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5 formas de utilizar una ventana en tus fotografías

5 formas de utilizar una ventana en tus fotografías

¿Cuánto partido podemos sacarle a una ventana? Yo este fin de semana he comprobado que mucho. Es un elemento increíblemente fotogénico, y puedes jugar con él de muchas formas.  Por eso en el post de hoy quiero hablarte de 5 formas de utilizar este elemento.

Quizás lo más obvio es centrarnos en la luz, pero podemos jugar con ella de múltiples formas. Las composiciones, las texturas, los colores, etc.

Para ilustrar el post, te dejo fotos hechas en una misma ventana, pero utilizándola de diferentes formas. Sin duda ha sido mi elemento favorito de este pasado fin de semana en mi albergue favorito.

¿Comenzamos?

La luz.

Cuando empezamos con la fotografía, es habitual pensar que en los interiores de las casas no hay suficiente luz. Incluso la mayoría de las veces tiramos de flash. Pero si aprendemos a utilizar nuestra cámara en condiciones, nos daremos cuenta de que podemos (y tendremos mejores resultados) utilizar la luz que entra por una ventana, por pequeña que sea.

Si la ventana es pequeña, y el espacio grande, la luz será todavía más especial, así que disfruta y juega con ella.

Algo importante a tener en cuenta, es que la luz va variando a lo largo del día y del año. Por eso desde una misma ventana podemos conseguir efectos muy distintos. Dependiendo de la altura del sol, y de si está soleado o nublado. Investiga y recréate en cada una de sus fases.

Enmarca desde el interior.

¡Qué bonitas son las fotos mirando por la ventana! Me encanta el ambiente que se crea. El contra luz genera una atmósfera melancólica y romántica. Aprovecha a tope esas cualidades.

Busca la mejor perspectiva, y cuida mucho las líneas, para que la ventana se vea bien y no sufra distorsiones indeseadas. Es importante que no se vea torcida.

Si ves elementos que distraigan o molesten, no dudes en apartarlos. Modifica el espacio todo lo que puedas o necesites.

Enmarca desde el exterior.

No siempre es posible hacerlo desde la calle, pero cuando se puede, la ventana puede dar mucho juego. En este caso hay que tener más cuidado con la perspectiva y las líneas que desde dentro. Ya que normalmente no estaremos a la altura de la ventana, y es más probable que las líneas se nos vayan. No olvides cuidarlas al máximo en la toma, y si es necesario, ayudarte de la edición para corregirlas y que se vean bien.

Desde fuera tenemos mucha más luz, por lo que será mucho más sencillo registrar la cantidad que necesitamos. Así que puedes jugar con menos miedo.

A través de la ventana.

Los cristales, los reflejos, los marcos de la propia ventana… son elementos que tenemos que aprovechar.

Puedes salirte fuera y hacer la foto con la ventana cerrada, pero también puedes abrirla y servirte de la hoja de la ventana abierta para crear cosas bonitas y especiales desde el mismo interior.

Ten mucho cuidado con los reflejos, trata de que no salgan cosas indeseadas en zonas importantes como ojos. Y sobre todo cuida de no salir tú reflejada. A no ser que es lo que estés buscando.

Juega con el cristal.

Como decía, es un elemento increíble en sí mismo. Pero además podemos pensar en otras formas de utilizarlo. Dibujar en  él, crear efectos con agua… el límite es tu imaginación, como se suele decir.

Además de todo lo dicho anteriormente, te aconsejo que tengas en cuenta el color y las texturas. Son aspectos importantes para crear imágenes bonitas. En este caso se han utilizado gamas de colores cálidos para darle armonía al conjunto.

¿Te ha gustado el resultado? ¿Se te ocurren otras formas de utilizar una ventana? Me encantará leerte en comentarios.

Y si te apetece aprender fotografía, ya sea desde cero o profundizar en ella. Yo hago click es tu formación. Estamos a punto de cerrar las inscripciones, y no se volverán a abrir hasta octubre del 2019.

¡Corre a por más info aquí!

¿Por qué me gusta esa foto? | Aprende fotografía

¿Por qué me gusta esa foto? | Aprende fotografía

Estamos muy acostumbradas a ver fotografías. Hace no tantos años, no teníamos, ni por asomo, dicho hábito. ¿Recuerdas cuando teníamos que esperar a ver nuestras fotografías del viaje de fin de curso? Si me dices que no lo recuerdas, es que eres demasiado joven, pero te queremos igual ♥

Hoy en día, es una locura. Vivimos rodeadas de fotografías por todas partes. Las cámaras digitales, los dispositivos móviles, y por supuesto las redes sociales, han facilitado que nuestra cultura visual sea mucho mayor que hace 20 años.

Pero aún nos cuesta mucho mirar una imagen, y detectar por qué nos engancha, qué nos gusta de ella.

Pues hoy quiero escribir sobre ello, ya que en el proceso de aprendizaje me parece muy importante. ¡Vamos a ello!

Consumir sin asimilar

Lo normal es que veamos cientos de fotografías al día. Vamos dando al me gusta cuando alguna llama nuestra atención, pero aun así, sólo la dedicamos un par de segundos o tres. Pero, ¿qué nos hace darle al corazoncito? ¿Por qué nos gusta esa imagen?

Si estás aprendiendo fotografía, te recomiendo que inviertas tiempo en ejercitar tu capacidad de análisis y ver en una foto ya hecha, aquellos elementos que te hacen pararte en ella. Con este ejercicio, que al principio cuesta un poco (como todo en la vida), conseguirás agilizar tu mirada a la hora de hacer tus propias fotos. Además, irás asimilando lo que funciona y lo que no, y lo interiorizarás sin darte cuenta.

Es un gran ejercicio, de hecho forma parte de nuestro curso de fotografía sobre composición: EncuadrArte.

Aspectos que podemos analizar

Puedes empezar analizando aquellos aspectos que conozcas, como reglas de composición sencillas. Y con el tiempo ir ampliando el análisis.

También puedes observar aquello que, aunque no conoces, detectas en la imagen y de alguna forma te atrapa.

Veamos qué tipo de cosas puedes analizar en una fotografía.

  1. Datos exif: Son los datos más técnicos con los que se ha hecho la toma. En algunas redes sociales, y si el autor lo permite, están accesibles. De esta forma puedes ver cómo se hizo. Analiza y piensa por qué crees que tomó esa decisión y no otra. También reflexiona sobre cómo crees que afecta a la fotografía y cómo sería de haber tomado otra decisión diferente.

Si no tienes accesibles los datos exif, también puedes tratar de adivinarlos. Es interesante hacerlo de esta forma, ya que hacemos el trabajo al revés: vemos la foto, y pensamos en cómo podría estar hecha.

Estos son los datos a analizar en este apartado (puedes analizar otros, pero estos son los más básicos):

  • Apertura del diafragma
  • Velocidad de obturación
  • Iso
  • Focal elegida

 

  1. Composición: la composición es la forma en la que colocamos los elementos dentro de un encuadre. Disponerlos de forma atractiva para el ojo es lo que diferencia una fotografía increíble de una correcta. Hay quien juega con ella de forma magistral y entonces nos atrapa en su imagen.

Hay reglas muy básicas, que se aprenden cuando empezamos a fotografiar. Y otras más elaboradas, que conseguimos manejar y comprender cuando ya tenemos cierta destreza. Aquí enumero algunas sencillas que puedes empezar a observar:

  • Regla de los tercios
  • Regla de la mirada
  • Espacio negativo
  • Profundidad de campo

 

  1. La luz: esta la podemos meter dentro de la composición. Pero es tan importante en fotografía, que me parece que se merece su propio lugar.

Observarla, pensar en su dirección, la intensidad, cómo ha medido la persona que hace la foto, etc, puede ser un ejercicio muy divertido.

La luz determina en gran medida el estado de ánimo de la imagen.

  1. La edición: otro de los aspectos vitales de la fotografía. Si analizas cosas como: el color, el contraste, la saturación, los matices, el balance de blancos… Conseguirás ver más allá y percibir por qué esa foto te ha enganchado.

 

No todo es hacer click

Cuando estamos aprendiendo, tenemos que acostumbrarnos a ver un poco más allá. Hacer muchas fotos es importante, pero también observar aquellas que funcionan y ver qué puntos las hace tan interesantes. Con este ejercicio conseguirás aligerar ese proceso, y hacerte consciente de lo que a ti te gusta en una fotografía. Algo básico para poder desarrollar un estilo personal.

No se trata de acertar todo, de hecho, no vamos a saber si acertamos o no en la mayoría de las ocasiones. Pero el poner a trabajar nuestro cerebro hará que vayamos comprendiendo y asimilando. Te lo recomiendo.

Y si te apetece saber más sobre todo esto, te invito al mini curso de fotografía que acaba de empezar. Vamos a ver todos estos aspectos y es el preámbulo de algo muy grande que viene después. Así que, si no te quieres perder nada, puedes apuntarte pinchando aquí.

El próximo martes más y mejor. ¡Un abrazo!

5 pasos que te ayudarán a enfrentarte al autorretrato

5 pasos que te ayudarán a enfrentarte al autorretrato

Hoy voy a hacer un pequeño salto en mi DIARIO. No me desvío del tema en realidad, pero será un post que mezclará lo práctico con el alma. Hoy quiero escribirte cómo me enfrento a la cámara, cómo hago yo mi trabajo personal. Espero que te sirva de ayuda para lanzarte a tu propia búsqueda. Y recuerda que esta es la forma en la que yo lo hago, pero no tiene que ser la única vía.

Antes de leer este post, y si no lo has hecho ya, te recomiendo que leas los dos anteriores. No es que sea indispensable, pero entenderás un poco mejor lo que es para mí el autorretrato. Aquí tienes el primero sobre procesos personales vividos a través de la fotografía y aquí el segundo, sobre las diferentes formas de vivir el autorretrato.

Enfrentarse a una misma.

Ahora sí, continuamos con lo que hemos venido a hacer. Y es que en las últimas semanas me veo llena de ganas de retomar el autorretrato.

Hacía mucho tiempo que no lo practicaba, porque el autorretrato es una de esas cosas que sólo puedes desarrollar cuando te nace de dentro y hay que estar en un momento concreto de tu vida para que te apetezca.

A veces es un momento gris, oscuro, partes de una dificultad que te lleva a la reflexión y el autorretrato te ayuda a liberar fantasmas, miedos y otras cosas que de algún modo, quieres que desaparezcan o al menos que te dejen un poco tranquila.

Esa fue mi primera etapa con el autorretrato. La más intensa y un camino increíble que descubría por mí misma y que después me llevó a querer mostrárselo a otras mujeres.

Es tan difícil como parece y en ocasiones quieres mirar hacia otro lado. Pero la verdad es que aligera las cargas y es una gran ayuda en el trabajo personal. Una herramienta increíble que te hace avanzar en tu propio crecimiento.

En otras ocasiones, lo que te acerca al autorretrato es todo lo contrario, un momento maravilloso contigo misma, en el que deseas observarte y verte bien. Puedo decir bien alto que me encuentro en este momento. Y también diré que me ha costado sudor y muchas lágrimas llegar hasta aquí. Supongo que habrá momentos de los otros más tarde o más temprano, pero desde luego me enfrentaré a ellos desde otra perspectiva totalmente diferente.

Así que ahora mismo puedo asegurar que el autorretrato me ha llevado a mi parte más presumida, pero que no me siento mal por ello. De hecho, me siento muy bien.

Muchas mujeres hemos crecido pensando y sintiendo que no estamos bien. Que nuestro físico no vale, está mal, es grande, o pequeño, o ancho, o estrecho… O de la forma que sea, pero no es válido. Sacudirse todo eso de encima es costoso, por eso cuando lo consigues te dan ganas de soltar un: “¡chúpate esa!” bien grande al universo, y no parar de mirarte y decirte a ti misma “¡pero qué guapa eres!”.

En realidad,  paso de pensar que ahora soy presumida o vanidosa, porque no se trata de eso.  Es simplemente que ahora me encuentro en un momento maravilloso en el que me reconozco y me gusto.

Me ha costado años y muchos kilos (y dinero, de paso). Así que sólo puedo regocijarme en ello y abrazarlo bien fuerte. Y hacerme fotos para inmortalizarlo, claro XD.

Pasos a seguir para autorretratarte.

Vamos a la parte más técnica, la menos romántica del asunto. Y sea la razón que sea que te ha traído hasta aquí, puedes servirte de estos pasos.

De hecho, durante mis dos fases (tanto la que se originaba en un hecho negativo como la que partía de un reconocimiento positivo) he trabajado de la misma forma.

Un momento para ti.

¡Qué importante es reservarnos tiempo para nosotras y qué poco nos lo regalamos! Aunque sea una horita a la semana, es vital para empezar nuestro autocuidado. Necesitamos regalarnos momentos de calidad para nosotras mismas.

La casa puede esperar, los niños pueden estar un rato con su padre, o con sus abuelos (esto los primeros meses de la maternidad es impensable, seguramente ni siquiera te apetezca separarte de tu pequeño. Llegará, no te apures. No lo fuerces, ahora estás en otras cosas). Pero la vida pasa, y tú con ella. Así que si hace falta, anótalo en tu agenda bien grande para que nadie descoloque la planificación: esta horita de este día, es toda para mí.

Es uno de estos momentos en los que podemos aprovechar para hacernos fotos.

El pasado fin de semana disfruté de una sesión para mí solita. Afortunada que soy, se alinearon los planetas y pasé sola desde el sábado por la noche hasta el domingo bien tarde. Y pese a estar en casa, encontré las ganas de prepararme un poco y ponerme frente al objetivo. Es un juego divertidísimo.

Busca un espacio que te arrope y te dé seguridad.

Lo más fácil es hacerlo en casa, sobre todo al principio. Con el tiempo puede que adquieras confianza y te atrevas a salir a la calle. Yo soy más de interior, me gusta el retrato y autorretrato más íntimo. Pero desde luego las opciones son infinitas, y lo importante no es el lugar escogido, lo importante es que te sientas cómoda.

En casa puedes buscar la estancia que más te guste, que tenga la luz más bonita y, de paso, descubrir nuevos detalles de ese espacio que estás harta de ver cada día.

Mueve muebles, quita cuadros, descoloca y vuelve a colocar. Es un ejercicio que te dejará cansada pero a la vez satisfecha. No dudes en emplear toda tu energía en esta tarea.

Prepara la logística.

Está claro que necesitas tú cámara, pero aparte de eso, ¿ qué más? Trata de organizar todo lo que vayas a utilizar en la sesión para no perder mucho tiempo, especialmente si lo tienes guardado.

Busca la ropa, atrezo, accesorios y todo aquello que quieras utilizar para tu sesión y ponlo a mano para ir cambiando o incluyéndolo en tus fotografías.

Puede que utilices todo y puede que utilices más, pero tener una ligera idea es ideal para ir un poco a tiro hecho.

Déjate llevar.

Este es mi punto favorito. Yo soy muy de improvisar. Me gusta tener algunas cosas controladas, pero lo que me da vidilla es la improvisación (en esto del autorretrato).

Además, de esta forma los resultados son más interesantes, bajo mi punto de vista. Si estás buscando un autorretrato personal, en el que te veas de verdad, lo mejor es que vayas perdiendo el control de la situación para dar paso al instinto. Sólo así serás capaz de descubrirte de verdad. Aprender sobre ti, descubrir otras facetas que tienes escondidas, es un trabajo fascinante.

Para esto habrá mujeres que necesiten más tiempo, y otras que enseguida se suelten delante del objetivo. Por eso es importante tener en cuenta los puntos anteriores para que consigas relajarte: será más fácil que llegues a esta desinhibición si sientes que lo demás está bajo control.

La técnica.

Si ya sabes sobre fotografía, al menos disparar en manual y un poco de composición y del manejo de la luz, te recomiendo que también disfrutes de esto porque así también podrás explorar otro terreno creativo.

Observa los encuadres, cómo incide la luz si te pones así o de la otra manera. Apoyarnos en la técnica es importante a nivel fotográfico, pero además, nos ayuda también a no pensar demasiado en lo que estamos haciendo. Igual que el resto de puntos anteriores, te permitirá soltarte y relajarte para llegar a crear un autorretrato más real de ti misma.

Pero no te obsesiones con ello y, sobre todo, si aún no sabes disparar en manual, que esto no te detenga. Muchas de las mujeres que han pasado por I love Me han realizado el taller en automático y su viaje ha sido tan maravilloso como el del resto de compañeras.

Espero que hayas disfrutado del post de hoy y que te sirva de trampolín para lanzarte al autorretrato, ¿te veo en la clase de la próxima semana?

Un abrazo ♥

Dos formas diferentes de vivir el autorretrato | Diario

La pasada semana fue increíble a muchos niveles.

Realicé uno de mis viajes a Madrid y allí intercambié abrazos, risas y anécdotas con compañeras y amigas.

Invertí horas en tratar de aclarar un proyecto personal que te contaré más adelante. Tengo ganas de poder darte más detalles sobre él, pero a la vez me da dolor de barriga sólo de pensar en ello… Es de esas ideas chulas pero que te anudan la garganta.

Y además, hubo una explosión de mensajes como respuesta al post de la semana pasada.

La bandeja de entrada está llena de palabras bonitas, de historias personales, de ánimos y de abrazos. De mucho sentimiento compartido. Me encanta lo que se puede llegar a crear a través de las redes. El trabajo no siempre es fácil, pero cuando hay muestras de tanto cariño y cercanía, se me infla el pecho y la sonrisa no desaparece de mi cara en un buen tiempo.

Así que, antes de seguir con mi diario, siento la necesidad de mirarte a los ojos y darte las gracias por tu tiempo, por escucharme y, sobre todo, por compartir también tu historia conmigo. GRACIAS, de verdad ♥

La llamada del autorretrato

Cuando me hice mi primer autorretrato, lo hice corriendo, sin pensar, esperando que nadie me viese hacerlo.

Sentía una  mezcla de vergüenza, miedo y pánico escénico. Pero me obligué a mostrarle al mundo esa foto que me hice porque estaba comprometida con un proyecto personal, y debía de cumplir.

Puede parecer una tontería, pero ese fue el primer gran muro que eché abajo gracias a la fotografía.

Yo seguía a un montón de mujeres que se autorretrataban y sentía admiración por la seguridad que demostraban al hacerlo y por las fotos que tenían de sí mismas, que a mí me cortaban la respiración.

Cuando todo el mundo maquilla, esconde y “posturea”, ellas hacían públicos pedacitos de su personalidad. Había mucha verdad en esas imágenes.

Me parecían mujeres fuertes, capaces de todo lo que se propusiesen. Y fijarme en ellas me dio pie a embarcarme en mi propio camino, un poco sin darme cuenta por aquel entonces.

Comienzas intentando emular a alguien por quien sientes devoción. Sin darte cuenta, vas dando pasitos hacia tu libertad de expresión y tu propio estilo. Porque a cada avance, aunque sea milimétrico, estás derrotando esos miedos que te amordazan. Aprendes, te ves cada día más cómoda y descubría detalles de mí que antes pasaba por alto.

El autorretrato me había llamado y yo estaba enganchada.

2 formas de expresar con el autorretrato

A medida que iba siguiendo fotógrafas en las redes, me di cuenta de que el autorretrato tenía dos grandes vertientes: aquellas personas que lo utilizaban de forma más personal, y aquellas que lo utilizaban de forma más creativa. Algunas (las más diestras en la práctica) incluso jugaban con las dos variantes, en una misma foto o en fotos diferentes.

En mi caso, la línea estaba clara. El autorretrato era un trabajo personal, emocional y totalmente visceral.

Tras retratarme, muchas veces sentía cómo el peso en los hombros se aligeraba. Observar mi rostro en la pantalla era revelador. En cada ocasión descubría un poco más sobre mí, sobre aquellas cosas en las que no había querido ahondar porque eran dolorosas. El autorretrato, sin duda, fue de mucha ayuda para reconocerme y después, tras un proceso arduo, para aceptarme.

No te voy a mentir, ni ese camino fue, ni es fácil. En algunas ocasiones doloroso.

Cuando miras tu retrato, te enfrentas a tu realidad. Ahí están tu cansancio, los rasgos de ti que no te gustan, los gestos que todos cuestionan. Reflexionas sobre lo que ves. ¿Por qué estás así? ¿Qué hay detrás de esa mirada? Nunca me había visto de esa manera. ¿Por qué siento rabia, pena, timidez?

El conocimiento que adquieres de ti es increíble. Pero hay que echarle valor.

Con el tiempo se hace más llevadero y cada vez te reconoces más en los autorretratos que ves. El siguiente paso es aprender a mirarte sin rencor. Es algo así como decirte “es lo que hay y, ¿sabéis qué? Lo que hay está bien”.

Es entonces cuando llega tu abrazo. Ya te estás queriendo más y mejor.

Procesos a través de la fotografía | Diario

Procesos a través de la fotografía | Diario

Este artículo pertenece a una nueva serie que comienzo. El 2018 comienza fuerte a nivel personal y es hora de mirar un poco hacia atrás, resumir y hacer balance para continuar avanzando.

Si te quedas por aquí, gracias por acompañarme en la aventura. 

Si decides marchar, gracias por el tiempo que pasamos juntas. Nunca lo olvidaré ♥


Estoy de celebración, es mi cumpleaños con la fotografía. Febrero es el mes en el que empecé mi primer proyecto fotográfico, hace ya 7 años. En ese momento estaba decidida a aprender a utilizar la cámara en manual, y poco más. Bueno, eso y hacerle mejores fotos al Señor Bajito, muy bajito por aquel entonces.

Desde ese mes hasta ahora he aprendido mucho. Y no tanto de fotografía como sobre mí.

Cuando comencé más en serio con ella, me encontraba en un momento vital: la maternidad reciente y el mundo patas arriba.

Todos tenemos un punto de inflexión que nos obliga a pensar y tomar decisiones. A cambiar las piezas que no encajan en el rompecabezas que es nuestra vida.

A cada persona le llega a su momento. El mío llegó el día en el que supe que iba ser madre.

Sentía una mezcla de emociones brutal. Nunca las había experimentado con tanta intensidad. Se me presentaron dilemas que antes no me habían surgido o sobre los que no había reflexionado tan a fondo.

Tenía que cuidar a una personita, guiarla y quererla. Y quería hacerlo de una forma respetuosa. Deseaba con todas mis fuerzas evitarle todas aquellas frases hirientes, imposiciones ilógicas y lavados de cerebro que yo me había encontrado durante mi infancia y adolescencia. Cuánta responsabilidad, cielos. Era hasta doloroso.

Con la llegada de la maternidad, todo se transforma. Cuando eres madre, el temporal que tú has sido capaz de capear, no estás dispuesta a que lo sufra tu hijo.

Comienzas a pensar en lo que quieres transmitirle. Te preocupa su educación, así que repasas cuál ha sido la tuya y sucede lo inevitable. Sale a la luz todo lo que en su momento reprimiste.

Yo descubrí algo impactante: hasta ese momento había sido la persona que otros querían que fuera. Hecha a la imagen de lo que el conjunto de la sociedad creía que era lo correcto. ¿O a ti no te han dicho alguna de estas lindezas?: “¿Vas a ir con esas pintas?”, “A ver si sonríes un poco, mujer”, “Tienes que comer más”, “Cuídate, que te veo mala cara”, “¿Has engordado, no?”, “Pero juega con esos niños”, “Sal con tus amigas, que te dé el aire”, “¿No crees que sales demasiado?”. Y así hasta el infinito.

Parecía que nunca era una persona válida. Tal y como yo era, estaba mal.

Y como la vida sigue, no dices nada. Lo asumes, después de todo tú aprendes a gestionar tus sentimientos. Lo digieres y sigues adelante. Sin embargo, que sobrevivas no significa que lo hayas olvidado o que creas que está bien. Eso nunca.

Así que, Rebeca, pensé, lejos de “educarte”, lo que han pretendido toda la vida era corregirte y modelarte. Han creado a una persona que realmente no eres tú. No te han dejado ser quien de verdad eres.

En el instante en el que llegas a esa conclusión, te das cuenta de que eres 2 personas a la vez: la que te han obligado a ser, y la que de verdad eres. ¿Me explico? Sé que es complicado.

Te enfrentas a una dualidad. ¿Quién soy entonces? Voy a ser madre y necesito aclarar esta pregunta para saber cómo voy a cuidar de mi hijo, cómo voy a hablarle y a enseñarle. Aquí es donde la fotografía jugó un papel importante. 

La fotografía me ayudó (y lo sigue haciendo) a ver quién soy de verdad.

Observar una fotografía tuya, es como estudiar a fondo tu imagen en un espejo.

Cuando nos ponemos frente al espejo, la mayoría de las veces nos miramos, pero no nos vemos.

Sólo cuando nos tomamos el tiempo adecuado para ver más allá de la imagen, comenzamos a atravesar la carne y llegar a nuestro alma. Son esas ocasiones en las que nuestra primera reacción es sentir vergüenza y apartar la mirada.

Si no puedes soportarlo, tan solo tienes que mirar hacia otro lado o irte, y el reflejo desaparecerá. Pero en una foto estás “atrapada”, no puedes escapar de esa visión. Está ahí, incluso cuando te vayas.

Para mí, ser madre es como ir con un espejo cargado constantemente, de cuyo reflejo no puedes escapar. Lo estudias, lo cuestionas a diario para conocerte y poder ser la mejor versión de ti. Y en este sentido, en la fotografía encontré la herramienta perfecta analizarme, conocer y canalizar todas esas emociones y preguntas que la maternidad me provocó. Fue mi compañera más fiel.

La fotografía me ha escuchado cuando lo he necesitado, me ha dado tiempo sin meter prisa, hemos reído y llorado juntas… Y a parte de mi trabajo a tiempo completo, es mi forma de entender la vida.

Tanto es así, que a veces miro atrás y cuando veo la evolución técnica, el cambio en los gustos, en la forma de ver y de plasmar la realidad, me siento orgullosa. Pero no de las fotos, sino de mí, del camino recorrido y de los muros que he tirado.

Ya me reconozco a través de la fotografía que hago. Es una prolongación de mí misma.

Los primeros clicks.

Pero comencemos por el principio.

Febrero del 2011. Cámara y manual en mano. De esta vez no pasa, voy a aprender a hacer fotos en manual.

Y así fue. No fue ni el primer intento, ni el segundo, ni el tercero, pero había llegado el momento. Quizás se trate de eso, de que sea el instante adecuado.

Si llevas un tiempo por aquí, me habrás oído contar que empecé embarcándome en un 365. Una foto por día durante un año era de una exigencia tremenda para mí, que me creía poco constante y muy veleta. Pero lo conseguí.

Recuerdo que al comenzar, seguía varias cuentas en Flickr de fotógrafas que hacían proyectos como este y que se trabajaban sobre el autorretrato. Las admiraba sólo por el hecho de enfrentarse a la cámara. ¡Pero hacerlo cada día! Era increíble e impensable para mí.

Para mi sorpresa, el autorretrato se coló en mi vida muy pronto en este proyecto. Y aunque hacía muchas fotos de otros temas que poco o nada tenían que ver, seguía jugando con él cada cierto tiempo. Hacia el final del año, se hizo más y más frecuente, hasta que se convirtió en una forma de desahogo brutal con la que cada vez me sentía más cómoda.

Pero del autorretrato y de mi forma de entenderlo te quiero hablar otro día. Que se nos está haciendo tarde, y tu tiempo es oro.

Hasta el próximo martes ♥

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