Sesión de fotos para Elena López de Monitos y Risas

Sesión de fotos para Elena López de Monitos y Risas

Este fin de semana me he despedido de Madrid hasta septiembre.  Y es que el calor empieza a apretar y yo soy del norte. Necesito fresquito y colcha para dormir, si no, muero.

Pero no he podido despedirme de mejor manera: trabajando mucho con mujeres a la cabeza de proyectos impresionantes. 4 días a full para realizar sesiones en diferentes localizaciones y con diferentes luces. Toda una maratón la de estos días, sin duda.

Hoy te traigo las fotografías que realicé para Elena, de Monitos y Risas. Si me sigues de hace tiempo, la conocerás de sobra, porque trabajamos mucho juntas.

En esta ocasión, nos hemos alejado del ruido, del asfalto y del calor infernal de las calles de Alcorcón, para disfrutar del fresquito y los paisajes impresionantes de la Sierra Madrileña.

Misma localización, dos horas diferentes con distintos tipos de luz.

La primera parte de la sesión la realizamos al atardecer, con una luz increíble y aprovechando al máximo hasta los últimos rayos de sol.
La luz era muy cálida y el paisaje lucía impresionante. Este momento del día es de los mejores para fotografiar.

La segunda parte de la sesión la hicimos por la mañana al día siguiente. Solazo y horas centrales del día. No es fácil, pero como ya te he contado en otras ocasiones, es posible manejarla y salir airosa.

Sois muchas las que me preguntáis por cómo realizar fotografías cuando la luz cae de forma directa. Te adelanto que estoy preparando una clase donde te contaré cómo trabajo y revelaré aspectos muy útiles a tener en cuenta para llevar a cabo tus fotografías en las horas de más luz del día.
Si estás interesada en esta clase que saldrá próximamente, puedes apuntarte aquí para entrar en la lista de espera y no perderte toda la información.

Ahora te dejo disfrutar de la sesión y de Elena, que como de costumbre, está espectacular.

¡Hasta la próxima semana!


Descubre de qué modo planteo mis sesiones fotográficas familiares

Descubre de qué modo planteo mis sesiones fotográficas familiares

Cuando te dispones a realizar algo por primera vez, suelen surgir dudas de todo tipo. Y la primera sesión de fotos con una fotógrafa que no conoces, no iba a ser distinto. ¡Es normal!

¿Me gustará la experiencia? ¿Cómo trabaja esta fotógrafa? ¿Dónde realizaremos la sesión? ¿Y si los niños no están por la labor?, y un largo etcétera.

Sabes que estoy realizando un reto en formato vídeo, ¿verdad? Hace unas semanas os pedí ayuda en las redes para que me hicierais llegar dudas habituales o inquietudes y así poder crear vídeos con material que os sea interesante. La entrada de hoy es la respuesta a una de estas sugerencias: Cómo planteo una sesión fotográfica.

Los pasos previos a la sesión fotográfica.

He querido resumirte lo máximo posible todos los pasos que doy antes de realizar la sesión en la fecha fijada.

Desde el momento en el que te pones en contacto conmigo hasta que cerramos el acuerdo de la sesión.

Básicamente se trata de recopilar toda la información que necesito para responder a esta pregunta: ¿soy la fotógrafa que necesitas?

Hay un fotógrafo para cada persona, estoy segura, y no todos somos compatibles. Y eso ¡está bien! Porque para gustos, colores.

Pero saber si conoces mi estilo de fotografía y hasta qué punto es lo que quieres de verdad para tus fotos es un paso crucial para que al final estés satisfecha con el resultado.

Existen otros puntos y factores a tener en cuenta para saber si estás ante tu fotógrafa ideal. ¿Quieres conocerlos? Dale al play al vídeo:

¿Estás pensando en venir a Cantabria por vacaciones? ¡Te espero!

Empieza la época de vacaciones, y muchos estáis reservando ya vuestros días por mi tierra.  Lo sé porque ya he recibido algún email para preguntar por las sesiones.

No me extraña porque aquí tenemos un montón de sitios increíbles y las vacaciones son una gran ocasión para hacernos una sesión de fotos familiares.

Al estar relajados, disfrutando de nuestro tiempo libre, conociendo lugares nuevos o visitando aquellos que nos gustan tanto que repetimos, se dan momentos únicos que luego queremos recordar.

A todos nos gusta abrir el álbum y volver la vista atrás para revivir esas vacaciones estupendas que pasamos en uno de nuestros lugares favoritos y, lo más importante, en familia.

Si eres una de estas personas, anímate y pregunta por tu sesión fotográfica familiar. Podrás comprobar si son ciertos los pasos de los que hablo en el vídeo 😉

Eso sí, hazlo cuanto antes, porque las reservas durante las vacaciones vuelan.

Espero que te guste el vídeo. Te veo la próxima semana  

 

Hay que tener valor para abrir un álbum de fotos

Hay que tener valor para abrir un álbum de fotos

Hay algo heroico en ir a por ese álbum familiar que guardas con mimo y abrirlo.

Porque una vez que se abre un álbum de fotos, ¿quién sabe lo que puede ocurrir?: que se escapen los recuerdos, que se desencadenen tormentas de nostalgia, que se prenda una chispa en la imaginación. Cualquier cosa.

Y es que lo hagas a solas o acompañada, hay que tener valor. También, ganas de revivir cada momento.

Coge aire y ten coraje, pero ve con cuidado. Estás perturbando la paz del lugar donde habitan los recuerdos.

Si el álbum está bien ordenado, bien hecho, bien formado, la experiencia se parece a la de leer un buen libro.

Tienes que estar preparada, porque tan sólo el tacto de una buena cubierta ya puede provocarte deseos irrefrenables de seguir tocando. Sé fuerte, y continúa, no te quedes ahí pasando suavemente tu mano sobre la tela. Recuerda que lo importante está en el interior.

Ahora sí, la aventura comienza.

Érase una vez… tu vida.

Los recuerdos y las sonrisas se van sucediendo a lo largo de sus páginas. Puede que, incluso, alguna lágrima irrefrenable consiga asomarse. No te preocupes.

En cuanto comprendas que esa lágrima proviene de la felicidad, de saber que todos esos momentos son tuyos, desaparecerá o se convertirá en una risa loca.

Si compartes la experiencia de ver un álbum con más gente, es inevitable que se aviven los recuerdos con una conversación.

¿Te acuerdas de esto?

— ¡Mira, aquí llevabas tu camiseta favorita!

—Qué foto más bonita.

—Recuerdo que ese día hacía un tiempo estupendo y por eso decidimos ir a este lugar.

Cafés, horas de conversación, nostalgia, alegría… una nunca sabe qué saldrá de entre las páginas de un álbum de fotos. Porque es allí donde habitan los recuerdos más nítidos y en cuanto los dejas salir, adquieren vida propia.

Por suerte, cuando cierras un álbum y lo dejas en su lugar, lo haces con la certeza y la tranquilidad de que volverás a verlo. Siempre que lo necesites, estará allí para ayudarte a recordar aquello que se va desdibujando en tu memoria.

Hay que tener mucho valor para abrir un álbum de fotos. Pero también para cerrarlo.

Ahí dentro dejas mucha vida vivida, alegrías compartidas, personas que quieres. Pero qué satisfactorio es poseer al menos un álbum. Qué reconfortante es acudir a sus imágenes de vez en cuando. Qué valor incalculable tiene este tesoro al alcance de todos.

¡Larga vida a los álbumes de fotos!

Ser hijo de mamarazzi es muy duro

Ser hijo de mamarazzi es muy duro

¿Cómo actuar cuando quieres fotografiar a tu niño y él no está por la labor? La gran cuestión.

Tienes varias opciones. Una de ellas es transformarte en Hulk y arrasar con todo hasta alcanzar tu objetivo. Pero eso agota la paciencia y acaba con los nervios de cualquiera. Otra de las opciones es calmarse y ponerse en el lugar del niño.

Quizá no habías reparado en ello antes, pero es duro ser hijo de una aficionada a la fotografía que te venera y quiere conseguir una imagen de cada gesto que haces, cada risa que te echas o cada mirada que le dedicas.

Y si no, que se lo pregunten a los niños de alguna de ellas (o de nosotras, más bien 😛 )

El Señor Bajito podría dar una conferencia sobre este tema, y las ponencias principales podrían ser:

  • Tácticas para escabullirte de la cámara
  • Cómo cambiar de tema de forma sutil y adorable para que no te regañen cuando no quieres sacarte una foto
  • Trucos para hacerte el dormido y que no se de cuenta de que sabes que está fotografiando tu siesta

Sería todo un éxito.

A punto de empezar una nueva edición del curso Héroes: fotografiando la infancia, me aplico mi mejor consejo: si tu hijo no quiere fotos, no se las hagas.

Y es que a veces no tienen ganas. Es sencillo. Además, aquí se aplica una regla proporcional que llevada al extremo puede acabar en desastre: cuanto más insistimos, menos ganas tienen. No falla.

Es natural. De hecho ocurre exactamente lo mismo en el sentido contrario. A veces soy yo la que está desganada y no me apetece participar de otras cosas que él me propone. Así que es entendible.

En mis cursos siempre digo que si esto ocurre, que respetemos su decisión. A veces nos da un poquito por saco, no te voy a mentir. Pero piensa en esto: ¿qué consigues presionando a tus hijos para obtener una fotografía?, es decir, imagina que al final lo logras y salen pulcros, bien peinados y se están quietos para la cámara, ¿qué clase de imagen te saldrá? ¿De verdad es esa foto la que quieres conseguir?

Respetar sus tiempos.

Yo este fin de semana me sentí muy frustrada cuando le pedí al Señor Bajito nuestra foto semanal para I Love Mom, y él me dijo que no le apetecía.

Claro, yo estaba que rabiaba. Tenía un email que enviar, ya debía el de la semana anterior y le necesitaba a él para esta tarea. Pero pronto me relajé y pensé que si esto iba a servir para que nos enfadásemos, no tenía ningún sentido. Así que cuando él me preguntó si me enfadaba, le dije que estaba un poco disgustada, pero que no pasaba nada, que lo entendía.

Ayer lunes, le pedí que si podíamos hacerla. Le recordé que era importante para mí, para mi trabajo. Que además, es nuestro momento semanal y que me gusta crear esos recuerdos con él. Porque él tiene muchas fotos solo, incluso con su padre. Pero conmigo tiene muy poquitas, y esta vez me hace ilusión hacer este trabajo con él. Ya lo vive de otra manera, se hace mayor, y quiero atesorar esos últimos coletazos de infancia para siempre. Porque dentro nada  (bueno, ya sé que aún queda un poco, pero esto pasa volando, y lo sabes) estará cambiando su voz, y su cuerpo dejará de ser redondito y achuchable. Y lo que es peor, ¡¡no dejará que lo achuche!! Mi discurso funcionó.

Lo entendió, comprendió mis motivos y, al relajarse, lo que empezó siendo una idea aburrida de mamá que otra vez quiere sacarme fotos, terminó siendo un juego con muchas risas. Nos lo pasamos genial, nadie se enfurruñó y todas las fotografías que obtuvimos salieron naturales, alegres, sinceras.

 

Toda esta reflexión es lo que me ha traído hasta aquí y lo que ha hecho que nuestra relación con la cámara sea especial. Porque no es la primera vez que esto me ha ocurrido.

Desde que respeto sus ritmos y converso con él hasta que los dos llegamos a un punto de entendimiento, todo funciona mucho mejor. Y en esto de hacer fotos, también.

Si no presionamos, es más fácil que la amistad no se estropee por largas temporadas y consigamos hacer fotos reales de momentos únicos.

Así que, mamarazzi del mundo, dejemos nuestra versión Hulk para otras ocasiones en las que sí es importante que saquemos nuestra vena peleona, y vamos a intentar relajarnos con la fotografía, ponernos más en su lugar para que todos disfrutemos del acto de fotografiar.

Feliz semana ♥

Sobre Rebeca López Noval Fotografía

Sobre Rebeca López Noval Fotografía

Hoy traigo un post diferente, hoy te quiero hablar un poco más sobre este pequeño rincón que creé hace 4 años en la inmensidad de Internet.

Algunas me conocéis ya mucho, y sabéis de mi pasado antes de dedicarme a la fotografía. Porque antes de esto hacía otras cosas, pero lo que tienen en común mi pasado y mi presente es que siempre me ha gustado trabajar como autónoma.

Está claro que no es, precisamente, por lo fácil que nos lo ponen en este país. Sino porque me gusta ir por libre, no tener a nadie que me diga cómo tengo que hacer las cosas, inventarme mi propia realidad, y eso pasa por gestionarse sola.

No es nada fácil, ya no sólo en el plano económico, sino en el personal. Tener un negocio, por pequeño que sea, es como tener un hijo que te demanda constante atención y que no te duermas en los laureles si quieres que todo siga funcionando a tope.

Montones de decisiones diarias, decisiones que, si trabajas sola, tomas sola.

Toneladas de miedos a los que te enfrentas cada día; “seré suficientemente buena, a la gente le gustará lo que hago, y ¿si algo sale mal?”.

El camino, como digo, es duro y solitario.

El día que comenzaron a cambiar las cosas.

Un día, en ese camino tan solitario, encontré a una persona que llenó mis días de compañía. Seguro que muchas la recordaréis, porque es difícil de olvidar. Su nombre es Verónica, y con ella aprendí lo que es tener aún más responsabilidades. Tener a alguien trabajando contigo (no me gusta el término “trabajando para mí”), es muy difícil. Te obliga a pensar en otra persona, en cómo repercutirá en ella todo lo que hagas y, por supuesto, te hace sudar pensando que quizás, un mes, no tengas suficiente dinero para pagarle.

Pero también descubrí lo increíble que es trabajar acompañada, poder contarle tus penas a otra persona y compartir alegrías y tristezas del día a día de tu trabajo.

Alguien por fin veía y sentía en primera persona lo que era estar detrás de todo esto día y noche, sin descanso.

En algún momento del camino, nos tuvimos que separar. Fue duro. Yo la sigo queriendo un montón, y me consta que ella a mí también.
Me alegra decir que somos amigas y que sabemos que, aunque nos separen muchos kilómetros, podemos seguir contando la una con la otra.

Cambios y más cambios.

Buscar a otra persona me aterrorizaba, la verdad. La primera vez fue sencillo. Vero estaba ahí, la conocí en mis cursos, fue alumna durante mucho tiempo, y la evolución que hicimos fue algo natural. Yo sabía que era buena en todo lo que se propusiese, le venía de serie, y yo lo supe ver y eso hizo que todo rodara sin grandes esfuerzos.

La segunda vez fue diferente. Yo ya necesitaba a alguien sí o sí. Había sentido la libertad de aligerar equipaje, cargas y muchas horas de trabajo. Había empezado a saborear lo que era trabajar a mi manera, pero acompañada, y no podía dejar escapar todo lo que eso suponía.

Y de repente, como por arte de magia, Tere se cruzó en mi vida en una formación en la que coincidimos.

Yo tenía por delante un año de mucho trabajo y sobre todo, de muchos cambios. No me había dado cuenta, pero todo empezó cuando contraté a otra persona, y todo este tinglado dejó de ser algo sólo mío. Me costó entenderlo y verlo, aunque podía parecer muy evidente para otras personas.

Y, aunque acojonada por el miedo a un nuevo cambio, a la incertidumbre de contar con alguien que no conoces de nada me tenía bastante alerta, Tere consiguió meterse de lleno en mi espacio y hacerse con él. Hemos trabajado mucho, ¡pero mucho!, para conseguir la tranquilidad en la que ahora nos encontramos. Pero ha sido un camino divertido y cómodo.

Te presento a Tere.

Muchas la conocéis porque firma los mails que nos mandáis. Y yo, hasta ahora, también la conocía de esa manera, ¿te lo puedes creer? No nos habíamos conocido en persona aún.

Es lo que tiene “esto del Internet”. Que puedes estar trabajando con alguien a muchos kilómetros de distancia, y notarlo más bien poco.

Pero al fin nos pusimos piel este fin de semana, y hemos trabajado un poquito, pero sobre todo nos ha dado tiempo a charlar y a vernos las caras, que ya era hora tras 10 meses trabajando juntas.

Gracias Tere, por acompañarme en este camino lleno de baches, y hacer de él algo más divertido y sobre todo, algo menos solitario ♥

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