención tras esos clicks, sólo el seguir un impulso, una necesidad. Hoy, al ver el trabajo con perspectiva y distancia, me encuentro ante la documentación de mi forma de ver y sentir la infancia, tan intensa y emocional como yo.

Si te apetece acompañarme, el día 1 de marzo estaré encantada de abrazarte en la inauguración. Y si la distancia nos lo pone difícil, te mando un abrazo que llega volando allí donde estés.

Preguntas frecuentes sobre la preparación de tu sesión de fotos de familia y sus respuestas

Preguntas frecuentes sobre la preparación de tu sesión de fotos de familia y sus respuestas

Como soy curiosa (no lo voy a negar) y tu opinión me importa (¿de qué otra forma podría hablarte de lo que de verdad te interesa?), durante la pasada semana lancé algunas preguntas en mi cuenta de Instagram con el objetivo de conocer de primera mano cuáles son las dudas sobre fotografía que atormentan esa cabecita, o cuáles los temas de los que más te gustaría aprender. Porque, aunque parto de la base de que si estás aquí es porque te agrada lo que hago y conectas con ello, me gusta preguntarte de vez en cuando porque sé que los gustos y las inquietudes cambian.

Así que, mientras editaba una de mis últimas sesiones, se me ocurrió fusionar los interrogantes con la tecnología para preguntarte directamente. Y como Instagram se ha vuelto mi red social favorita y ahora nos facilita hacer encuestas (desde el stories), me lancé a la aventura. Y realmente parece que estamos en sintonía. ¡Choca esos cinco!

Esto me alegra enormemente, la verdad. Porque entiendo que mi trabajo no es para todo el mundo. Por eso, una de las facetas de las que más me ocupo es de hablar con las familias que quieren contratar una sesión de fotos conmigo para asegurarme de que mi estilo de fotografía, es el estilo que están buscando.

El caso es que siempre que lanzo preguntas obtengo respuestas interesantes, a veces inesperadas. Cuando muchas de ellas se repiten, significa que son temas que os preocupan en común.

He recopilado esas preguntas frecuentes, les he dado respuesta y las he ordenado en 3 bloques que iré publicando por semana: las preguntas que te haces antes de reservar tu sesión, las dudas que surgen durante la sesión y las que te planteas después de la sesión.

Aquí va el primero de ellos:

Preguntas que pueden surgirte antes antes de reservar tu sesión

¿Me vas a sacar a mi también? Sólo quiero una sesión para mis hijos.

Normalmente a las madres (y a algunos padres también) nos cuesta mucho ponernos frente a la cámara. Cuando comencé a hacer sesiones de fotos para otras familias, diferenciaba entre sesiones para los hijos de las de la familia al completo. Hoy en día ya no lo hago.

Para mí no tiene sentido, sois un pack.

En mi forma de entender la fotografía, no pueden faltar los padres. Sin ellos no hay niños, no hay familia, y tampoco se generan los gestos que más me gusta fotografiar. E la base de todo.

Te asusta salir en las fotos, pero piensa en unos años cuando tus hijos quieran recordarte y mamá no esté en las fotos. ¡¿No es eso mucho peor que pasar ahora un poco de vergüenza?! De verdad, no tengas miedo, porque vas a salir genial. Los hijos ponen guapa a cualquiera, lo que pasa es que tú no te ves. Pero ya estoy yo para verte bonita 🙂

Pero, ¿y si no sé posar?

No hay que saber posar. No conmigo. Me gusta observaros, que estéis tranquilos, naturales y juguéis con vuestros hijos. Quizás, en algún momento, os pida que llevéis el juego a otra zona, pero nunca os pediré que poséis. Ya me las apañaré si quiero que me miréis o que os riáis. De cualquier forma, te aseguro de que no será forzado ni fingido.

Cuando veas las fotografías te parecerá increíble lo que ves. Quizá pienses con una sonrisa en la cara, ¿es así como nos vemos desde fuera? ¡Claro!
Sólo necesitas a alguien que lo sepa captar tal y como tú lo vives y sientes, que deje que se desarrolle tu cotidianeidad familiar y mientras sucede, la fotografíe para ti. Por eso es crucial que escojas bien al fotógrafo y que el estilo del profesional que elijas para tu sesión sea el adecuado según tu visión y gustos.

Así que, ¿qué pasa si no sabes posar? Absolutamente nada. Incluso, ¡mucho mejor!

¿Dónde hago mi sesión? Estudio, exterior o en mi casa.

Hay gente que no se decide a hacerlo en casa por miedo a que su hogar no de la talla. Estamos intoxicados con las casas de revista, esas que están impolutas, que parecen a estrenar y que son como una exposición del Ikea.

Seamos sinceros. Nuestras casas no son así. En nuestras casas vive gente que sale y entra, que tira cosas, que ensucia (y recoge, si tiene tiempo). Unos días están más ordenadas que otros, y no pasa absolutamente nada.

Estas casas, las de la vida real, que en comparación con las otras parecen un caos, siempre dan la talla en una sesión fotográfica, ¿sabes por qué? Porque es tu hogar, donde sucede la magia entre vosotros, y donde se da la máxima complicidad e intimidad. En definitiva, es el mejor marco para una sesión de fotografía confortable.

Pero las sesiones en exterior quedan preciosas, también. Sobre todo cuando el lugar lo eliges tú por un motivo personal: porque te resulta familiar, tiene significado para ti o porque es uno de tus lugares favoritos.

En exteriores los niños se sienten libres y descubren muchas cosas nuevas. Es un factor a tener en cuenta.

En definitiva, aleja esos miedos de ti respecto a tu hogar si es lo que más te apetece. Mándalos bien lejos. Si prefieres hacerlo fuera, que sea porque de verdad es tu deseo.

La familia protagonista de la sesión de fotos que has estado viendo a lo largo de esta entrada, se decidión por 2 localizaciones: su casa y una placita de su pueblo donde pasean a sus perros todos los días. En ambos casos, querían algo cotidiano, cercano, donde se sintieran a gusto. Deseaban tener un recuerdo de esos momentos que se suceden todos los días. ¿Qué te parece su elección?

Un abrazo 


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De cómo encontré mi voz y la fotografía que es la base de mi trabajo

De cómo encontré mi voz y la fotografía que es la base de mi trabajo

En una ocasión, un hombre pudo dirigirse a un gran número de personas y decir unas palabras. Tenía que escoger cuidadosamente lo que iba a decir, puesto que había muchos oídos prestándole atención, medios de comunicación y, seguramente, gente esperando a que metiera la pata o dijera alguna incongruencia para caer sobre él como aves de rapiña.

En ese momento tan importante de su vida, decidió contar una historia. Algo que jamás había contado.

Contó la historia de cómo, un buen día, conoció, por casualidad de la vida o el destino, a un guitarrista flamenco que tocaba en un parque cercano a la casa de su madre. Los sonidos que arrancaba de su guitarra eran poesía para sus oídos. Nunca había escuchado nada así. Su maestría le dejó completamente alucinado, tanto que le pidió que le diera clases de guitarra.

Y así fue durante unos días en los que, poco a poco, le enseñó a afinar la guitarra, a colocar los dedos y 6 acordes. Hasta que, un día oscuro, el maestro decidió retirarse del mundo.

Desapareció dejando grandes incógnitas en el aire: ¿quién eras?, ¿por qué estabas ese día allí tocando la guitarra?, ¿por qué decidiste darme clases si te sentías tan mal, tan cansado de la vida?, ¿por qué no me dijiste nada?, quizá podría haberte ayudado, ¿por qué lo hiciste?

Sin embargo, el hombre del discurso nunca olvidó a su maestro de guitarra, puesto que él le había enseñado los acordes que marcarían el resto de su obra y su vida.

Este hombre que se dirigía a toda esa gente se llamaba Leonard Cohen, y en el día en el que recogía el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011, decidió que tenía que hablar de la persona que le había dado la base para ser quién fue. La historia de cómo encontró su canción.

Esa persona anónima, sin la cual Cohen probablemente no hubiera llegado a ser el músico y escritor tan brillante (o sí, pero de otra manera), se fue sin saber lo importante que fue ese encuentro. Es devastador.

¿Por qué te cuento todo esto? Porque no quiero que me ocurra lo mismo.

Tras este fin de semana intenso y después de recordar esta historia, quiero hacer como Leonard pero antes de que sea demasiado tarde.

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La confirmación de mi forma de entender la fotografía.

He pasado una de las mejores semanas de este año. Viajé a Madrid y, a diferencia de las últimas ocasiones, no fue para trabajar sino para hacer un curso.

Desde que me apunté a él me podían las ganas porque llegara el día de disfrutarlo, pero a la vez me daba pena, porque luego todo pasa tan rápido… Y es que no era un curso cualquiera, era un workshop con el fotógrafo que más admiro: Alain Laboile.

Conocí su trabajo de rebote (alguien compartió algo de él, yo lo vi y caí rendida ante su fotografía) cuando ya estaba embarcada en un pequeño proyecto personal que en realidad aún no ha terminado: documentar la infancia de mi hijo.

El caso es que llegó y me atrapó para siempre. Y a lo largo de estos años la admiración por el trabajo de este fotógrafo no ha hecho más que crecer y crecer. Pero no sólo por su trabajo, sino por la vida que se adivina en sus fotos.

Admiro la cabeza que tiene para trazar la composición de sus fotografías y ver elementos en las fotografías de otros que casi nadie ve.

Pero sobre todo, para mí, lo verdaderamente interesante es su vida. Su fotografía es personal y se rodea siempre de su familia. No se dedica a hacer fotografía por encargo. Todo es fotografía en su casa. Sólo es su mundo familiar. ¿Cómo consigue vivir de eso? Es que me postro ante sus pies xD

Es un punto de apoyo, tanto para mi faceta de fotógrafa como para mi plano personal. Una auténtica inspiración en todos los sentidos vitales. Gracias, Alain, siento que apoyas y refuerzas mi forma de entender la fotografía, de respirarla y fusionarla con quién eres. Expresas el tipo de vida que yo defiendo. Y empaparme de tus fotos me ha inspirado desde que te conocí.

Porque siempre he tenido a la fotografía como una herramienta más emocional, como un medio de expresión. Mucha gente la utiliza tan sólo como un documento que recoge una imagen con una técnica perfecta. Pero para mí una buena fotografía tiene que tener alma, tiene que palpitar entre tus manos, tiene que contarte algo.

Pero, ¿cómo empecé con todo esto? ¿Cuál es el origen de mi búsqueda persona de la fotografía?

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Soy fotógrafa gracias a mi hijo.

Yo sabía que tenía mi propia voz, pero a él le debo la canción.

Tenía el gusto por la fotografía metido dentro desde hacía mucho tiempo, pero no fue hasta mi maternidad cuando sentí la necesidad de expresarme a través de ella.

Fue entonces cuando quise contar mi historia y transmitir cómo me sentía siendo madre, cómo era aquello para mí, cómo era mi niño y todo el nuevo mundo que se abría ante mí. Y todo ello, alejándome de los artificios que a veces acampan en este tipo de imágenes.

Quería contar lo que yo veía, tal y como yo lo veía.

Y este fue el germen de la persona y la fotógrafa que ahora soy. Gracias, Grabiel, por empujarme a esta vida, por enseñarme los acordes que son la base de mi fotografía actual, y por ser el mejor modelo del mundo.

Pero un fotógrafo y sus fotografías necesitan algo más. Algo crucial sin el cual perderían sentido.

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Para que una fotografía cobre vida, necesita un espectador.

Hasta el momento en el que los ojos de otra persona se posan sobre ella, la fotografía está en letargo, con una mano sobre la boca, a la espera de que alguien se detenga ante ella para poder contarle su historia.

Por eso también tengo que agradecerte a ti, mi fiel lectora, mi madre fotógrafa, mi alumna, mi compañera en la Comunidad F, mi amiga, que obres tu magia. Gracias por traer tu mirada hasta mis fotografías, por darles vidilla y aliento.

Y esta es la historia de cómo encontré mi voz, le di forma y le puse música. O mejor dicho, de cómo me transformé en la fotógrafa que soy.

Disculpa por la extensión del texto, creo que pocas veces escribo tanto, pero sentí que el agradecimiento lo merecía.

Aquí puedes ver el discurso de Leonard Cohen al que hago mención.

Un abrazo,
Rebeca

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Sesión de fotos madre e hija |Madrid

Sesión de fotos madre e hija |Madrid

Es la segunda vez que visito este parque en mis viajes a Madrid. La anterior, era invierno, y el sitio ya prometía. Esta vez, la primavera se quería abrir paso llenando el paisaje de flores y una luz mucho más brillante. Sin duda, el entorno ideal para una sesión de fotos entre madre e hija. Uno de esos vínculos que traspasan la plantalla.

Sesión de fotos madre e hija en Madrid

¿Te acuerdas del artículo que escribí hace unas semanas sobre los niños que no quieren hacerse fotos? Bueno, pues este fue uno de esos casos. El principio de la sesión no fue muy sencillo que digamos. La pequeña no tenía ganas de copnocerme, y tampoco que de que le hiciera fotos.

Esta situación puede resultar incómoda para los padres en principio, en especial, para la madre. Ya que los pequeños suelen querer refugiarse en nosotras.

Y tengo que decir, que aquí fue determinante la tranquilidad y paciencia de su madre. Se me limité a darles espacio, y a no acercarme demasiado, para no agobiar más. Y ellas, mientras, encontraron la manera de disfrutar de una tarde llena de sonrisas y momentos únicos que durarán para siempre.

Con paciencia, todo llega

Al final, esperando y sin presionar, conseguimos disfrutar mucho las tres. La pequeña incluso me contó algunas cosas al final de la sesión.

Sin duda, cada vez creo más en respetar el tiempo de los niños, en darles espacio y no presionarles. Al final ellos siempre saben lo que tienen que hacer. y para muestra, esta preciosa sesión:

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