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El valor de los recuerdos

El valor de los recuerdos

Durante los últimos días, Facebook me ha recordado que hace 4 años realicé un viaje sin retorno. Uno de los más especiales que haya hecho nunca.

Comenzó siendo de trabajo, y terminó transformándose en la experiencia más enriquecedora para mí y, probablemente, para mi hijo hasta la fecha.

Hoy, 4 años después, estas fotos tienen mucho más valor que entonces y menos valor que dentro de 15 o 20 años, cuando las vuelva a ver y me refresquen la memoria devolviéndome las sensaciones de aquellos rincones y todas las anécdotas que nos sucedieron.

11 de mayo del 2014

Ya la fecha decía que iba a ser especial. Me iba de viaje el mismo día de mi cumpleaños. Lo hacía con mi hijo, que por aquel entonces tenía 4 años, y me marchaba 4 días a Dublín, a casa de la familia de Ana, a retratarles como nunca he retratado a nadie por trabajo.

Casi siempre realizo las sesiones en Cantabria y Madrid, pero en esta ocasión me desplacé a otro país para familiarizarme con sus rutinas, los rincones más especiales para ellos y poder crear recuerdos del hogar que habían creado allí.

Si te soy sincera, creo que es la mejor forma de hacer este trabajo. Colarme en tu casa, en las entrañas de vuestras vidas por unos días. Eso me permite conoceros, conectar y sacar las maravillas cotidianas que son las que de verdad queremos atrapar y recordar cuando pasa el tiempo.

A Ana la conocí en Madrid. La primera vez que la vi fue una explosión de energía positiva.

Ella me conocía porque estaba haciendo algunos de mis cursos en su formación de Asesora Continuum, pero yo no sabía nada de ella. Aunque su abrazo y su sonrisa me engancharon de inmediato.

Nos volvimos a encontrar en Madrid, al cabo de un tiempo. En esta ocasión cenamos juntas, con muchas otras mujeres. Y no paré de reír con sus historias y sobre todo con su manera de narrarlas. Lo próximo que supe de ella es que quería que fuese a su casa, que por aquel entonces estaba en Dublín, y retratar a su familia.

Maleta, cámara, y acción

Yo, que no necesito mucho para coger la maleta, compré el billete en un pis pas. Pero no sólo eso. Pensé que sería una ocasión excepcional para que mi hijo me acompañara y viviera la experiencia de un viaje de estas características. Sí, trabajo y familia, todo junto. Conciliación real, ¡qué cosas!

Y así nos plantamos en una casa preciosa en Dublín. Pero hoy no te voy a hablar de la parte de Ana y su familia, porque eso ya lo hice en otro post.

Hoy vengo a hablarte de mis recuerdos, de esos que me invaden cuando veo las fotos de su familia, pero también las del Señor Bajito.

¿Y sabes qué es lo primero que se me viene a la cabeza? La transformación tan grande que supuso para él y para mí este viaje.

Hasta la fecha, era un pequeño sensible y su necesidad de estar junto a mí era tan grande que a veces nos hacía sufrir a los dos. Pero este viaje juntos nos dio a los dos el permiso de estar unidos, uno al lado del otro, respetando nuestro espacio personal.

Fue el momento en el que comenzó a confiar en sí mismo y a soltar su manita. Puede que yo también lo hiciera, y eso le ayudó a él. Al fin y al cabo, este asunto es cosa de dos 😀

Verde Cantabria, verde Dublín

A nivel emocional fue increíble. Su conexión con el pequeño de Ana y con ella misma me dejó fascinada. Disfrutó tanto de estar con ellos, que yo misma lo gocé el doble.

Pero de este viaje me llevé muchas más experiencias.

Una que es de Cantabria y está acostumbrada al verde, cuando llega a Irlanda no se asusta ni se asombra. Pero sí reconocí que allí, el verde es más intenso, y tiene todavía más poderío. Lo envuelve todo, es salvaje, libre, y si le dejas se extiende por todas las superficies. Recuerdo la sensación de que invadía carreteras y casas. Me encantaba.

También me quedé enamorada de sus construcciones. Ahí sí que se diferenciaba de mi tierra. La piedra y lo celta están presentes en cada rincón.

¡Ah! Momento friki. ¿Sabes lo que me encantó de Irlanda? No sé si conoces esta faceta mía. Pero tengo predilección por los cementerios. Sí. Ya está, ya lo he dicho.

Pues los de Dublín me fliparon.

La nostalgia es un viaje en el tiempo

Mirar hacia atrás de vez en cuando es maravilloso. Encontrarte con estas fotos y recordar, viajar en el tiempo, detenerlo y congelarlo por unos momentos gracias a un trozo de papel (bueno, vale, o a una foto en la pantalla).

Retornar a los lugares en los que fuiste feliz, volver una y otra vez a esos momentos que son la vida y que forjaron la persona que ahora eres.

La fotografía permite ir atrás y volver al presente tantas veces como queramos.

No me digas que no te encanta bucear en los recuerdos de tu infancia. A mí me vuelve loca abrir el cajón de las fotos en el salón de mi madre y recordar.

Es cierto que el pensamiento recurrente de “cualquier tiempo pasado fue mejor” puede dejarte algo tocada. La nostalgia duele un poco en el corazón. Pero se me pasa pronto cuando me doy cuenta de que puedo seguir creando momentos como aquellos a partir de ahora.

Está en nuestra mano realizar nuevos viajes, organizar reencuentros, hacer nuestro día a día memorable, e inmortalizarlo todo con la fotografía es ahora más sencillo que nunca.

El valor de los recuerdos es incalculable.

Anuncio: sesiones de fotografía en Madrid en junio.

En junio estaré por Madrid, trabajando codo con codo con la nostalgia y realizando sesiones para que varias familias posean sus cápsulas de tiempo.

¿Estarás por allí? ¿Te gustaría reservar una sesión? Entonces, contacta conmigo cuanto antes.

Para quererte, primero debes mirarte | Post invitado de Sara Pellicer

Para quererte, primero debes mirarte | Post invitado de Sara Pellicer

Estoy como loca de contenta. Es martes, toca post y tengo invitada. Y además, ¡el viernes es mi cumple! Vale, esto último no es relevante para el post, pero lo tenía que decir XD

Si estás por Instagram ya lo sabrás, porque lo anuncié en un directo: hoy comenzamos con las colaboraciones en el blog.

Y me he traído a Sara, que es asesora de imagen, y me encanta cómo entiende la imagen personal. Lo cierto es que nos conocimos hace muy poco, en Febrero para ser exactas, pero nos gustamos al instante, fue un poco flechazo.
Pronto nos dimos cuenta de que entendíamos esto de la belleza desde el mismo punto de vista. Y desde entonces estamos hablando y hablando sobre proyectos que ya os contaremos en otro momento.

Y así llegamos a la conclusión de que a nuestras respectivas audiencias les podía interesar lo que teníamos que contar. Así que el primer martes de mes el post de esta casa lo escribirá Sara, y el primer viernes de mes, el post de su casa lo escribiré yo. Así que el viernes que viene te veo en su blog, ¡te espero!
Ahora te dejo con ella, ¡hasta la próxima! ♥


 

Soy Sara Pellicer, asesora de imagen y comunicación, y ayudo a las mujeres a sentirse más felices y poderosas con su cuerpo y con su imagen.

Creo firmemente que la autoestima se construye desde dentro y hacia fuera, pero también desde fuera hacia dentro, y que cuando nos vemos bien en el espejo somos capaces de afrontar con más ánimo nuestras tareas del día a día.

Voy a escribir periódicamente en el blog de Rebeca para animarte a trabajar tu imagen como herramienta de autoestima y comunicación, para ayudarte a aceptar tu cuerpo y sacar el máximo partido a las partes más bonitas que tienes.

Quiero que la imagen que veas en tus fotografías sea un reflejo fiel de quién eres y del momento vital en el que te encuentras, desde la consciencia, la aceptación y el amor profundo por ti misma.

Para quererte, primero debes mirarte

Nos pasamos la vida pensando en nuestros defectos. Siempre pensamos que la vecina tiene aquello que nosotras no tenemos, o que a nosotras nos falta eso que ella tiene…

Nos enfocamos en todo lo que pasa fuera, y de lo que está pasando dentro, solo vemos lo negativo.

Nos planteamos qué nos pasa, por qué nunca estamos satisfechas con nuestro cuerpo, y la solución es muy sencilla: no nos miramos.

Seguro que siempre te han dicho que la autoestima hay que trabajarla por dentro, y es verdad. Pero hay algo que no te han dicho tan a menudo: si te gusta lo que ves en el reflejo del espejo y en tus fotos, te vas a sentir más animada. Pero para eso no sólo tienes que mirarte, debes mirarte bien.

¿Y qué puede pasar si comienzas a mirarte, pero de verdad?

– Vas a descubrir zonas de tu cuerpo que habías estado ignorando
– Comenzarás a aceptar la historia que tu cuerpo está contando
– Te sentirás más fuerte y segura de ti misma
– Disfrutarás, te sonreirás, te gustarás
– Te encontrarás a ti misma, te redescubrirás y te querrás
– Aprenderás qué prendas te van a sentar mejor y cuáles van a resaltar aquellas zonas que más te gustan

Es un gran paso, es cierto que no es fácil. Comenzar a mirarte bien requiere de una valentía por tu parte. Dar el paso a la acción, cuando tú estás muy tranquila en tu zona de confort, no es sencillo, ¡pero es tan gratificante!

Te recomiendo que comiences a practicar en la intimidad, no esperes a mirarte en las fotos de grupo, o en aquellas que te hayan tomado en momentos en los que no te sentías muy segura de ti misma.

Respira hondo, y empieza a mirarte en el espejo, posa, ríete y diviértete mientras lo haces. Así, empezarás a hacerlo más relajada.

Una vez así, relajada y libre, empieza a disparar y después date la oportunidad de mirarte bien. Cambia esa mirada crítica por otra que diga: “¡estoy estupenda! Me veo mejor que nunca, tengo un cuerpo real de mujer real, y eso es admirable”.

No te olvides de que tu imagen real es aquella que tú percibes de ti misma, esa es la que te tiene que importar. Si eres capaz de aprender por fin a mirarte, tu seguridad y confianza en ti misma estará mucho más cerca.

¡Gracias por haber leído el post! Me encantará conocer tu opinión sobre este tema, deja tu comentario sobre cómo vives tu imagen y tu autoconocimiento y la relación entre ambos.

Si te ha interesado el tema y quieres profundizar más, dime sobre qué temas quieres que escriba, estaré encantada de leerte y preparar los temas que más vayas a aprovechar.


 

Soy Sara Pellicer, Asesora de Imagen, y te ayudo a encontrar tu esencia, a ser más feliz y a mostrar tu personalidad a través de la ropa que eliges cada día. Te invito a que visites mi web y me sigas en Facebook e Instagram.

Te lo mereces

Te lo mereces

Empieza la semana y me he levantado con un estado de ánimo un poco gris. ¡No todos los días son fiesta!

Las típicas mañanas de lunes con prisas, con “espabila que hay que ir al cole”, con rutinas que son ya parte de la familia. Y para rematar, el día amaneció gris y con llovizna.

Me he puesto un poco drama, lo sé. Pero no te preocupes, te prometo que el post acaba con final feliz 😀

Muy mujer

Ya sabes que mi trabajo está evolucionando de cierta manera. El cambio forma parte de mí (de todas en realidad), y aunque a veces es un rollo sentirte en una mudanza constante que nunca termina, también tengo que decir que es mi combustible diario. El cambio me alimenta, me da energía y me impulsa todo el rato hacia delante.

Y este fin de semana he estado pensando en mi cambio personal-laboral. Ahora tengo ganas de fotografiarte a ti, mujer que me lees. Pero la realidad es que siempre fuiste tú.

Primero como madre, seguramente porque era también el momento en el que me encontraba. La cámara me cayó en las manos cuando el Señor Bajito tenía año y medio, lo fotografié a él hasta la saciedad. Pero también a mí, madre del Señor Bajito.

Ahora he encontrado mi espacio personal, como la mujer que fui y que soy. Ese que en días como hoy me mantiene a salvo de los grises, y me deja ver el rayo que  esconden las nubes. El que me mantiene firme con los pies en la tierra.

Y ahora quiero fotografiarte a ti, porque también te mereces tu propio espacio. Estoy empeñada en que tengas más fotos tuyas y que no sean cualquier tipo de foto.

Quiero darte poder a través de la fotografías, que salgas de tu escondite y florezcas. Quiero que te veas en una foto y te gustes. Que te sientas bien contigo misma.

Y si pienso un poco más, me doy cuenta de que ya llevo mucho tiempo escribiendo sobre salir en las fotos, ¿te acuerdas? Hoy te quiero dejar algunos post que hicieron mención a ello de forma especial.

Para ti, para ellos, porque sí

Mira, sinceramente me acabo de dar cuenta de que en breve llega el día de la madre. Para mí mayo es especial, pero no por este día que me parece tan poco auténtico como San Valentín. Es especial porque cumplo años, celebro la vida, la mía. Y este año creo que será más especial que otros, porque por primera vez me siento tal y como quería. Y eso es mucho celebrar, ¿no crees?

Pero a veces pienso que no tenemos que esperar a que lleguen el día de la madre, o nuestro cumple, o el aniversario de nuestra boda.

Durante nuestra vida suceden millones de momentos triviales que nos hacen infinitamente más felices que esas celebraciones de calendario. Y los dejamos pasar sin hacer ni una sola fotografía. En cambio, ponemos toda la carne en el asador cuando se trata de un evento, por el simple hecho de que lo es.

Nos merecemos un regalo porque sí. Porque nos apetece, porque en días tristones como el de hoy, el cariño y el amor nos devuelven ese rayito tras las nubes.

Deja de esperar sentada a que ese cariño y ese amor te lleguen de fuera,  y empieza a reclamarlo desde dentro. Nosotras también podemos querernos así de bien y así de bonito.

¿Qué te hace feliz?

Seguramente en más de una ocasión, y por distintos motivos, te has parado a pensar alguna vez en esa gran pregunta. Parece más sencilla de lo que es.

La recupero para ti porque vamos tan deprisa por la vida, con esas rutinas, con las inercias diarias, que no tenemos un segundo para nosotras, para reflexionar.

Cierra los ojos y piensa, ¿qué te hace feliz? La risa de tus hijos, el abrazo de tu familia, pasear por la playa descalza, ponerte música bonita y mirar por la ventana, leer un libro, bromear con las amigas…

¿No son esos los momentos de la vida, y no otros, los que de verdad merece la pena recordar?

Así que, coge tu cámara y empieza a fotografiarlos. Que no se te olvide salir en las fotos…

Y si prefieres que sea alguien quien se encargue de hacer el trabajo, puedes contar conmigo.

Pongo mi cámara a tu disposición para atrapar los detalles que te emocionan, y para que te sirva de medio de liberación. ¿Cómo? Demostrándote lo hermosa que eres, haciendo que te sorprendas de tu belleza, y capturando los detalles que a veces se nos escapan y que son los que relatan tus vínculos con lo que te rodea.

Cambiemos el “salgo fea en las fotos” por un “me siento radiante y me veo guapa”

Cambiemos el “salgo fea en las fotos” por un “me siento radiante y me veo guapa”

Año 2030. Tu hijo te pide que vayas a por el álbum familiar, le apetece recordar y, de paso, enseñarle a su chica cómo era él de peque. Están pensando en tener descendencia y se han puesto sensibles.

Así que preparas unas bebidas y vas a por él, dispuesta a disfrutar de una sesión remember de las buenas, que también te han entrado ganas de mirar al pasado.

Y todo es genial. Es bonito ver otra vez su carita, enumerar las trastadas que hacía de pequeño, reconocer los rincones de tu casa, que ha cambiado tanto como vosotros.

Pero entonces tu hijo levanta la cara del álbum y lanza esta pregunta con tono triste: ¿Pero tú dónde estás? Mamá, no sales en ninguna foto.

Se oye un crujido. Creo que se te ha roto un poquito el corazón.

Así que vamos a cambiar el chip completamente. Aun estás a tiempo de evitar que esta escena futura suceda de verdad.

Tenemos que empezar a salir más en los recuerdos de nuestros hijos, dejar que la cámara la manejen otros y ponernos delante del objetivo. Porque el día de mañana, tus hijos querrán ver fotos tuyas, a solas, con ellos, con la familia. No les vas a negar ese deseo, ¿verdad?

Pero hoy quiero que pienses en otra forma de foto. Una diferente en al que tú eres la protagonista. Vamos a olvidarnos por un segundo de que somos madres. Vamos a cerrar los ojos y vamos a pensar en nosotras, sólo en nosotras.

¿Quiénes somos como mujeres? ¿Qué deseos tenemos? ¿Qué queremos conseguir en la vida? ¿Qué nos mueve por dentro?

Tú, la más bonita, créetelo

¿Sabes eso que dicen de que la belleza está en el interior? Me sonaba a pamplina, pero recientemente he descubierto que es una verdad como un templo.

La sociedad nos vende una perfección entendida desde el punto de vista del consumismo. Esa belleza es irreal y efímera porque es lo que interesa. Si durara demasiado tiempo, la moda y todo lo que la rodea se estancaría. Los intereses económicos son los que mueven en el mundo, eso nos es algo que te vaya a descubrir yo ahora.

¿Pero qué pasa si nos centramos en el adentro? ¿En nosotras, en lo que somos de verdad? Es en ese punto donde nadie nos puede decir lo que se lleva o lo que te tienes que poner, o si debes o no maquillarte, o si debes o no llevar tal cosa por la edad, por tu cuerpo.

Necesitamos invertir más tiempo y mimos en nosotras, en nuestro yo interior. Porque en el alma, en nuestra esencia, la belleza es genuina, y ni caduca ni sigue patrones.

Si comienzas a hacerlo, toda tú se verá reflejada en tu rostro, en tu cuerpo, en tu actitud. Y eso es lo que realmente nos hace bellas, sin importar la talla, la altura, el color de ojos o el pelo.

Tácticas para empezar a quererte y verte hermosa

Ya lo ves, salir guapa en las fotos es cuestión de creerte guapa, de sentirte bien en tu piel. Porque si tú disfrutas de ti misma, los demás también. Y no lo digo por decir. Lo he visto un millón de veces.

¿Cómo se consigue? Puede que te sientas lejos de ese estado idílico del que te hablo. Yo misma he estado alejada todos estos años y he tenido que trabajar(me) mucho para llegar donde estoy (conmigo misma). Pero se puede conseguir.

A continuación te doy algunas pinceladas de las tácticas que me han servido, y que espero que te den el impulso que necesitas para disfrutar de quien eres.

Rodéate de mujeres. Somos la mitad del planeta, somos muchas. Rodéate de quien entienda la vida como tú, de quienes vibren en la misma frecuencia. Nosotras nos proporcionamos una energía que sólo nosotras podemos darnos. Nútrete de ella.

Cuida de ti por dentro. Qué miedo da echar un vistazo hacia dentro. Hay “cositas” que preferimos no remover. Pero qué maravilloso y liberador es cuando empiezas a ver los resultados de examinar tu conciencia y tu corazón. No es una camino corto, ni fácil. Pero sin duda merece la pena.

Cuida de ti por fuera. Claro que sí. No eres vanidosa, ni creída por hacerlo. Es tu cuerpo, es un templo. Y hazlo sólo desde dónde tú entiendes el cuidado. No hace falta maquillarse si no te gusta y es una odisea. No hay que hacer dieta si no es tu deseo. Tenemos que sentirnos bellas nosotras, que nos vean los demás es un efecto secundario.

Reserva un tiempo para ti. La maternidad nos remueve por dentro, los primeros años son agotadores a todos los niveles. No dejes que te asfixie. Toma momentos y hazlos tuyos, que se centren en ti, tus deseos o necesidades personales. Cine, una cena con amigas, un pequeño viaje… Disfruta, porque sólo así todo lo demás tendrá sentido.

Cuando estás feliz contigo misma, se nota, irradias belleza

Sabes que no soy de píldoras mágicas, tampoco de las que hacen posar en las fotos. Soy de las que buscan dentro y lo sacan fuera. Es lo que hago conmigo, y es lo que hago contigo cuando estás delante de mi objetivo.

De verdad pienso que la belleza está dentro de cada una de nosotras, y que en muchas ocasiones nosotras no somos capaces de verla. Pero la gente que nos rodea y nos quiere es capaz de ver esa belleza aunque nosotras la tapemos con trapos, con maquillajes, con ojeras…

Para salir guapa en las fotos sólo necesitas sentirte guapa y que quien te hace las fotos te mire con cariño.

Así que empieza a quererte como lo hacen ellos y descubre tu propia belleza.


Si te apetece una sesión de fotos especial, no dudes en ponerte en contacto conmigo, te estoy esperando. Puedes enviarme un mail y contarme tu historia, seguro que salen cosas tan maravillosas como tú.


 

5 consejos para elegir correctamente a la fotógrafa de tus sueños y amar por siempre sus fotografías

5 consejos para elegir correctamente a la fotógrafa de tus sueños y amar por siempre sus fotografías

Muchas personas me preguntan por qué no llevo a mi hijo al pediatra que le corresponde y voy a otro centro de salud diferente, teniendo más cerca el que nos toca por zona.

También me preguntaron en su día por qué llevaba a mi hijo a un colegio que está a 30 minutos de nuestra casa en coche teniendo buenos coles a 10 minutos caminando (esto tiene especial peso en una comunidad pequeña, donde los recorridos tan largos no se conciben si no es para irte de fin de semana como mínimo). Se entiende menos cuando el cole es público y ni siquiera pago por ir.

Por supuesto, también me preguntaron por qué me fui a Barcelona a tatuarme, que si en Cantabria no había buenos tatuadores, que me tenía que ir a 700 kilómetros para hacerme un cactus.

La respuesta es sencilla: si sé que existe lo que quiero, que me gusta, que me toca la fibra, que está acorde con mis valores y mi estilo, ¿por qué voy a conformarme con lo primero que veo, lo fácil, lo que escoge todo el mundo, sólo porque está ahí? La resignación no va conmigo.

De lo bueno, busca siempre lo mejor, también en fotografía

Siempre he sido inconformista, es una característica muy mía. Si conozco algo extraordinario, lo bueno me parece insuficiente.

Me pasa con todo. A veces no me queda más remedio que ceder a regañadientes, cuando las circunstancias aprietan y mandan. Pero si hay una mínima posibilidad de conseguir lo que deseo, ¿por qué voy a renunciar a ello?

Si hay que ahorrar, se ahorra. Si hay que madrugar, se madruga. Si hay que pillar un avión, se pilla. Y si hay que esperar un año, pues se espera. Pero ya no me contento con menos.

Piénsalo. El otro camino sería más sencillo, pero no sería el tuyo. Al final, ¿estarías a gusto con el resultado sabiendo que existía una posibilidad que te lo daba todo?

En fotografía ocurre lo mismo. Si conoces el trabajo de un profesional que te enamora, que hace exactamente el estilo de fotografía con el que te sientes identificada, ¡ve a por él! Seguramente, él o ella te estará también buscando. Tú eres su clienta extraordinaria, de lo bueno, la mejor.

Cuando este encuentro sucede, saltan chispas, aquí y en cualquier sector. Hay feeling, entendimiento, energía que fluye. Llámalo como quieras, pero el resultado es un trabajo que se sale de lo normal. Y te diré una cosa: no te mereces menos.

Te pongo un ejemplo: mi experiencia con el tatuaje (y la tatuadora) no ha podido ser mejor, y te cuento por qué.

Cuando el trabajo de una persona te vincula con ella

Sabes de sobra que soy una persona muy emocional, me muevo desde dentro y si algo no me hace dar saltitos de alegría, es que no es para mí. Necesito sentir ese regocijo por dentro, ese pellizco que te hace vibrar y que surge cuando estás ante algo que está hecho para ti. Lo sabes, lo percibes, es algo instintivo.

Y eso me pasó cuando conocí el trabajo de Mónica Sampietro. Sus tatuajes se salen de la norma. Los trazos, el relleno, su forma de trabajar, es una puta pasada (siento la palabra malsonante, pero necesitaba ponerla para que entiendas la intensidad que tiene su trabajo en mí). En cuanto vi su trabajo, supe que lo quería.

Me iba a tatuar por primera vez, era algo que llevaba pensando meses y cuando encontré a la persona adecuada para hacerlo, ¡sorpresa! No había quien contactara con ella por la agenda que tenía. Cuando la abría, se llenaba en 10 minutos literalmente.

Era el horror, todo parecía indicar que era imposible conseguirlo. Pero mi cabezonería y la certeza de que no podría dejarme tatuar por nadie más, hizo que insistiera.

O ella o nadie, así de sencillo. ¡Me iba a pintar la piel para siempre! Necesitaba que me lo hiciera alguien que me causara precisamente esta locura. Necesitaba que quien me tatuase por primera vez fuera alguien a quien yo admiraba profundamente y que cada vez que viese un diseño suyo me hiciese desearlo con todas sus fuerzas. No había más posibilidades.

Cuando un estudio de Barcelona anunció que Mónica empezaba a tatuar allí, les escribí de inmediato. Y al cabo de unos días, y para mi gran sorpresa, me respondieron. Juan, su dueño, me llamó un domingo para agendar mi cita con Mónica. ¡Lo había conseguido! Me iba a ir a Barcelona y me iba a tatuar con ella.

Tras año y medio intentándolo, créeme, esto es para saltar de alegría y no parar. Locurón máximo.

 

¿Cómo es trabajar con alguien a quien admiras?

Abre bien los ojos porque te voy a contar un secreto: todos los profesionales buscamos al cliente ideal. Piensa en cualquier sector que puedas imaginar: fruta, zapatillas, pinchos caseros. Da igual. Todos y cada uno de nosotros te estamos buscando con tanta intensidad como tú buscas al profesional perfecto para ti.

Trabajar con alguien a quien admiras tanto es tan intenso como cuando encuentras a una persona que acude a ti, por tus servicios, y conectáis. Tú estás deseando trabajar con ella, y ella quiere trabajar contigo. 

De ahí sólo puede salir algo increíble. Las energías se juntan, la creatividad fluye y lo sería un servicio más, se transforma en la mejor de las experiencias.

Cuando Mónica terminó mi tatuaje, me preguntó: ¿cómo te sientes llevando un tattoo? A lo que yo le contesté: No llevo un tattoo, llevo una obra de arte en mi piel.

Y así surge la magia, así es como te llevas experiencias vitales de las que disfrutas el resto de tu vida.

Trabajar con quien admiras se hace sencillo y emocionante. Es como hablar con alguien a quien conoces toda la vida: te entiende, se pone en tu situación, hay respeto mutuo.

Cuando yo soy la que tatúa

Ay, amiga. A veces también me toca estar en el otro lado. A veces soy la persona a la que otra elige para llevarse sus recuerdos grabados en papel. La energía es la misma pero en distinta dirección.

Conectar para poder narrar el momento que estás viviendo. Es lo que le da sentido a mi trabajo, y es lo que me mueve cada día. Y eso sólo lo haces posible tú.

Hacer fotos a mujeres es lo que últimamente me hace vibrar más. Y cuando hay vínculo entre la mujer que retrato y yo, es emocionante.

Las fotografías recogen un momento valioso para ti. Son tus recuerdos más preciados, así que intenta escoger bien a la fotógrafa que va a encargarse de ellos. ¿Cómo saber si estás ante la persona adecuada para hacerte tus fotografías?

    • Mira con detalle su trabajo: observa otras fotografías que ha hecho para saber si es tu estilo. Quizá tengas ya una idea muy clara de lo que quieres, o preferencias con el color, la luz, un estilo más clásico o muy fresco… Antes de dar el paso, cerciórate de que el fotógrafo realiza la clase de fotografía que tú estás buscando.  Cuando observas su trabajo, ¿te imaginas siendo la protagonista de sus fotos? ¿Comparte tus valores y tu forma de entender la fotografía? Si tu respuesta es afirmativa, sigue con el siguiente paso.
    • Analiza cómo se expresa en su web, en su blog, en las redes: detrás de cada profesional hay una persona, nunca lo olvides. ¿Sientes que podrías entenderte con ella? ¿Que utiliza tu lenguaje y va a ser sencillo mantener una conversación? ¿Estáis en sintonía? ¿Sí? Pues adelante, sigue idagando.
    • Si has encontrado a alguien que te gusta, pero no se encuentra en el lugar donde vives, pregúntale si contempla la posibilidad de desplazarse antes de tirar la toalla. Si el fotógrafo siente que tú eres la clienta perfecta, seguramente no le importará tener que moverse. Eso sí, piensa que eso generará más gastos que se añadirán a su presupuesto inicial.
    • Si no tiene las tarifas publicadas en su web, pregúntale por ellas para saber si su trabajo se ajusta a tus posibilidades actuales. Pero, por favor, esto te lo pido de corazón, no intentes regatear el presupuesto que te dé porque cuesta un mundo ponerle precio a tu trabajo, y cuando lo haces, es el que es por una razón y en esa cifra final van incluidos numerosos aspectos. Si te encanta el trabajo de esa persona pero ahora mismo no puedes permitírtelo, puedes preguntarle por métodos de pago a plazos o, sino, quizá esperar un momento en el que estés más holgada y no te suponga quedarte tiesa de dinero.
    • Habla con el fotógrafo antes de tomar una decisión, aunque su trabajo te enamore. Una conversación con él/ella despejará cualquier duda que tengas sobre si es tu profesional ideal. En esa conversación podrás plantearle los puntos que sientes que son más sensibles, aquellos que te preocupan especialmente. Verás cómo se expresa, si te escucha. En definitiva, si la conexión que sentiste al ver su trabajo es real o sólo fue una ilusión. Después de esa conversación, ¿sigues sintiendo cosquillas en el estómago o en la piel? ¿Es como si esa persona supiera qué necesitas sin necesidad de demasiadas explicaciones? Ya no dudes más, es tu fotógrafo.

Indaga, compara y pregunta, que hablando se entiende la gente. Pero no dejes en manos de cualquiera tus recuerdos. Antes de tomar la decisión, piensa bien si la persona elegida va a saber capturar tu momento de la manera en que quieres.

Te mereces fotografías realizadas con mimo, que te emocionen, y que toda la experiencia de la sesión sea inolvidable. Como un tatuaje 😉

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