Cantabria con niños: Potes

Cantabria con niños: Potes

La primavera ha entrado con una fuerza arrolladora, y eso se traduce en paisajes increíbles, explosión de vida y muchas ganas de salir a disfrutar en familia de nuestra tierruca.

El pasado fin de semana celebramos el cumpleaños del padre de la criatura, y nos fuimos a celebrarlo a unos de los pueblos más emblemáticos y bonitos de Cantabria. Potes es un lugar mágico que te azota los sentidos con sus montañas y picos, calles empedradas, gastronomía contundente no apta para blandos y una bebida típica de las que te hacen escupir fuego: el orujo.

Nosotros, que somos una familia poco típica, nos fuimos a comer a un restaurante mexicano y el orujo no lo vimos más que en botellas que te encuentras en los portales de la calle principal. Eso sí, del empedrado disfrutamos un montón. Y del río, y del micro clima de este pueblo, que nos regaló un calorcito poco propio de un 23 de marzo.

 

Si venís a Potes con la familia, podéis disfrutar un montón sólo con pasear. Comer de restaurante no es obligatorio, de hecho nosotros la mayoría de las veces nos vamos con un bocata o una tortilla hecha en casa. Es un zona preciosa para buscar un prao y tirar una manta. Mirar al cielo y a las montañas y tirar piedras en el río.

Comer en Potes

Ya te lo he comentado antes, este lugar se caracteriza por las comidas tradicionales. El cocido lebaniego es el plato estrella. No importa si es verano o invierno, la cuchara aquí es la reina en los menús. También te puedes comer una buena carne, y disfrutar de quesos como el de Tresviso. Un queso picón que lo odias o lo amas ( a mí me encanta).

Nosotros, en esta ocasión, quisimos conocer un restaurante mexicano del que nos habían hablado muy bien. Se hace un poco raro ir a este pueblo a degustar comida de otro continente, pero teníamos ganas de la comida de este país, y nos pareció una ocasión perfecta para acercarnos a probarlo. ¡Y no fallamos!

Los nachos estaban muy buenos, aunque personalmente los he comido más ricos. Pero el resto estaba delicioso sin comparación que valga. Especialmente sus postres.

Un típico mousse de limón que nos flipa a toda la familia, una especie de crepes con dulce de leche (perdonadme las mexicanas que me leéis, no recuerdo su nombre) y una tarta 3 leches. Quisimos morir de placer con cada bocado. Compartir postres es bien, así comes de todo sin cargo de conciencia (o al menos no tanto cargo de conciencia).

 

El cumpleañero y el Señor Bajito dejaron su veredicto: “repetiremos”

El Señor del restaurante es majísimo. Preguntaba a Gabriel como a uno más (puede parecer una tontería, pero no todas las personas hablan a los niños y les preguntan su opinión como si contara). Y la pregunta final fue dirigida él además:

-¿Te ha gustado?

~ Mucho.

– ¿Volverás?

~ Sin duda.

¿Qué hacer en Potes con los niños?

En la comarca de Liébana hay mucho que ver. El monasterio de Santo Toribio, subir hasta Fuente Dé, y un sin fin de actividades en la naturaleza.

Si no tienes mucho tiempo, o si sólo quieres un día tranquilo donde lo importante sea la familia, puedes caminar un poco por las calles de este pueblo pequeño pero lleno de rincones preciosos.

A los más pequeños les encantará, sobre todo, pasea por el camino junto al río. Tirar piedras siempre gusta. Además, hay una zona libre de pesca siempre y cuando vuelvas a soltar al pez. Si os gusta esta actividad, traed caña.

También te puedes sentar en la plaza, charlar y dejar que ellos jueguen. A veces el mejor momento es cuando suceden cosas tan cotidianas rodeada de unas vistas impresionantes e imponentes.

 

Datos e información de interés

  • Las fotos que ves están hechas recién entrada la primavera. El paisaje cambia durante todo el año, así que puede que lo veas diferente cuando vengas. (Marzo 2019)
  • Para llegar a Potes, subirás por una carretera llamada La Hermida (la da nombre uno de los pueblos que encontrarás en el camino, que además tiene un famoso balneario. Es una carretera llena de curvas, junta a un río y entre montañas que harán que te pases el viaje con la boca abierta.  Actualmente la están arreglando y ensanchando para que sea más cómoda de transitar. (Marzo 2019)
  • En esta zona hay muchísimas rutas de montaña. Una muy famosa (yo la he realizado muchas veces a lo largo de mi vida) es la subida al pueblo de Tresviso. Es muy dura, pues se trata de subir constantemente para después bajar. Pero si os gusta la montaña, es muy recomendable. Puedes ver un vídeo espectacular a vista de dron aquí.
  • Si piensas venir, te recomiendo que lo hagas temprano, especialmente en temporada alta. Potes es un pueblo que suele albergar muchas ferias y actividades, además de ser un lugar muy turístico. Aparcar se puede volver complicado si llegas hacia la hora de comer.
  • El restaurante en el que comimos se llama Las mañanitas. Te dejo por aquí la información, por si te apetece contactar (te recomiendo reservar).

 

Nosotros pasamos un día precioso, y estoy segura de que si te acercas a este pueblo, lo disfrutaréis mucho también. Si lo haces, no dudes en escribirme y contarme vuestra experiencia. Y si lo haces, y quieres que os acompañe para recordarlo para siempre en fotografías, puedes escribirme a info@rebecalopeznoval.com , estoy a un click de distancia estés donde estás.

Nos vemos pronto.

Feliz día ♥

Recuerdos de un verano | Sesión de fotos en Cantabria

Recuerdos de un verano | Sesión de fotos en Cantabria

Ya hace casi un mes que el verano nos dejó, y aunque las temperaturas por aquí todavía son altas y nos permiten ir a la playa en algunos momentos, el sol ya no calienta de la misma forma. Los días son mucho más cortos, la rutina nos pone en realidad y el saborcito del verano se queda lejos.

Aunque siempre nos quedarán los recuerdos en la memoria, siempre es mejor tenerlos guardados en formato foto, por aquello de que la memoria algún día nos fallará.

Cuando una foto te permite volver a sentir, oler y reír de la misma forma, se produce magia.

La magia de la fotografía

Hace unos días, viendo fotos con el Señor Bajito, le preguntaba si al verlas era capaz de recordar todo lo que pasó alrededor de esa imagen. Si podía viajar en el tiempo con ella y recordar y revivir todo lo que pasó cuando hice click.

Me quedé un poco sorprendida cuando me dijo que sí. No sé por qué me asombró, la verdad. Si a mí me pasa, por qué no le iba a pasar a él. Quizás porque aún lo veo pequeño, aunque supongo que siempre lo veré así…

Pero sí, la fotografía tiene esa capacidad. Él se deleitaba viendo las fotos de nuestro viaje en familia a París, y disfrutaba recordando todo lo que vimos y lo bien que lo pasamos. Recordaba la casa en la que nos quedamos, y el espacio tan bonito que tenía hasta llegar a ella. Una especie de pasillo con puertas a otros hogares y espacios comunes llenos de vegetación que caracteriza tan bien a los franceses.

También recordamos lo cansado que estaba siempre de caminar por la calles de París, pero eso se lo recordé yo, no las fotos XD

¿No te parece un milagro? Que nos pasamos la vida queriendo parar el reloj, como buenas madres que somos, y resulta que tenemos una herramienta increíble para hacerlo. Para congelarlo y dejarlo así, quieto y sin moverse. A mí me fascina, y por mucho que haga fotos, no me acostumbro.

También me pasa con vuestras fotos. Cuando realizo sesiones y las veo de nuevo al cabo de unos meses, vuelvo a ese momento, a lo genial que fue pasar ese rato juntas, disfrutar de tus pequeñas criaturas, de reír y pasear.

Ser testigo por un momento de vuestro cariño, del amor que os tenéis, de los abrazos, de los besos.

Puedo volver una y otra vez a sentir la arena bajo los pies, oír el sonido del mar, sentir el calor, y escuchar las risas.

No es magia, es fotografía en estado puro, la que llega al corazoncito. Es fotografía documental.

Las risas de una tarde de verano

Y hoy me dio por viajar al pasado 15 de agosto. Un día festivo, con mucho calor y las playas hasta arriba. Liencres, una de mis playas favoritas, donde puedes pasar horas descubriendo dunas y rincones. Playa y ría más una puesta de sol increíble.

Belén y su familia viven fuera de Cantabria, pero les gusta venir en verano para pasar unos días. Disfrutamos de una tarde preciosa, de muchos juegos, de caminar por la playa y mojamos los pies. Muchas fotos y un álbum precioso es lo más tangible, pero también nos llevamos momentos preciosos, que gracias a la fotografía quedarán para siempre.

Y hoy te traigo esta sesión tan bonita. Yo aún escucho la risa del pequeño cuando las veo, y recuerdo una sesión de boda con novia a remojo incluida que nos encontramos al atardecer.

¿Qué recuerdos tienes tú de tus vacaciones en familia?

Me encantará leerte en los comentarios.

Y si quieres inmortalizar tus momentos más increíbles, no dejes de contármelo en un email, me encantará acompañaros ♥

El valor de los recuerdos

El valor de los recuerdos

Durante los últimos días, Facebook me ha recordado que hace 4 años realicé un viaje sin retorno. Uno de los más especiales que haya hecho nunca.

Comenzó siendo de trabajo, y terminó transformándose en la experiencia más enriquecedora para mí y, probablemente, para mi hijo hasta la fecha.

Hoy, 4 años después, estas fotos tienen mucho más valor que entonces y menos valor que dentro de 15 o 20 años, cuando las vuelva a ver y me refresquen la memoria devolviéndome las sensaciones de aquellos rincones y todas las anécdotas que nos sucedieron.

11 de mayo del 2014

Ya la fecha decía que iba a ser especial. Me iba de viaje el mismo día de mi cumpleaños. Lo hacía con mi hijo, que por aquel entonces tenía 4 años, y me marchaba 4 días a Dublín, a casa de la familia de Ana, a retratarles como nunca he retratado a nadie por trabajo.

Casi siempre realizo las sesiones en Cantabria y Madrid, pero en esta ocasión me desplacé a otro país para familiarizarme con sus rutinas, los rincones más especiales para ellos y poder crear recuerdos del hogar que habían creado allí.

Si te soy sincera, creo que es la mejor forma de hacer este trabajo. Colarme en tu casa, en las entrañas de vuestras vidas por unos días. Eso me permite conoceros, conectar y sacar las maravillas cotidianas que son las que de verdad queremos atrapar y recordar cuando pasa el tiempo.

A Ana la conocí en Madrid. La primera vez que la vi fue una explosión de energía positiva.

Ella me conocía porque estaba haciendo algunos de mis cursos en su formación de Asesora Continuum, pero yo no sabía nada de ella. Aunque su abrazo y su sonrisa me engancharon de inmediato.

Nos volvimos a encontrar en Madrid, al cabo de un tiempo. En esta ocasión cenamos juntas, con muchas otras mujeres. Y no paré de reír con sus historias y sobre todo con su manera de narrarlas. Lo próximo que supe de ella es que quería que fuese a su casa, que por aquel entonces estaba en Dublín, y retratar a su familia.

Maleta, cámara, y acción

Yo, que no necesito mucho para coger la maleta, compré el billete en un pis pas. Pero no sólo eso. Pensé que sería una ocasión excepcional para que mi hijo me acompañara y viviera la experiencia de un viaje de estas características. Sí, trabajo y familia, todo junto. Conciliación real, ¡qué cosas!

Y así nos plantamos en una casa preciosa en Dublín. Pero hoy no te voy a hablar de la parte de Ana y su familia, porque eso ya lo hice en otro post.

Hoy vengo a hablarte de mis recuerdos, de esos que me invaden cuando veo las fotos de su familia, pero también las del Señor Bajito.

¿Y sabes qué es lo primero que se me viene a la cabeza? La transformación tan grande que supuso para él y para mí este viaje.

Hasta la fecha, era un pequeño sensible y su necesidad de estar junto a mí era tan grande que a veces nos hacía sufrir a los dos. Pero este viaje juntos nos dio a los dos el permiso de estar unidos, uno al lado del otro, respetando nuestro espacio personal.

Fue el momento en el que comenzó a confiar en sí mismo y a soltar su manita. Puede que yo también lo hiciera, y eso le ayudó a él. Al fin y al cabo, este asunto es cosa de dos 😀

Verde Cantabria, verde Dublín

A nivel emocional fue increíble. Su conexión con el pequeño de Ana y con ella misma me dejó fascinada. Disfrutó tanto de estar con ellos, que yo misma lo gocé el doble.

Pero de este viaje me llevé muchas más experiencias.

Una que es de Cantabria y está acostumbrada al verde, cuando llega a Irlanda no se asusta ni se asombra. Pero sí reconocí que allí, el verde es más intenso, y tiene todavía más poderío. Lo envuelve todo, es salvaje, libre, y si le dejas se extiende por todas las superficies. Recuerdo la sensación de que invadía carreteras y casas. Me encantaba.

También me quedé enamorada de sus construcciones. Ahí sí que se diferenciaba de mi tierra. La piedra y lo celta están presentes en cada rincón.

¡Ah! Momento friki. ¿Sabes lo que me encantó de Irlanda? No sé si conoces esta faceta mía. Pero tengo predilección por los cementerios. Sí. Ya está, ya lo he dicho.

Pues los de Dublín me fliparon.

La nostalgia es un viaje en el tiempo

Mirar hacia atrás de vez en cuando es maravilloso. Encontrarte con estas fotos y recordar, viajar en el tiempo, detenerlo y congelarlo por unos momentos gracias a un trozo de papel (bueno, vale, o a una foto en la pantalla).

Retornar a los lugares en los que fuiste feliz, volver una y otra vez a esos momentos que son la vida y que forjaron la persona que ahora eres.

La fotografía permite ir atrás y volver al presente tantas veces como queramos.

No me digas que no te encanta bucear en los recuerdos de tu infancia. A mí me vuelve loca abrir el cajón de las fotos en el salón de mi madre y recordar.

Es cierto que el pensamiento recurrente de «cualquier tiempo pasado fue mejor» puede dejarte algo tocada. La nostalgia duele un poco en el corazón. Pero se me pasa pronto cuando me doy cuenta de que puedo seguir creando momentos como aquellos a partir de ahora.

Está en nuestra mano realizar nuevos viajes, organizar reencuentros, hacer nuestro día a día memorable, e inmortalizarlo todo con la fotografía es ahora más sencillo que nunca.

El valor de los recuerdos es incalculable.

 

Ideas para tu sesión de fotos: tarde de cine familiar y palomitas

Ideas para tu sesión de fotos: tarde de cine familiar y palomitas

Por lo general, soy una persona bastante propensa a la improvisación y a los impulsos (otros dirán que desorganizada, pero a mí me gusta más esta otra forma de verlo, que es más chic). Pero a veces me planifico y todo.

En ocasiones, elaboro una lista de posibles temas para escribir en el blog, y la cumplo.

Otras, como esta semana, me salto la lista a la torera porque, de pronto el tema que tenía pensado no me apetece, o porque el contexto cambia y entonces creo que a nadie le interesará leer sobre lo que tenía planificado.

Para hoy tenía la idea de rescatar un borrador que empecé hace algún tiempo, pero entonces se me antojó que no era el momento, que me latía más escribir sobre otros temas, y uno de ellas es “planes en familia”.

Porque aquí hablamos de momentos para recordar, y crearlos es lo primero, ¿verdad? E insisto que son los cotidianos, esos que parecen más normalillos, los que al final son los que más añoramos.

Este fin de semana volvió el frio, la lluvia a tiempo completo y, con todo ello, las ganas de manta y sofá. Con este panorama, flota una pregunta en el aire. ¿Qué hacemos con los niños si afuera no se me puede aguantar?

Niños encerrados en casa durante tantas horas seguidas… ¿qué cunda el pánico? Ni hablar.

Existe un mundo mágico que podemos compartir adultos y peques, hipnótico, divertido y familiar, que es capaz de silenciar todos los “me aburro” y “qué rollo”: el cine.

Palomitas y peli: el plan infalible para pasar una tarde con tus hijos

En nuestra casa, que además sólo hay una criatura, estas tardes en las que parece que no hay nada que hacer, la situación se vuelve un poco más… no voy a decir intenso, porque con dos o tres o los que sean lo sería mucho más. Pero los momentos de aburrimiento están más que garantizados.

Ser hijo único tiene sus pros y sus contras, como todo en la vida, y no tener con quién compartir juegos y tiempo libre (a veces) se hace un poco pesado.

Así que estos días caseros, los pasamos como podemos. Unas veces con más alegría y actividad variada, y otros más de sofá, palomitas y peli. Cuando el clima se pone en nuestra contra, esta última opción es la mejor.

Empezamos involucrándonos todos a la hora de elegir la película que veremos. Después, viene el ritual: preparamos el picoteo (las palomitas son indispensables), nos sentamos cada uno en su sitio del sofá, nos colocamos la manta, nos ponemos cómodos.

Móviles fuera. Llega el momento de darle al play y el “silencio” sagrado cuando comienza la película. Que después se rompe con risas, preguntas, comentarios… ¡es inevitable! Pero muy divertido, porque es algo que no podrías hacer en un cine. Pero estás en tu casa, a las mil maravillas.

¿No te parece un momento perfecto para fotografiar?

Hace unas semanas, en una situación parecida a esta, pregunté en Instagram por películas para ver en familia con el señor Bajito, y resulta que salieron un montón de ideas interesantes.

Así que pensé que sería genial utilizar todas esas sugerencias y traerlas aquí, para guardarlas en el blog y poder consultarlas cuando las necesitemos.

39 películas para ver con tu hijo de 8 años

Tengo que decirte, que nosotros finalmente, vimos una película que ya hemos visto varias veces, pero que nos encanta: Lorax, en busca de la trúfula perdida. Si no la has visto aún, no te la pierdas, porque es muy bonita.

Ahora te dejo con las recomendaciones que nos sugirieron el resto de mamis y de las que estoy segura que veremos muchas (otras ya las hemos visto). La gran mayoría son películas aptas para todos los públicos, pero ten en cuenta que esta lista es para niños mayores de 7 años, por lo que siempre te recomiendo que ante la duda compruebes su calificación por edades:

  1. La trilogía de Regreso al futuro.
  2. El viaje de Chihiro
  3. El castillo ambulante
  4. Porco Rosso
  5. Los Goonies
  6. E.T., el extraterrestre
  7. Eduardo Manostijeras
  8. Héroes
  9. Billy Eliot
  10. Cuenta conmigo
  11. ¡Canta!
  12. La carrera del siglo
  13. Gru, mi villano favorito
  14. Zootrópolis
  15. Del revés (inside out)
  16. Up
  17. La historia interminable
  18. El mago de Oz
  19. La princesa prometida
  20. Kubo y las dos cuerdas mágicas
  21. Los mundos de Coraline
  22. Laberinto
  23. Cristal Oscuro
  24. Charlie y la fábrica de chocolate
  25. Indiana jones
  26. Jumanji (la de 1995)
  27. Los niños lobo
  28. Entrelobos
  29. Mi vida como un perro
  30. Kauwboy
  31. La saga de Star Wars
  32. Cualquier película de Tintín
  33. Karate kid
  34. Las películas de los Minions
  35. El fantástico Sr. Zorro
  36. Annie
  37. Zathura, una aventura espacial
  38. Mi amigo Totoro
  39. Cazafantasmas

Estas son las películas que me recomendaron en su momento, pero seguro que a ti se te ocurren otras tantas.

Por ejemplo, me acaban de chivar otras dos:  Ga’Hoole: La Leyenda de los Guardianes, y Cómo entrenar a tu dragón.

¿Conoces alguna otra?

Los momentos se crean

Eso de quedarnos en casa con los peques muchas veces nos da un poco de ansiedad, pero lo cierto es que es en casa donde se crean la mayoría de momentos que recordaremos en unos años.

En el hogar, al calorcito, con la seguridad de mamá y papá cerca, estamos en un ambiente que conocemos y reconocemos como nuestro. Son pedacitos de la historia de nuestra familia, de cómo pasamos el tiempo juntos y disfrutamos de nuestro hogar.

¿O no te acuerdas tú de esos momentos en los que veíais la tele en familia? Cuando jugabas con tus padres, tirados en la alfombra de casa. Cuando te preparaban la merienda. Cuando se inventaban historias para ti y te las contaban una y otra vez.

Momentos sencillos que más adelante evocaremos con nostalgia y agradeceremos poder recordar con toda la nitidez de la que seamos capaces.

Me encantaría conocer cuáles son los recuerdos que tienes de tu casa, con tu familia, cuando eras niña. ¿Los compartirías conmigo en comentarios?

Por cierto, si te gustan este tipo de post en el que cuento mis planes y puedo darte ideas tanto para ti como para realizar actividades con tu familia, dímelo o callaré para siempre ?


5 consejos para elegir correctamente a la fotógrafa de tus sueños y amar por siempre sus fotografías

5 consejos para elegir correctamente a la fotógrafa de tus sueños y amar por siempre sus fotografías

Muchas personas me preguntan por qué no llevo a mi hijo al pediatra que le corresponde y voy a otro centro de salud diferente, teniendo más cerca el que nos toca por zona.

También me preguntaron en su día por qué llevaba a mi hijo a un colegio que está a 30 minutos de nuestra casa en coche teniendo buenos coles a 10 minutos caminando (esto tiene especial peso en una comunidad pequeña, donde los recorridos tan largos no se conciben si no es para irte de fin de semana como mínimo). Se entiende menos cuando el cole es público y ni siquiera pago por ir.

Por supuesto, también me preguntaron por qué me fui a Barcelona a tatuarme, que si en Cantabria no había buenos tatuadores, que me tenía que ir a 700 kilómetros para hacerme un cactus.

La respuesta es sencilla: si sé que existe lo que quiero, que me gusta, que me toca la fibra, que está acorde con mis valores y mi estilo, ¿por qué voy a conformarme con lo primero que veo, lo fácil, lo que escoge todo el mundo, sólo porque está ahí? La resignación no va conmigo.

De lo bueno, busca siempre lo mejor, también en fotografía

Siempre he sido inconformista, es una característica muy mía. Si conozco algo extraordinario, lo bueno me parece insuficiente.

Me pasa con todo. A veces no me queda más remedio que ceder a regañadientes, cuando las circunstancias aprietan y mandan. Pero si hay una mínima posibilidad de conseguir lo que deseo, ¿por qué voy a renunciar a ello?

Si hay que ahorrar, se ahorra. Si hay que madrugar, se madruga. Si hay que pillar un avión, se pilla. Y si hay que esperar un año, pues se espera. Pero ya no me contento con menos.

Piénsalo. El otro camino sería más sencillo, pero no sería el tuyo. Al final, ¿estarías a gusto con el resultado sabiendo que existía una posibilidad que te lo daba todo?

En fotografía ocurre lo mismo. Si conoces el trabajo de un profesional que te enamora, que hace exactamente el estilo de fotografía con el que te sientes identificada, ¡ve a por él! Seguramente, él o ella te estará también buscando. Tú eres su clienta extraordinaria, de lo bueno, la mejor.

Cuando este encuentro sucede, saltan chispas, aquí y en cualquier sector. Hay feeling, entendimiento, energía que fluye. Llámalo como quieras, pero el resultado es un trabajo que se sale de lo normal. Y te diré una cosa: no te mereces menos.

Te pongo un ejemplo: mi experiencia con el tatuaje (y la tatuadora) no ha podido ser mejor, y te cuento por qué.

Cuando el trabajo de una persona te vincula con ella

Sabes de sobra que soy una persona muy emocional, me muevo desde dentro y si algo no me hace dar saltitos de alegría, es que no es para mí. Necesito sentir ese regocijo por dentro, ese pellizco que te hace vibrar y que surge cuando estás ante algo que está hecho para ti. Lo sabes, lo percibes, es algo instintivo.

Y eso me pasó cuando conocí el trabajo de Mónica Sampietro. Sus tatuajes se salen de la norma. Los trazos, el relleno, su forma de trabajar, es una puta pasada (siento la palabra malsonante, pero necesitaba ponerla para que entiendas la intensidad que tiene su trabajo en mí). En cuanto vi su trabajo, supe que lo quería.

Me iba a tatuar por primera vez, era algo que llevaba pensando meses y cuando encontré a la persona adecuada para hacerlo, ¡sorpresa! No había quien contactara con ella por la agenda que tenía. Cuando la abría, se llenaba en 10 minutos literalmente.

Era el horror, todo parecía indicar que era imposible conseguirlo. Pero mi cabezonería y la certeza de que no podría dejarme tatuar por nadie más, hizo que insistiera.

O ella o nadie, así de sencillo. ¡Me iba a pintar la piel para siempre! Necesitaba que me lo hiciera alguien que me causara precisamente esta locura. Necesitaba que quien me tatuase por primera vez fuera alguien a quien yo admiraba profundamente y que cada vez que viese un diseño suyo me hiciese desearlo con todas sus fuerzas. No había más posibilidades.

Cuando un estudio de Barcelona anunció que Mónica empezaba a tatuar allí, les escribí de inmediato. Y al cabo de unos días, y para mi gran sorpresa, me respondieron. Juan, su dueño, me llamó un domingo para agendar mi cita con Mónica. ¡Lo había conseguido! Me iba a ir a Barcelona y me iba a tatuar con ella.

Tras año y medio intentándolo, créeme, esto es para saltar de alegría y no parar. Locurón máximo.

 

¿Cómo es trabajar con alguien a quien admiras?

Abre bien los ojos porque te voy a contar un secreto: todos los profesionales buscamos al cliente ideal. Piensa en cualquier sector que puedas imaginar: fruta, zapatillas, pinchos caseros. Da igual. Todos y cada uno de nosotros te estamos buscando con tanta intensidad como tú buscas al profesional perfecto para ti.

Trabajar con alguien a quien admiras tanto es tan intenso como cuando encuentras a una persona que acude a ti, por tus servicios, y conectáis. Tú estás deseando trabajar con ella, y ella quiere trabajar contigo. 

De ahí sólo puede salir algo increíble. Las energías se juntan, la creatividad fluye y lo sería un servicio más, se transforma en la mejor de las experiencias.

Cuando Mónica terminó mi tatuaje, me preguntó: ¿cómo te sientes llevando un tattoo? A lo que yo le contesté: No llevo un tattoo, llevo una obra de arte en mi piel.

Y así surge la magia, así es como te llevas experiencias vitales de las que disfrutas el resto de tu vida.

Trabajar con quien admiras se hace sencillo y emocionante. Es como hablar con alguien a quien conoces toda la vida: te entiende, se pone en tu situación, hay respeto mutuo.

Cuando yo soy la que tatúa

Ay, amiga. A veces también me toca estar en el otro lado. A veces soy la persona a la que otra elige para llevarse sus recuerdos grabados en papel. La energía es la misma pero en distinta dirección.

Conectar para poder narrar el momento que estás viviendo. Es lo que le da sentido a mi trabajo, y es lo que me mueve cada día. Y eso sólo lo haces posible tú.

Hacer fotos a mujeres es lo que últimamente me hace vibrar más. Y cuando hay vínculo entre la mujer que retrato y yo, es emocionante.

Las fotografías recogen un momento valioso para ti. Son tus recuerdos más preciados, así que intenta escoger bien a la fotógrafa que va a encargarse de ellos. ¿Cómo saber si estás ante la persona adecuada para hacerte tus fotografías?

    • Mira con detalle su trabajo: observa otras fotografías que ha hecho para saber si es tu estilo. Quizá tengas ya una idea muy clara de lo que quieres, o preferencias con el color, la luz, un estilo más clásico o muy fresco… Antes de dar el paso, cerciórate de que el fotógrafo realiza la clase de fotografía que tú estás buscando.  Cuando observas su trabajo, ¿te imaginas siendo la protagonista de sus fotos? ¿Comparte tus valores y tu forma de entender la fotografía? Si tu respuesta es afirmativa, sigue con el siguiente paso.
    • Analiza cómo se expresa en su web, en su blog, en las redes: detrás de cada profesional hay una persona, nunca lo olvides. ¿Sientes que podrías entenderte con ella? ¿Que utiliza tu lenguaje y va a ser sencillo mantener una conversación? ¿Estáis en sintonía? ¿Sí? Pues adelante, sigue idagando.
    • Si has encontrado a alguien que te gusta, pero no se encuentra en el lugar donde vives, pregúntale si contempla la posibilidad de desplazarse antes de tirar la toalla. Si el fotógrafo siente que tú eres la clienta perfecta, seguramente no le importará tener que moverse. Eso sí, piensa que eso generará más gastos que se añadirán a su presupuesto inicial.
    • Si no tiene las tarifas publicadas en su web, pregúntale por ellas para saber si su trabajo se ajusta a tus posibilidades actuales. Pero, por favor, esto te lo pido de corazón, no intentes regatear el presupuesto que te dé porque cuesta un mundo ponerle precio a tu trabajo, y cuando lo haces, es el que es por una razón y en esa cifra final van incluidos numerosos aspectos. Si te encanta el trabajo de esa persona pero ahora mismo no puedes permitírtelo, puedes preguntarle por métodos de pago a plazos o, sino, quizá esperar un momento en el que estés más holgada y no te suponga quedarte tiesa de dinero.
    • Habla con el fotógrafo antes de tomar una decisión, aunque su trabajo te enamore. Una conversación con él/ella despejará cualquier duda que tengas sobre si es tu profesional ideal. En esa conversación podrás plantearle los puntos que sientes que son más sensibles, aquellos que te preocupan especialmente. Verás cómo se expresa, si te escucha. En definitiva, si la conexión que sentiste al ver su trabajo es real o sólo fue una ilusión. Después de esa conversación, ¿sigues sintiendo cosquillas en el estómago o en la piel? ¿Es como si esa persona supiera qué necesitas sin necesidad de demasiadas explicaciones? Ya no dudes más, es tu fotógrafo.

Indaga, compara y pregunta, que hablando se entiende la gente. Pero no dejes en manos de cualquiera tus recuerdos. Antes de tomar la decisión, piensa bien si la persona elegida va a saber capturar tu momento de la manera en que quieres.

Te mereces fotografías realizadas con mimo, que te emocionen, y que toda la experiencia de la sesión sea inolvidable. Como un tatuaje 😉

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Abrir chat
Cuéntame qué necesitas.