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Ser hijo de mamarazzi es muy duro

Ser hijo de mamarazzi es muy duro

¿Cómo actuar cuando quieres fotografiar a tu niño y él no está por la labor? La gran cuestión.

Tienes varias opciones. Una de ellas es transformarte en Hulk y arrasar con todo hasta alcanzar tu objetivo. Pero eso agota la paciencia y acaba con los nervios de cualquiera. Otra de las opciones es calmarse y ponerse en el lugar del niño.

Quizá no habías reparado en ello antes, pero es duro ser hijo de una aficionada a la fotografía que te venera y quiere conseguir una imagen de cada gesto que haces, cada risa que te echas o cada mirada que le dedicas.

Y si no, que se lo pregunten a los niños de alguna de ellas (o de nosotras, más bien 😛 )

El Señor Bajito podría dar una conferencia sobre este tema, y las ponencias principales podrían ser:

  • Tácticas para escabullirte de la cámara
  • Cómo cambiar de tema de forma sutil y adorable para que no te regañen cuando no quieres sacarte una foto
  • Trucos para hacerte el dormido y que no se de cuenta de que sabes que está fotografiando tu siesta

Sería todo un éxito.

A punto de empezar una nueva edición del curso Héroes: fotografiando la infancia, me aplico mi mejor consejo: si tu hijo no quiere fotos, no se las hagas.

Y es que a veces no tienen ganas. Es sencillo. Además, aquí se aplica una regla proporcional que llevada al extremo puede acabar en desastre: cuanto más insistimos, menos ganas tienen. No falla.

Es natural. De hecho ocurre exactamente lo mismo en el sentido contrario. A veces soy yo la que está desganada y no me apetece participar de otras cosas que él me propone. Así que es entendible.

En mis cursos siempre digo que si esto ocurre, que respetemos su decisión. A veces nos da un poquito por saco, no te voy a mentir. Pero piensa en esto: ¿qué consigues presionando a tus hijos para obtener una fotografía?, es decir, imagina que al final lo logras y salen pulcros, bien peinados y se están quietos para la cámara, ¿qué clase de imagen te saldrá? ¿De verdad es esa foto la que quieres conseguir?

Respetar sus tiempos.

Yo este fin de semana me sentí muy frustrada cuando le pedí al Señor Bajito nuestra foto semanal para I Love Mom, y él me dijo que no le apetecía.

Claro, yo estaba que rabiaba. Tenía un email que enviar, ya debía el de la semana anterior y le necesitaba a él para esta tarea. Pero pronto me relajé y pensé que si esto iba a servir para que nos enfadásemos, no tenía ningún sentido. Así que cuando él me preguntó si me enfadaba, le dije que estaba un poco disgustada, pero que no pasaba nada, que lo entendía.

Ayer lunes, le pedí que si podíamos hacerla. Le recordé que era importante para mí, para mi trabajo. Que además, es nuestro momento semanal y que me gusta crear esos recuerdos con él. Porque él tiene muchas fotos solo, incluso con su padre. Pero conmigo tiene muy poquitas, y esta vez me hace ilusión hacer este trabajo con él. Ya lo vive de otra manera, se hace mayor, y quiero atesorar esos últimos coletazos de infancia para siempre. Porque dentro nada  (bueno, ya sé que aún queda un poco, pero esto pasa volando, y lo sabes) estará cambiando su voz, y su cuerpo dejará de ser redondito y achuchable. Y lo que es peor, ¡¡no dejará que lo achuche!! Mi discurso funcionó.

Lo entendió, comprendió mis motivos y, al relajarse, lo que empezó siendo una idea aburrida de mamá que otra vez quiere sacarme fotos, terminó siendo un juego con muchas risas. Nos lo pasamos genial, nadie se enfurruñó y todas las fotografías que obtuvimos salieron naturales, alegres, sinceras.

 

Toda esta reflexión es lo que me ha traído hasta aquí y lo que ha hecho que nuestra relación con la cámara sea especial. Porque no es la primera vez que esto me ha ocurrido.

Desde que respeto sus ritmos y converso con él hasta que los dos llegamos a un punto de entendimiento, todo funciona mucho mejor. Y en esto de hacer fotos, también.

Si no presionamos, es más fácil que la amistad no se estropee por largas temporadas y consigamos hacer fotos reales de momentos únicos.

Así que, mamarazzi del mundo, dejemos nuestra versión Hulk para otras ocasiones en las que sí es importante que saquemos nuestra vena peleona, y vamos a intentar relajarnos con la fotografía, ponernos más en su lugar para que todos disfrutemos del acto de fotografiar.

Feliz semana ♥

¿Por qué mis fotos salen borrosas?

¿Por qué mis fotos salen borrosas?

Se han dado dos factores, cual alineación de planetas, y de ahí ha nacido esta entrada.

De un lado, que en nada comenzamos una nueva edición del curso de iniciación a la fotografía, Fotografía desde cero, y estoy ya organizando todo. Son clases intensas, llenas de un montón de conceptos, y estoy tan metida en su preparación que ya tengo el espíritu de los maestros calado hasta los huesos.

Del otro, que por vuestros comentarios y mensajes, sé que a muchas los Reyes Magos os han traído cámaras nuevas pero que todavía no sabéis manejarlas del todo bien. También sé que muchas tenéis cámara desde hace tiempo, pero que la mantenéis dentro de algún cajón por miedo a que os explote entre las manos si tocáis algo que no debéis.

Se han juntado ambas vertientes y como resultado, he estado pensando en cómo podía ayudar con el tema de las nuevas cámaras y esa sensación de no saber por dónde empezar con ellas, y he llegado a la conclusión de que lo que más se suele preguntar y lo que más dolor de cabeza nos da al principio es el enfoque.

Así que aquí me planto yo con todos mis bártulos para hablarte de los distintos problemas que puedes tener a la hora de hacer tus fotos y que salgan bien enfocadas y cómo puedes hacer para que no te pase nunca jamás.

Y al final de la entrada, te desvelo el mayor de los secretos que hará que asimiles esta y otras lecciones. Empezamos.

La cámara o tú, ¿quién tiene las riendas?

La mayoría compramos una cámara réflex pensando que va a ser la solución a todos nuestros problemas, que nuestras fotos van a mejorar por el mero hecho de tener una cámara más grande, con más y mejores objetivos… Pero la realidad nos da en todo el morro cuando con esa super cámara las fotos tampoco nos quedan bien, salen movidas, desenfocadas y no sabemos por qué. Bien, pues yo te lo voy a decir: las fotos no las hace la cámara, las haces tú 😉

No pasa nada, todas hemos pasado por eso, de verdad, y tiene solución. Eso es lo bueno y es en lo que te tienes que centrar.

En realidad, lo único que tienes que hacer es coger la sartén por el mango y tener el manual de la cámara cerca de ti, siempre. Verás qué pronto la cosa mejora.

Nunca más una foto desenfocada

El desenfoque se puede deber a varios factores, vamos a ir desgranando algunos que son sencillos de corregir.

  1. Los puntos de enfoque. ¿Sabes esos puntos que ves a través del visor superpuestos? Esos son los puntos de enfoque. El número varía mucho de unas cámaras a otras pero lo importante, como siempre, es optimizar lo que hay. Por defecto, la cámara está configurada para que se activen varios puntos cuando enfocas. Lo primero que tienes que hacer es configurarlo para que sólo enfoque con uno de esos puntos. ¿Cómo se hace? Esa respuesta la tendrás que buscar en el manual, porque varía mucho de una cámara a otra. Una vez que tienes configurado un sólo punto de enfoque, estás lista para decirle a la cámara dónde quieres enfocar. Ya nunca más la cámara enfocará donde le dé la gana, ¡bien!
  2. La distancia al sujeto u objeto enfocado. El enfoque varía según la distancia a la que te encuentres del sujeto u objeto que quieres enfocar, por eso es muy importante que esa distancia no cambie durante el enfoque. Cuando apretamos el obturador (botón de disparo) hasta la mitad, normalmente lo que sucede es que enfocamos. Después tenemos que apretar hasta el fondo, para hacer la foto. En ese intervalo, no podemos perder esa distancia (puede suceder porque el sujeto se mueva, o nos movamos nosotros ligeramente), porque de lo contrario, nuestra foto no saldrá bien enfocada.
  3. La velocidad de obturación. Muchas veces las fotos no es que salgan borrosas, es que salen movidas. Esto se debe a que la velocidad es insuficiente para lo que estás fotografiando. Para subir la velocidad tendrás que ver en tu manual (otra vez) cómo hacerlo. Aunque ya te adelanto que no siempre podrás hacerlo, o que tendrás que tocar otras cosas, para poder subir la velocidad. En todo esto profundizamos en “Fotografía desde cero“, porque necesitas conocer otros conceptos y cómo se relacionan unos con otros. Pero lo importante aquí, es que sepas que lo que falla es la velocidad, y no el enfoque. Por lo que en la mayoría de los casos en los que sucede esto, lo que necesitarás será más luz.

El secreto para aprender

Esto de enfocar, en principio, puede parecer una de las cosas más sencillas, pero casi siempre es lo que más quebraderos de cabeza da al principio. Aunque te animo a que continúes. Es algo muy mecánico, y  pillarle el punto es cuestión de practicar.

Pero si te da flojera esto de ejercitar hasta asimilar la técnica, te diré algo. Hay una clave que hará que todo vaya como la seda. Un truco infalible para no desesperar en cada intento y alcanzar el éxito. Atención, ha llegado la hora de desvelarte el misterio, lo que hará que nada de lo que te propongas se resista. Allá va.

El secreto para aprender está en disfrutar mucho e ir viendo aquello en lo que vamos fallando para ir corrigiendo. Cuando algo te resulta un rollo, se te vuelve pesado, interminable y acabas por dejarlo a un lado. En cambio, cuando te lo pasas pipa no hay nada que se interponga entre tú y tu meta.

Practica, comprueba qué sucede en la imagen final cuando aplicas lo que vas a aprendiendo, juega con las posibilidades hasta que lo comprendas, pero disfrútalo. Si un día te atascas, déjalo estar y vuelve en otro momento. Sin agobios, con una sonrisa en la cara, ¡no habrá quien te pare!

Hasta la próxima semana 

 

Cuando las Musas te abandonan

Cuando las Musas te abandonan

Enfrentarse a la falta de ingenio. Quedarse sin ideas. Sentir que estás repitiendo lo mismo una y otra vez, que te has quedado estancada y que no sabes cómo salir del paso, creo que es uno de los miedos más grandes que tenemos todos los que nos dedicamos a algún tipo de arte.

Es una sensación desagradable. Porque, seamos sinceras, lo que queremos cuando hacemos fotos es ser creativas sin fin, tener siempre grandes ideas y que esa máquina no pare nunca.

Pero la realidad es que cuando llevas un puñado de años haciendo lo mismo, es inevitable que esto suceda. Más si te metes en el plano laboral y tus trabajos están demasiado dirigidos por el cliente.

Así que, para poder seguir creando, tenemos que darle alimento del bueno a nuestra creatividad y que recupere su vitalidad habitual. Pero, ¿cómo?

Descubre nuevos fotógrafos… una y otra vez

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Seguramente cuando empezaste en esto de la foto, conociste a un puñado de fotógrafos de los que te hiciste mega fan. Les sigues en redes y no te pierdes una sola de sus publicaciones.

Eso es genial. Precisamente, en mis cursos siempre hablo de ver muchas fotos. Es una forma de aprender y educar a tu ojo.

Pero cuidado con esto. Pasarte la vida viendo los mismos contenidos puede provocar otro tipo de estancamiento. Y tú lo hacías precisamente con la intención contraria: inspirarte, descubrir nuevas formas de expresarte, oxigenarte la mente.

Así que te recomiendo que de vez en cuando veas cosas diferentes, incluso trabajos que no tengan nada que ver con el tipo de fotografía que tú realizas. Esto nos sirve para abrir más nuestra mirada e implementar cosas nuevas a nuestros propios trabajos.

No descartes observar el trabajo de fotógrafos de paisajes o de bodegones sólo porque no es tu estilo de fotografía. En esas imágenes vas a aprender mucho sobre la composición y sobre la luz, así que empápate de ellas también.

Pasea, observa y descansa

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Como el común de los mortales, he pasado también por épocas complicadas. Incluso de perder las ganas de hacer fotos.

Cuando me ocurrió me entró bastante miedo, la verdad. Pensaba que se había terminado y que no había vuelta atrás, como si se tratara de una relación. Se había vuelto monótono y aburrido.

Pero de pronto, alguien me dijo que dejara la cámara en casa y que saliese a caminar sin más: disfruta del paseo, no busques la fotografía, simplemente camina y observa. Y de repente me vi descubriendo rincones sin necesidad de hacer grandes viajes. Estaba todo muy cerca de mí, delante de mis narices, sólo que no era capaz de verlo.

Lugares por los que he pasado cientos de veces, se volvían de repente especiales y diferentes ante mis ojos. Descubrirlos con la luz de la mañana y con la tranquilidad de no tener que hacer o pensar en nada, me dio fuerza y energía para volver a cogerle el gusto a la fotografía.
Sólo necesitaba un descanso para entender que el problema era que me había saturado el cerebro, pero que la chispa seguía ahí, tan fuerte como siempre, y que no era necesario acabar con la relación 😀

Te recomiendo lo mismo. De vez en cuando, deja la cámara de fotos en casa sin remordimientos.
Cuando estamos empezando, lo normal es no despegarla de nuestro cuerpo y eso está bien. Lo necesitamos, nos apetece. Pero es cierto que con el tiempo esa sensación se relaja y ya está, no pasa nada por querer salir de casa sin ella de vez en cuando. Tu cámara no te lo reprochará.

Sal sin ella y deja que la vida te entre sólo por los ojos. Después de eso, te hará más feliz volver a mirar a través del visor.

Cualquier cosa es inspiración: 4 sugerencias para que no se te escape

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No olvides esto nunca. Todo lo que nos rodea nos inspira, toda la información que consumes cada día está ahí, registrándose de alguna forma en tu cabeza. Y cuando menos te lo esperes tomará forma y saldrá en forma de foto.

Leer, escuchar música o ir de conciertos. Salir por la ciudad, ver películas, hablar con otra gente. Absolutamente todo es susceptible de crear en tu cabeza una idea genial y una forma diferente de ver las cosas.

Así que mantén bien abiertos los ojos y no olvides registrar cualquier idea que se venga a tu cabeza.

Algunas sugerencias:

  • Lleva una libreta contigo y registra cada locura que pase por tu cabeza. Antes de tener mi libreta, he utilizado cualquier cosa que pillara a mano: una servilleta, el tique de la compra, la palma de mi mano (siempre tan recurrente). Pero lo mejor es tenerlo todo juntito y reunido en mismo lugar. Si además eres ordenada y capaz de poner pestañas a tu libreta, marcadores y códigos que tú entiendas, ya serías la caña.
  • O toma fotos con el móvil de aquello que ha llamado tu atención. Lo llevas siempre contigo (y lo sabes) así que, ¿por qué no usarlo también para tomar notas visuales? Es más rápido y también sugerente. Al ver la fotografía recordarás la idea, o la representación de lo que querías plasmar.
  • Crea un tablero en Pinterest, u otra aplicación visual de las mismas características, con todo lo que veas por ahí que parezca que quiere encenderte la bombilla. Esta idea está enlazada con la anterior. A mí Pinterest me parece tremendamente útil para capturar ideas de forma muy rápida. Creas tu propio tablero de ideas, y lo puedes hacer privado. Si la idea surge de internet, la tienes pillada con tan solo un clic a un botón, y si proviene de tus propias fotografías, con tan sólo 2 clics. Y al final lo tienes organizado y listo para ser consumido por tus musas de un solo vistazo.
  • Haz un audio contándote a ti misma lo que se te acaba de ocurrir. ¿Te da palo? Al principio sí, es un poco raro. Pero después es divertido escucharte. Incluso adictivo. De ahí a abrirte tu propio canal de YouTube hay un salto 😛 Sería como contarte a ti misma lo que se te está pasando por la cabeza. Más rápido que escribir y más natural, porque sueltas tus pensamientos sin que pasen por el filtro de la edición. .

Sea como sea, no lo dejes para más tarde o estarás propiciando que se te escape. Puede que ya entonces no lo recuerdes y acabas dándote cabezazos contra la pared.

Igual lo que necesitas es InspirArte

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La contrariedad surge cuando, a pesar de recoger ideas de todas partes, te quedas ahí sola dándole vueltas a la cabeza a algo sin que salga nada decente.

Y muchas veces el problema es precisamente ese, que nos limitamos a nosotros mismos.

Pero, ¿y si hicieras partícipe de la búsqueda de inspiración a otras personas? Comentarlo con un amigo, realizar un ejercicio en grupo, crear un debate.

Socializa. Saca a tu creatividad a dar un paseo y haz que conozca a otros. Lo que quiero decir es que con gente siempre es más divertido.

Esta es mi última sugerencia: analiza en grupo otras creaciones, comparte ideas y puntos de vista, juega a recrear una idea y para hacerla tuya, pero en compañía de otros buscadores de ideas como tú. Eso es precisamente lo que haremos próximamente en los cursos que forman InspirArte.

Serán 4 cursos enfocados a observar una creación que no pertenezca en exclusiva al ámbito de la fotografía tradicional, y su objetivo es que cuando finalices estos cursos seas capaz de analizar cualquier obra en busca de los rasgos, características y peculiaridades que la hacen única, para después saber llevarlos a tu terreno, a tu estilo e ideario.

El primero de estos cursos se apoyará en el Cine, un campo en el que la fotografía tiene mucho que decir y en el que tiene un papel crucial para el éxito de una producción.

¿Por qué nos fascinan unas películas más que otras?, ¿cómo logran transmitirnos ciertas sensaciones con sólo una mirada a un fotograma?, ¿cómo es posible que tenga grabada un imagen en mi cabeza a través de los años?

¿Quieres trabajar en grupo tu inspiración? Entonces echa un vistazo a InspirArte. Empezamos el día 24 de Octubre.

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