Ser hijo de mamarazzi es muy duro

Ser hijo de mamarazzi es muy duro

¿Cómo actuar cuando quieres fotografiar a tu niño y él no está por la labor? La gran cuestión.

Tienes varias opciones. Una de ellas es transformarte en Hulk y arrasar con todo hasta alcanzar tu objetivo. Pero eso agota la paciencia y acaba con los nervios de cualquiera. Otra de las opciones es calmarse y ponerse en el lugar del niño.

Quizá no habías reparado en ello antes, pero es duro ser hijo de una aficionada a la fotografía que te venera y quiere conseguir una imagen de cada gesto que haces, cada risa que te echas o cada mirada que le dedicas.

Y si no, que se lo pregunten a los niños de alguna de ellas (o de nosotras, más bien 😛 )

El Señor Bajito podría dar una conferencia sobre este tema, y las ponencias principales podrían ser:

  • Tácticas para escabullirte de la cámara
  • Cómo cambiar de tema de forma sutil y adorable para que no te regañen cuando no quieres sacarte una foto
  • Trucos para hacerte el dormido y que no se de cuenta de que sabes que está fotografiando tu siesta

Sería todo un éxito.

A punto de empezar una nueva edición del curso Héroes: fotografiando la infancia, me aplico mi mejor consejo: si tu hijo no quiere fotos, no se las hagas.

Y es que a veces no tienen ganas. Es sencillo. Además, aquí se aplica una regla proporcional que llevada al extremo puede acabar en desastre: cuanto más insistimos, menos ganas tienen. No falla.

Es natural. De hecho ocurre exactamente lo mismo en el sentido contrario. A veces soy yo la que está desganada y no me apetece participar de otras cosas que él me propone. Así que es entendible.

En mis cursos siempre digo que si esto ocurre, que respetemos su decisión. A veces nos da un poquito por saco, no te voy a mentir. Pero piensa en esto: ¿qué consigues presionando a tus hijos para obtener una fotografía?, es decir, imagina que al final lo logras y salen pulcros, bien peinados y se están quietos para la cámara, ¿qué clase de imagen te saldrá? ¿De verdad es esa foto la que quieres conseguir?

Respetar sus tiempos.

Yo este fin de semana me sentí muy frustrada cuando le pedí al Señor Bajito nuestra foto semanal para I Love Mom, y él me dijo que no le apetecía.

Claro, yo estaba que rabiaba. Tenía un email que enviar, ya debía el de la semana anterior y le necesitaba a él para esta tarea. Pero pronto me relajé y pensé que si esto iba a servir para que nos enfadásemos, no tenía ningún sentido. Así que cuando él me preguntó si me enfadaba, le dije que estaba un poco disgustada, pero que no pasaba nada, que lo entendía.

Ayer lunes, le pedí que si podíamos hacerla. Le recordé que era importante para mí, para mi trabajo. Que además, es nuestro momento semanal y que me gusta crear esos recuerdos con él. Porque él tiene muchas fotos solo, incluso con su padre. Pero conmigo tiene muy poquitas, y esta vez me hace ilusión hacer este trabajo con él. Ya lo vive de otra manera, se hace mayor, y quiero atesorar esos últimos coletazos de infancia para siempre. Porque dentro nada  (bueno, ya sé que aún queda un poco, pero esto pasa volando, y lo sabes) estará cambiando su voz, y su cuerpo dejará de ser redondito y achuchable. Y lo que es peor, ¡¡no dejará que lo achuche!! Mi discurso funcionó.

Lo entendió, comprendió mis motivos y, al relajarse, lo que empezó siendo una idea aburrida de mamá que otra vez quiere sacarme fotos, terminó siendo un juego con muchas risas. Nos lo pasamos genial, nadie se enfurruñó y todas las fotografías que obtuvimos salieron naturales, alegres, sinceras.

 

Toda esta reflexión es lo que me ha traído hasta aquí y lo que ha hecho que nuestra relación con la cámara sea especial. Porque no es la primera vez que esto me ha ocurrido.

Desde que respeto sus ritmos y converso con él hasta que los dos llegamos a un punto de entendimiento, todo funciona mucho mejor. Y en esto de hacer fotos, también.

Si no presionamos, es más fácil que la amistad no se estropee por largas temporadas y consigamos hacer fotos reales de momentos únicos.

Así que, mamarazzi del mundo, dejemos nuestra versión Hulk para otras ocasiones en las que sí es importante que saquemos nuestra vena peleona, y vamos a intentar relajarnos con la fotografía, ponernos más en su lugar para que todos disfrutemos del acto de fotografiar.

Feliz semana ♥

Yo aprendo, tú aprendes, todos aprendemos

Yo aprendo, tú aprendes, todos aprendemos

Hubo  un tiempo donde el Señor Bajito no quería aprender.

Decía que nanay, que tararí. Se negaba de forma rotunda. Yo le decía que eso era imposible, que cada cosa en la vida era un aprendizaje y aunque no fuese intencionado o aunque no nos diésemos cuenta, el aprendizaje estaba (y está) ahí con nosotros.

Nos constó un tiempo que se sintiese a gusto aprendiendo (ahora hablo del aprendizaje reglado, el del cole), pero lo medio conseguimos.

Y el otro día me soltó una frase célebre mientras comíamos él y yo con Tere y conversábamos sobre varios temas: Yo ahora mismo estoy aprendiendo, no sé el qué, pero algo estoy aprendiendo, dijo.

Tere y yo nos quedamos muertas y yo, como te estarás imaginando, feliz por saber que el mensaje había llegado.

Y es que para mí es importante que disfrute aprendiendo, que quiera hacerlo de verdad y que se dé cuenta por sí mismo de cuánto le beneficia.

Yo aprendo

A mí el aprendizaje reglado tampoco me gustó nunca. Encuentro un sinsentido esa forma de aprender tan rígida. El memorizar para aprobar, sin comprender de verdad, no va conmigo. Pero como todo hijo de vecino, pasé por ello. Eso sí, menos tiempo del que mis padres hubiesen querido 😛

En cuanto aparqué los libros (los de la enseñanza reglada), me volví una super fan de leer y hacer cursos de todo lo que me interesaba. Descubrí que me encantaba aprender.

Desde entonces, disfruto de las formaciones que elijo, con profesionales que escojo. Es algo que me fascina. Escuchar a la gente que admiro, oír sus historias, cómo empezaron, por qué… En definitiva, empaparme de sus experiencias y disfrutar de su saber hacer.

Este fin de semana fue uno de esos grandes momentos gracias a Magdalena Berny, así que estoy emocionada. Nada recarga tanto las pilas para seguir currando, que una dosis de aprendizaje con una gran profesional y rodeada de grandes compañeras.

Tú aprendes

Me encanta irme de formación, porque siempre traigo nociones nuevas, que luego doy forma para integrarlas en mi propio proceso.

Es un camino apasionante.

Recoger información y transformarla para adaptarla a tu vida, a tu trabajo, a tu filosofía. Así que hoy, que doy el pistoletazo de salida de Héroes: fotografiando la infancia, me encuentro entusiasmada, porque sé que en esta edición, voy a poder aportar conocimientos nuevos para las mamás que se adentren en el curso con ganas de aprender.

Todos aprendemos

El post de hoy es un llamamiento para que sigas adquiriendo conocimientos, transmitiéndolos, disfrutando de la vida y de tu familia con los ojos muy abiertos.

Cada día que pasa aprendemos algo nuevo. De forma constante y continua, pero sólo unos pocos son capaces de percibir esas enseñanzas e asumirlas.

Por mi parte, te mando la última invitación para que hoy podamos conocernos en la primera clase de Héroes, que además es GRATUITA y en la que, aparte de aprender, tendremos la oportunidad de charlar juntas un rato. ¿Te vienes? Yo estoy deseando conocerte 🙂

Ahora sí, te dejo con la dosis de fotos de esta semana. Algunas de las fotos que salieron de esta increíble formación de la mano de  Magdalena Berny.

Hasta la próxima semana, o hasta esta misma noche si te apuntas a la CLASE DE HÉROES para seguir aprendiendo fotografía  ♥

 

Estos sí son los momentos más importantes de tu vida

Estos sí son los momentos más importantes de tu vida

En cuanto a celebraciones se refiere, crecemos pensando que el día de nuestra boda es el más importante de nuestras vidas. Lo preparamos con mucho tiempo de antelación, mimamos cada detalle, tiramos la casa por la ventana.

Cumpleaños, bautizos, nocheviejas. Toda la vida celebrando (y asistiendo a) situaciones y momentos especiales, pero al final, las bodas son las que se llevan el puesto número uno de la planificación e inversión.

Y sí, es un día de alegría y de compartir con el resto, no me entiendas mal. Pero sinceramente, para mí no fue el día más importante de mi vida.

Es verdad que nunca he sido fan de estas celebraciones y que en mi caso, por cómo somos, fue un mero trámite burocrático sin más, un contrato entre mi compañero y yo. Porque a la hora de formalizar papeles, era más sencillo así, básicamente.
Para nosotros, la celebración de una boda tradicional nunca fue una necesidad; tan sólo se trataba de hacer oficial lo que ya sabíamos: que seríamos un equipo, compinches de vida, y que eso es así porque nos queremos.

Si lo pienso, con honestidad, tengo que decir que hemos vivido muchos más momentos al margen de ese que de verdad eran importantes para nosotros.

Y para ti, ¿cuál sería el momento más valioso de todos cuantos has vivido?

El más importante de todos

Si me preguntas cuál es el momento más importante, creo que no sabría decirte uno sólo. Pero sí creo que los dos, mi compañero y yo, coincidiríamos en que en todos, o en casi todos, El Señor Bajito está presente.

Mientras escribo este artículo, recuerdo la sensación que me invadió cuando me enteré de que estaba embarazada. Incredulidad, miedo, alegría y dosis enormes de responsabilidad se apoderaron de mí. Llevábamos algunos meses buscando el embarazo, pero cuando por fin llegó, la noticia nos inundó de sorpresa por todo lo que provocó en nosotros.

Sentir la vida en mi interior ha sido una de mis mejores experiencias. Me encantaba estar embarazada, aunque había momentos cansados  e incómodos, en general fue lo más increíble que he hecho en la vida.

Parir. Acción brutal que no disfruté todo lo que quería, pero que sin duda me hizo mucho más consciente de mí y de mis capacidades.

Amamantar, portear, ver crecer a mi hijo… Sin duda son vivencias maravillosas y todas merecen ser inmortalizadas.

El tiempo no vuelve

Creo que te lo he contado alguna vez. Cuando estaba embarazada quería hacerme fotos, fotos bonitas, recordar ese momento para siempre, disfrutar de esa enorme barriga. Pero al final no lo hice y me arrepiento. No sabes cuánto.

Ahora, con cada sesión de embarazo que hago, me quito un poco de esa espinita que tengo clavada.

Porque los años no vuelven, pero veo la sesión de embarazo de María acompañada de su hija Lucía y la felicidad que desprenden, la manera en la que interactúan, hacen que me reconcilie con el tiempo.


Pienso en lo bonito que habría sido tener algo parecido de mi propia experiencia pero canalizo mi nostalgia a través de lo que ellas me muestran: ternura, complicidad y mucha diversión. Siento que las estoy ayudando a preservar su momento, uno de los más importantes de verdad, y eso me hace sentir realmente bien.

Esta es una de mis sesiones favoritas de cuantas he realizado. Estas chicas me encantan, ¡qué te voy a decir!

¿Y después?

Después nació un precioso bebé llamado Lucas. Ya tiene 6 meses y ha venido a regalarme más instantes preciosos al estudio este pasado sábado.

Me encanta verles juntos, capturar sus miradas, las muestras de cariño y lo preciosos que son.

 

Si en tu vida hay varios momentos destacables, ¿por qué sólo te vuelcas en uno?

A lo largo de los años tienes experiencias increíbles que, seguramente, te gustaría recordar más adelante, ¿verdad?

Ahora mismo se me ocurren un puñado: las construcciones con el juego de Lego que se marca el Señor Bajito, los fines de semana que pasamos en Coo y cómo nos sentimos cuando desconectamos de todo allí, las reuniones en casa de los amigos (las risas que nos echamos, las charlas sesudas que de tan filosóficas y enredadas acaban siendo absurdas, lo a gusto que nos encontramos todos juntos).

Hay un sinfín de pequeños momentos que lo son todo para nosotros. Y normalmente no necesitan de planificación, ni banquetes ni grandes festejos.

Te animo a que medites un poco sobre esto, que cojas tu cámara y te dejes llevar por lo que sucede a tu alrededor. Están ocurriendo acontecimientos maravillosos cargados de significado que son tan valiosos como escurridizos.

Esa mirada cargada de luz, una sonrisa a la que ya le falta un diente de leche, el modo en el que pronuncia “mamá”. Ese dibujo que te acaba de hacer. La asombrosa manera en la que te levanta un mal día. ¿En verdad no son éstos los momentos más importantes de la vida?

¿Por qué mis fotos salen borrosas?

¿Por qué mis fotos salen borrosas?

Se han dado dos factores, cual alineación de planetas, y de ahí ha nacido esta entrada.

De un lado, que en nada comenzamos una nueva edición del curso de iniciación a la fotografía, Fotografía desde cero, y estoy ya organizando todo. Son clases intensas, llenas de un montón de conceptos, y estoy tan metida en su preparación que ya tengo el espíritu de los maestros calado hasta los huesos.

Del otro, que por vuestros comentarios y mensajes, sé que a muchas los Reyes Magos os han traído cámaras nuevas pero que todavía no sabéis manejarlas del todo bien. También sé que muchas tenéis cámara desde hace tiempo, pero que la mantenéis dentro de algún cajón por miedo a que os explote entre las manos si tocáis algo que no debéis.

Se han juntado ambas vertientes y como resultado, he estado pensando en cómo podía ayudar con el tema de las nuevas cámaras y esa sensación de no saber por dónde empezar con ellas, y he llegado a la conclusión de que lo que más se suele preguntar y lo que más dolor de cabeza nos da al principio es el enfoque.

Así que aquí me planto yo con todos mis bártulos para hablarte de los distintos problemas que puedes tener a la hora de hacer tus fotos y que salgan bien enfocadas y cómo puedes hacer para que no te pase nunca jamás.

Y al final de la entrada, te desvelo el mayor de los secretos que hará que asimiles esta y otras lecciones. Empezamos.

La cámara o tú, ¿quién tiene las riendas?

La mayoría compramos una cámara réflex pensando que va a ser la solución a todos nuestros problemas, que nuestras fotos van a mejorar por el mero hecho de tener una cámara más grande, con más y mejores objetivos… Pero la realidad nos da en todo el morro cuando con esa super cámara las fotos tampoco nos quedan bien, salen movidas, desenfocadas y no sabemos por qué. Bien, pues yo te lo voy a decir: las fotos no las hace la cámara, las haces tú 😉

No pasa nada, todas hemos pasado por eso, de verdad, y tiene solución. Eso es lo bueno y es en lo que te tienes que centrar.

En realidad, lo único que tienes que hacer es coger la sartén por el mango y tener el manual de la cámara cerca de ti, siempre. Verás qué pronto la cosa mejora.

Nunca más una foto desenfocada

El desenfoque se puede deber a varios factores, vamos a ir desgranando algunos que son sencillos de corregir.

  1. Los puntos de enfoque. ¿Sabes esos puntos que ves a través del visor superpuestos? Esos son los puntos de enfoque. El número varía mucho de unas cámaras a otras pero lo importante, como siempre, es optimizar lo que hay. Por defecto, la cámara está configurada para que se activen varios puntos cuando enfocas. Lo primero que tienes que hacer es configurarlo para que sólo enfoque con uno de esos puntos. ¿Cómo se hace? Esa respuesta la tendrás que buscar en el manual, porque varía mucho de una cámara a otra. Una vez que tienes configurado un sólo punto de enfoque, estás lista para decirle a la cámara dónde quieres enfocar. Ya nunca más la cámara enfocará donde le dé la gana, ¡bien!
  2. La distancia al sujeto u objeto enfocado. El enfoque varía según la distancia a la que te encuentres del sujeto u objeto que quieres enfocar, por eso es muy importante que esa distancia no cambie durante el enfoque. Cuando apretamos el obturador (botón de disparo) hasta la mitad, normalmente lo que sucede es que enfocamos. Después tenemos que apretar hasta el fondo, para hacer la foto. En ese intervalo, no podemos perder esa distancia (puede suceder porque el sujeto se mueva, o nos movamos nosotros ligeramente), porque de lo contrario, nuestra foto no saldrá bien enfocada.
  3. La velocidad de obturación. Muchas veces las fotos no es que salgan borrosas, es que salen movidas. Esto se debe a que la velocidad es insuficiente para lo que estás fotografiando. Para subir la velocidad tendrás que ver en tu manual (otra vez) cómo hacerlo. Aunque ya te adelanto que no siempre podrás hacerlo, o que tendrás que tocar otras cosas, para poder subir la velocidad. En todo esto profundizamos en “Fotografía desde cero“, porque necesitas conocer otros conceptos y cómo se relacionan unos con otros. Pero lo importante aquí, es que sepas que lo que falla es la velocidad, y no el enfoque. Por lo que en la mayoría de los casos en los que sucede esto, lo que necesitarás será más luz.

El secreto para aprender

Esto de enfocar, en principio, puede parecer una de las cosas más sencillas, pero casi siempre es lo que más quebraderos de cabeza da al principio. Aunque te animo a que continúes. Es algo muy mecánico, y  pillarle el punto es cuestión de practicar.

Pero si te da flojera esto de ejercitar hasta asimilar la técnica, te diré algo. Hay una clave que hará que todo vaya como la seda. Un truco infalible para no desesperar en cada intento y alcanzar el éxito. Atención, ha llegado la hora de desvelarte el misterio, lo que hará que nada de lo que te propongas se resista. Allá va.

El secreto para aprender está en disfrutar mucho e ir viendo aquello en lo que vamos fallando para ir corrigiendo. Cuando algo te resulta un rollo, se te vuelve pesado, interminable y acabas por dejarlo a un lado. En cambio, cuando te lo pasas pipa no hay nada que se interponga entre tú y tu meta.

Practica, comprueba qué sucede en la imagen final cuando aplicas lo que vas a aprendiendo, juega con las posibilidades hasta que lo comprendas, pero disfrútalo. Si un día te atascas, déjalo estar y vuelve en otro momento. Sin agobios, con una sonrisa en la cara, ¡no habrá quien te pare!

Hasta la próxima semana 

 

Quiero aprender a hacer mejores fotos a mi hijo

Quiero aprender a hacer mejores fotos a mi hijo

Esas fueron las palabras que busqué en Internet cuando empecé en esto de la fotografía.

Las escribí así, a piñón, formulando mi deseo, porque eso era lo que quería conseguir por encima de todo. Mejores fotos de mi hijo. La cámara para mí era sólo una herramienta, el medio para conseguir el fin. Quiero hacerle fotos bonitas al Señor Bajito (muy muy bajito por aquel entonces), señor Google, ¿me entiende usted? Deme la respuesta, oh, gran pozo de sabiduría.

Veía fotos preciosas por Internet, y eso que aún no existían ni Pinterest ni Instagram, y yo sólo quería conseguir aquello para mí, para él cuando fuese mayor. Porque, entre otras cosas, sabía que tenía una buena herramienta y, por supuesto un buen modelo de cámara, así que me fastidiaba un montón no tener un resultado final decente.

Pero el resultado final no lo es todo.

Siempre enfocada en mi empeño de conseguir algo mejor, algo digno, me puse a la búsqueda de información que pudiese asimilar con facilidad. Desde entonces la cantidad de blogs y canales de YouTube que nos muestran cómo hacer mejores fotos, ha aumentado una barbaridad. Ahora hay mucho material bueno y fácil de digerir, por aquel entonces la cosa estaba más complicada, pero empezaban a despuntar varias páginas interesantes.

Pero entendí que el resultado final no era lo más importante, ni lo que más me iba a motivar para seguir aprendiendo o seguir haciendo fotos. De hecho, me di cuenta de que no era una buena motivación. Porque a lo largo de mi vida había buscado siempre aprender algo para hacerlo bien, perfecto, o al menos de la mejor manera posible. Y este anhelo tan obstinado siempre me había causado mucha ansiedad y pocas satisfacciones. No te puedes exigir tanto sin evitar quemarte.

Así que decidí dejarme llevar, relajarme y ver hasta dónde me llevaba todo aquello de aprender fotografía, pero sin forzarme. Y pronto experimenté el cambio. Ya no me agobiaba por no llegar a lo que quería, lejos de eso, me encantaba estar detrás de la cámara registrando todo lo que veía.

Al principio las fotos no eran gran cosa, pero la motivación era muy grande y, sobre todo, disfrutaba tanto que mejoré, como suele decirse, sin prisa pero sin pausa, sin agobios y pasando buenos ratos durante el proceso.

Esto es para ti, mamá.

Cuando una se convierte en madre es fácil que pierda el rumbo, especialmente durante los primeros meses de la maternidad. Tu mente y tu cuerpo están sólo disponibles para esa personita que acabas de parir y con la que sientes la mayor de las conexiones. Pero cuando poco a poco tu cuerpo y tu mente te piden mirar más allá, puede que te des cuenta de que no sabes muy bien qué hacer, cómo recuperar tu propio espacio. Y por supuesto la sociedad no nos ayuda a encontrarlo.

En mi caso, y me consta que le ocurre a otras madres, la fotografía ha sido la válvula de escape. Pero no sólo eso. Ha sido y es una forma diferente de relacionarme con mi hijo, una manera de estar juntos, de mostrarle el mundo de una forma diferente.

Y, sobre todo, es un medio que me ayudó a crear mi espacio, algo mío, algo para mí. Para recuperar eso que se había perdido.

Mejor en compañía.

¿A quién no le gusta sentirse arropado, que le animen y le respalden? En especial cuando tienes algo emocionante entre manos, el impulso de compartirlo con otras personas que comprenden por lo que estás pasando es difícil de dominar. ¡Quieres contárselo a todos! Quieres hablar a todas horas de lo que estás aprendiendo. Necesitas mostrárselo a más gente.

Por eso en mis inicios busqué grupos para poder preguntar y seguir aprendiendo con otras mamás como yo. Y me he dado cuenta de que es lo que más poder tiene. El apoyo de personas con unos intereses similares a los tuyos y el sentirte comprendida es otro de los grandes regalos que me ha dado la fotografía.

Fotografía desde cero: aquí comienza tu propio viaje (y continúa el mío).

Como sabes, mi vida y la fotografía comparten ahora una misma ruta. Ya no se pueden separar. Son las mejores compañeras de viaje. Porque todo lo que recogí durante el proceso de aprendizaje, mi experiencia personal, lo he ido plasmando en los cursos que imparto. Y en unas semanas daré inicio a una nueva edición del curso básico, donde la magia empieza: Fotografía desde cero.

Si estás a punto de escribir en tu buscador “cursos sobre cómo hacer mejores fotos a mis hijos“, ¡me alegra que hayas llegado hasta aquí! Porque si te apetece aprender y no sabes muy bien cómo empezar, puedo ayudarte.

Quiero que tú te sientas acompañada y guiada en este camino que yo comencé sola, y por eso te invito a una clase GRATUITA que impartiré el próximo martes 24. Es ONLINE, así que puedes atender desde cualquier parte del mundo. Y si no puedes asistir en directo, te mandaré la grabación para que la veas más tarde. Para mí sería un honor que te iniciaras en la fotografía de mi mano.

Juntas conseguiremos que alcances tu deseo de mejorar tus fotos, que recuperes tu tiempo y tu espacio y, por encima de todo, que disfrutes de todo el proceso.

Porque de toda la historia que te he contado, lo importante fue, sin duda el viaje que me llevó adonde estoy ahora. El viaje, no el destino. Puesto que durante el camino viví experiencias que me hicieron una persona distinta, momentos únicos que (¡por fin!) conseguí plasmar en mis fotografías. Y aunque he terminado teniendo un profundo conocimiento de la fotografía y he alcanzado el objetivo que dio inicio a la aventura, tengo la convicción de que lo realmente valioso, la mayor de las enseñanzas, es esta: aprender fotografía desde cero ha sido un viaje largo y hermoso.

¡Y el viaje continúa!

And the winner is…

And the winner is…

Pues no te lo voy a decir todavía. Me vas a perdonar, pero antes de contarte quienes son las flamantes ganadoras de los 3 super premios de este reto que nos hemos marcado en las navidades pasadas, tengo que darte las gracias. Sí, las gracias por participar, porque sé que han sido unos días de locura, entre polvorones y turrones, entre viajes de ida y de vuelta, entre abrir y comprar regalos… En fin, un locurón que pone patas arriba las rutinas y las casas.

Pero a mí me ha merecido la pena hacerlo. Tenía muchas dudas con este reto, porque el tema no era de mi agrado sobre todo, pero tengo que decir que me lo he pasado muy bien y me ha hecho ver, sentir y vivir la Navidad de una manera totalmente diferente a la acostumbrada.

Mi propio desafío era llevar conmigo la cámara o el móvil y mirar a mi alrededor buscando la fotografía, cuando sé que lo que hay en esta época no me gusta. Es complicado, pero no imposible. Y de nuevo, la fotografía ha ganado la partida, porque al obligarme a mirar con atención ha conseguido que encontrara alicientes que sí me han gustado, de hecho me han gustado mucho.

Momentos inolvidables con personas inolvidables. Despertar el día de Navidad con más niños que el tuyo, y observar sus caritas al localizar y abrir sus regalos:

♥ Montar una Noche Vieja ficticia con los amigos, y que te metas tanto en el papel que para ti sea la de verdad:

♥ Montar la fiesta de Año Nuevo sólo para la foto, porque tu familia (y tú) sois un muermo, pero terminar riéndoos tanto de ello que, seguido, os vais a la cama (que ya hay sueño) con una sonrisa gigantesca. Y de paso, que las nuevas generaciones vengan pegando fuerte y se echen a la cama más tarde que los mayores y al día siguiente estén de “resaca”:

♥ Y el último día de las navidades, sin duda el más esperado por los niños y en muchos casos, también por los adultos. Regalos debajo del árbol y sobre todo mucha ilusión:

Así terminó mi reto, con esta imagen de padre e hijo implicados en la ardua tarea de estrenar los regalos.

Éstas han sido, unas navidades diferentes. Y si lo pienso bien quizá sean, de forma sorprendente, las que más he disfrutado. Han coincidido varias circunstancias personales que las han mejorado y que se llevan gran parte del mérito, pero sin duda el reto ha favorecido la diversión. Gracias a él he estado más presente y más implicada en los pequeños actos que iban sucediendo en mi entorno: las miradas infantiles, los gestos de sorpresa, la expectación, los adornos que más me llaman la atención, las tradiciones pero, en especial, el acercamiento entre las familias y los amigos que propician estas fechas.

Abrir Instagram cada día y sentirme arropada por vuestras fotografías, ver de qué manera habéis respondido al reto, ha sido, una vez más, soberbio.

Gracias por hacerlo más divertido y ameno ♥ Y por compartir conmigo vuestras celebraciones.

Las ganadoras del Navigráfico.

Y ahora sí. Ya es hora. No lo puedo postergar más y no me voy a andar con rodeos.

Aquí van las ganadoras de los premios del #navigrafico:

¡Enhorabuena a las tres! Me pondré en contacto con vosotras por privado para gestionar la entrega de vuestros premios.
Os dejo un vídeo en el que se ve cómo he realizado los sorteos. Como os explicaba en las bases, ha sido de forma aleatoria.

Tengo que decir que he visto fallos en los hashtags, a veces la ausencia de ellos, y eso ha impedido que algunas personas tuvieran el premio. Por mucha rabia que me dé (porque a veces era sólo por una etiqueta mal puesta), no me parecía justo para la gente que cumplía con todo al milímetro.

Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo. Ser constante con un reto fotográfico durante unas fechas tan caóticas como las navidades es todo un logro. Enhorabuena si has llegado hasta el final. Siéntete orgullosa porque es una proeza.

Nos vemos en la próxima locura fotográfica. Un abrazo.

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