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Ideas para tu sesión de fotos: tarde de cine familiar y palomitas

Ideas para tu sesión de fotos: tarde de cine familiar y palomitas

Por lo general, soy una persona bastante propensa a la improvisación y a los impulsos (otros dirán que desorganizada, pero a mí me gusta más esta otra forma de verlo, que es más chic). Pero a veces me planifico y todo.

En ocasiones, elaboro una lista de posibles temas para escribir en el blog, y la cumplo.

Otras, como esta semana, me salto la lista a la torera porque, de pronto el tema que tenía pensado no me apetece, o porque el contexto cambia y entonces creo que a nadie le interesará leer sobre lo que tenía planificado.

Para hoy tenía la idea de rescatar un borrador que empecé hace algún tiempo, pero entonces se me antojó que no era el momento, que me latía más escribir sobre otros temas, y uno de ellas es “planes en familia”.

Porque aquí hablamos de momentos para recordar, y crearlos es lo primero, ¿verdad? E insisto que son los cotidianos, esos que parecen más normalillos, los que al final son los que más añoramos.

Este fin de semana volvió el frio, la lluvia a tiempo completo y, con todo ello, las ganas de manta y sofá. Con este panorama, flota una pregunta en el aire. ¿Qué hacemos con los niños si afuera no se me puede aguantar?

Niños encerrados en casa durante tantas horas seguidas… ¿qué cunda el pánico? Ni hablar.

Existe un mundo mágico que podemos compartir adultos y peques, hipnótico, divertido y familiar, que es capaz de silenciar todos los “me aburro” y “qué rollo”: el cine.

Palomitas y peli: el plan infalible para pasar una tarde con tus hijos

En nuestra casa, que además sólo hay una criatura, estas tardes en las que parece que no hay nada que hacer, la situación se vuelve un poco más… no voy a decir intenso, porque con dos o tres o los que sean lo sería mucho más. Pero los momentos de aburrimiento están más que garantizados.

Ser hijo único tiene sus pros y sus contras, como todo en la vida, y no tener con quién compartir juegos y tiempo libre (a veces) se hace un poco pesado.

Así que estos días caseros, los pasamos como podemos. Unas veces con más alegría y actividad variada, y otros más de sofá, palomitas y peli. Cuando el clima se pone en nuestra contra, esta última opción es la mejor.

Empezamos involucrándonos todos a la hora de elegir la película que veremos. Después, viene el ritual: preparamos el picoteo (las palomitas son indispensables), nos sentamos cada uno en su sitio del sofá, nos colocamos la manta, nos ponemos cómodos.

Móviles fuera. Llega el momento de darle al play y el “silencio” sagrado cuando comienza la película. Que después se rompe con risas, preguntas, comentarios… ¡es inevitable! Pero muy divertido, porque es algo que no podrías hacer en un cine. Pero estás en tu casa, a las mil maravillas.

¿No te parece un momento perfecto para fotografiar?

Hace unas semanas, en una situación parecida a esta, pregunté en Instagram por películas para ver en familia con el señor Bajito, y resulta que salieron un montón de ideas interesantes.

Así que pensé que sería genial utilizar todas esas sugerencias y traerlas aquí, para guardarlas en el blog y poder consultarlas cuando las necesitemos.

39 películas para ver con tu hijo de 8 años

Tengo que decirte, que nosotros finalmente, vimos una película que ya hemos visto varias veces, pero que nos encanta: Lorax, en busca de la trúfula perdida. Si no la has visto aún, no te la pierdas, porque es muy bonita.

Ahora te dejo con las recomendaciones que nos sugirieron el resto de mamis y de las que estoy segura que veremos muchas (otras ya las hemos visto). La gran mayoría son películas aptas para todos los públicos, pero ten en cuenta que esta lista es para niños mayores de 7 años, por lo que siempre te recomiendo que ante la duda compruebes su calificación por edades:

  1. La trilogía de Regreso al futuro.
  2. El viaje de Chihiro
  3. El castillo ambulante
  4. Porco Rosso
  5. Los Goonies
  6. E.T., el extraterrestre
  7. Eduardo Manostijeras
  8. Héroes
  9. Billy Eliot
  10. Cuenta conmigo
  11. ¡Canta!
  12. La carrera del siglo
  13. Gru, mi villano favorito
  14. Zootrópolis
  15. Del revés (inside out)
  16. Up
  17. La historia interminable
  18. El mago de Oz
  19. La princesa prometida
  20. Kubo y las dos cuerdas mágicas
  21. Los mundos de Coraline
  22. Laberinto
  23. Cristal Oscuro
  24. Charlie y la fábrica de chocolate
  25. Indiana jones
  26. Jumanji (la de 1995)
  27. Los niños lobo
  28. Entrelobos
  29. Mi vida como un perro
  30. Kauwboy
  31. La saga de Star Wars
  32. Cualquier película de Tintín
  33. Karate kid
  34. Las películas de los Minions
  35. El fantástico Sr. Zorro
  36. Annie
  37. Zathura, una aventura espacial
  38. Mi amigo Totoro
  39. Cazafantasmas

Estas son las películas que me recomendaron en su momento, pero seguro que a ti se te ocurren otras tantas.

Por ejemplo, me acaban de chivar otras dos:  Ga’Hoole: La Leyenda de los Guardianes, y Cómo entrenar a tu dragón.

¿Conoces alguna otra?

Los momentos se crean

Eso de quedarnos en casa con los peques muchas veces nos da un poco de ansiedad, pero lo cierto es que es en casa donde se crean la mayoría de momentos que recordaremos en unos años.

En el hogar, al calorcito, con la seguridad de mamá y papá cerca, estamos en un ambiente que conocemos y reconocemos como nuestro. Son pedacitos de la historia de nuestra familia, de cómo pasamos el tiempo juntos y disfrutamos de nuestro hogar.

¿O no te acuerdas tú de esos momentos en los que veíais la tele en familia? Cuando jugabas con tus padres, tirados en la alfombra de casa. Cuando te preparaban la merienda. Cuando se inventaban historias para ti y te las contaban una y otra vez.

Momentos sencillos que más adelante evocaremos con nostalgia y agradeceremos poder recordar con toda la nitidez de la que seamos capaces.

Me encantaría conocer cuáles son los recuerdos que tienes de tu casa, con tu familia, cuando eras niña. ¿Los compartirías conmigo en comentarios?

Por cierto, si te gustan este tipo de post en el que cuento mis planes y puedo darte ideas tanto para ti como para realizar actividades con tu familia, dímelo o callaré para siempre 😛


Te lo mereces

Te lo mereces

Empieza la semana y me he levantado con un estado de ánimo un poco gris. ¡No todos los días son fiesta!

Las típicas mañanas de lunes con prisas, con “espabila que hay que ir al cole”, con rutinas que son ya parte de la familia. Y para rematar, el día amaneció gris y con llovizna.

Me he puesto un poco drama, lo sé. Pero no te preocupes, te prometo que el post acaba con final feliz 😀

Muy mujer

Ya sabes que mi trabajo está evolucionando de cierta manera. El cambio forma parte de mí (de todas en realidad), y aunque a veces es un rollo sentirte en una mudanza constante que nunca termina, también tengo que decir que es mi combustible diario. El cambio me alimenta, me da energía y me impulsa todo el rato hacia delante.

Y este fin de semana he estado pensando en mi cambio personal-laboral. Ahora tengo ganas de fotografiarte a ti, mujer que me lees. Pero la realidad es que siempre fuiste tú.

Primero como madre, seguramente porque era también el momento en el que me encontraba. La cámara me cayó en las manos cuando el Señor Bajito tenía año y medio, lo fotografié a él hasta la saciedad. Pero también a mí, madre del Señor Bajito.

Ahora he encontrado mi espacio personal, como la mujer que fui y que soy. Ese que en días como hoy me mantiene a salvo de los grises, y me deja ver el rayo que  esconden las nubes. El que me mantiene firme con los pies en la tierra.

Y ahora quiero fotografiarte a ti, porque también te mereces tu propio espacio. Estoy empeñada en que tengas más fotos tuyas y que no sean cualquier tipo de foto.

Quiero darte poder a través de la fotografías, que salgas de tu escondite y florezcas. Quiero que te veas en una foto y te gustes. Que te sientas bien contigo misma.

Y si pienso un poco más, me doy cuenta de que ya llevo mucho tiempo escribiendo sobre salir en las fotos, ¿te acuerdas? Hoy te quiero dejar algunos post que hicieron mención a ello de forma especial.

Para ti, para ellos, porque sí

Mira, sinceramente me acabo de dar cuenta de que en breve llega el día de la madre. Para mí mayo es especial, pero no por este día que me parece tan poco auténtico como San Valentín. Es especial porque cumplo años, celebro la vida, la mía. Y este año creo que será más especial que otros, porque por primera vez me siento tal y como quería. Y eso es mucho celebrar, ¿no crees?

Pero a veces pienso que no tenemos que esperar a que lleguen el día de la madre, o nuestro cumple, o el aniversario de nuestra boda.

Durante nuestra vida suceden millones de momentos triviales que nos hacen infinitamente más felices que esas celebraciones de calendario. Y los dejamos pasar sin hacer ni una sola fotografía. En cambio, ponemos toda la carne en el asador cuando se trata de un evento, por el simple hecho de que lo es.

Nos merecemos un regalo porque sí. Porque nos apetece, porque en días tristones como el de hoy, el cariño y el amor nos devuelven ese rayito tras las nubes.

Deja de esperar sentada a que ese cariño y ese amor te lleguen de fuera,  y empieza a reclamarlo desde dentro. Nosotras también podemos querernos así de bien y así de bonito.

¿Qué te hace feliz?

Seguramente en más de una ocasión, y por distintos motivos, te has parado a pensar alguna vez en esa gran pregunta. Parece más sencilla de lo que es.

La recupero para ti porque vamos tan deprisa por la vida, con esas rutinas, con las inercias diarias, que no tenemos un segundo para nosotras, para reflexionar.

Cierra los ojos y piensa, ¿qué te hace feliz? La risa de tus hijos, el abrazo de tu familia, pasear por la playa descalza, ponerte música bonita y mirar por la ventana, leer un libro, bromear con las amigas…

¿No son esos los momentos de la vida, y no otros, los que de verdad merece la pena recordar?

Así que, coge tu cámara y empieza a fotografiarlos. Que no se te olvide salir en las fotos…

Y si prefieres que sea alguien quien se encargue de hacer el trabajo, puedes contar conmigo.

Pongo mi cámara a tu disposición para atrapar los detalles que te emocionan, y para que te sirva de medio de liberación. ¿Cómo? Demostrándote lo hermosa que eres, haciendo que te sorprendas de tu belleza, y capturando los detalles que a veces se nos escapan y que son los que relatan tus vínculos con lo que te rodea.

Cambiemos el “salgo fea en las fotos” por un “me siento radiante y me veo guapa”

Cambiemos el “salgo fea en las fotos” por un “me siento radiante y me veo guapa”

Año 2030. Tu hijo te pide que vayas a por el álbum familiar, le apetece recordar y, de paso, enseñarle a su chica cómo era él de peque. Están pensando en tener descendencia y se han puesto sensibles.

Así que preparas unas bebidas y vas a por él, dispuesta a disfrutar de una sesión remember de las buenas, que también te han entrado ganas de mirar al pasado.

Y todo es genial. Es bonito ver otra vez su carita, enumerar las trastadas que hacía de pequeño, reconocer los rincones de tu casa, que ha cambiado tanto como vosotros.

Pero entonces tu hijo levanta la cara del álbum y lanza esta pregunta con tono triste: ¿Pero tú dónde estás? Mamá, no sales en ninguna foto.

Se oye un crujido. Creo que se te ha roto un poquito el corazón.

Así que vamos a cambiar el chip completamente. Aun estás a tiempo de evitar que esta escena futura suceda de verdad.

Tenemos que empezar a salir más en los recuerdos de nuestros hijos, dejar que la cámara la manejen otros y ponernos delante del objetivo. Porque el día de mañana, tus hijos querrán ver fotos tuyas, a solas, con ellos, con la familia. No les vas a negar ese deseo, ¿verdad?

Pero hoy quiero que pienses en otra forma de foto. Una diferente en al que tú eres la protagonista. Vamos a olvidarnos por un segundo de que somos madres. Vamos a cerrar los ojos y vamos a pensar en nosotras, sólo en nosotras.

¿Quiénes somos como mujeres? ¿Qué deseos tenemos? ¿Qué queremos conseguir en la vida? ¿Qué nos mueve por dentro?

Tú, la más bonita, créetelo

¿Sabes eso que dicen de que la belleza está en el interior? Me sonaba a pamplina, pero recientemente he descubierto que es una verdad como un templo.

La sociedad nos vende una perfección entendida desde el punto de vista del consumismo. Esa belleza es irreal y efímera porque es lo que interesa. Si durara demasiado tiempo, la moda y todo lo que la rodea se estancaría. Los intereses económicos son los que mueven en el mundo, eso nos es algo que te vaya a descubrir yo ahora.

¿Pero qué pasa si nos centramos en el adentro? ¿En nosotras, en lo que somos de verdad? Es en ese punto donde nadie nos puede decir lo que se lleva o lo que te tienes que poner, o si debes o no maquillarte, o si debes o no llevar tal cosa por la edad, por tu cuerpo.

Necesitamos invertir más tiempo y mimos en nosotras, en nuestro yo interior. Porque en el alma, en nuestra esencia, la belleza es genuina, y ni caduca ni sigue patrones.

Si comienzas a hacerlo, toda tú se verá reflejada en tu rostro, en tu cuerpo, en tu actitud. Y eso es lo que realmente nos hace bellas, sin importar la talla, la altura, el color de ojos o el pelo.

Tácticas para empezar a quererte y verte hermosa

Ya lo ves, salir guapa en las fotos es cuestión de creerte guapa, de sentirte bien en tu piel. Porque si tú disfrutas de ti misma, los demás también. Y no lo digo por decir. Lo he visto un millón de veces.

¿Cómo se consigue? Puede que te sientas lejos de ese estado idílico del que te hablo. Yo misma he estado alejada todos estos años y he tenido que trabajar(me) mucho para llegar donde estoy (conmigo misma). Pero se puede conseguir.

A continuación te doy algunas pinceladas de las tácticas que me han servido, y que espero que te den el impulso que necesitas para disfrutar de quien eres.

Rodéate de mujeres. Somos la mitad del planeta, somos muchas. Rodéate de quien entienda la vida como tú, de quienes vibren en la misma frecuencia. Nosotras nos proporcionamos una energía que sólo nosotras podemos darnos. Nútrete de ella.

Cuida de ti por dentro. Qué miedo da echar un vistazo hacia dentro. Hay “cositas” que preferimos no remover. Pero qué maravilloso y liberador es cuando empiezas a ver los resultados de examinar tu conciencia y tu corazón. No es una camino corto, ni fácil. Pero sin duda merece la pena.

Cuida de ti por fuera. Claro que sí. No eres vanidosa, ni creída por hacerlo. Es tu cuerpo, es un templo. Y hazlo sólo desde dónde tú entiendes el cuidado. No hace falta maquillarse si no te gusta y es una odisea. No hay que hacer dieta si no es tu deseo. Tenemos que sentirnos bellas nosotras, que nos vean los demás es un efecto secundario.

Reserva un tiempo para ti. La maternidad nos remueve por dentro, los primeros años son agotadores a todos los niveles. No dejes que te asfixie. Toma momentos y hazlos tuyos, que se centren en ti, tus deseos o necesidades personales. Cine, una cena con amigas, un pequeño viaje… Disfruta, porque sólo así todo lo demás tendrá sentido.

Cuando estás feliz contigo misma, se nota, irradias belleza

Sabes que no soy de píldoras mágicas, tampoco de las que hacen posar en las fotos. Soy de las que buscan dentro y lo sacan fuera. Es lo que hago conmigo, y es lo que hago contigo cuando estás delante de mi objetivo.

De verdad pienso que la belleza está dentro de cada una de nosotras, y que en muchas ocasiones nosotras no somos capaces de verla. Pero la gente que nos rodea y nos quiere es capaz de ver esa belleza aunque nosotras la tapemos con trapos, con maquillajes, con ojeras…

Para salir guapa en las fotos sólo necesitas sentirte guapa y que quien te hace las fotos te mire con cariño.

Así que empieza a quererte como lo hacen ellos y descubre tu propia belleza.


Si te apetece una sesión de fotos especial, no dudes en ponerte en contacto conmigo, te estoy esperando. Puedes enviarme un mail y contarme tu historia, seguro que salen cosas tan maravillosas como tú.


 

4 + 2 momentos vitales en los que tienes que hacerte fotos

4 + 2 momentos vitales en los que tienes que hacerte fotos

Confieso que yo, que abogo por conservar el momento, por derrotar a las agujas del reloj con la fotografía como arma, me he arrepentido varias veces de no haber sacado ciertas fotos.

Con la perspectiva que te da el paso de los años, me doy cuenta de que me faltan imágenes. Es desolador.

Me he puesto a pensar (miedito) en instantes y etapas de mi vida de las que anhelaría tener más fotos, y he encontrado 5 momentos vitales.

En mi caso, ya no es posible remediarlo, pero quizá tú estés a tiempo de conseguir lo que yo no pude: esos pedacitos de la memoria fijados en fotografía.

Me encantará que en la parte de los comentarios me digas si tú también te has planteado hacerte fotos en estos momentos, si tienes remordimientos como los míos, o si no le das mayor importancia. Siento mucha curiosidad.

Momentos vitales para recordar

La mayoría de las veces pensamos en hacernos fotos cuando queremos recordar algo, ¿verdad? Casi siempre nos centramos en eventos sociales, como las bodas, bautizos y cumpleaños.

Sin embargo, los 4 primeros momentos de los que te voy a hablar se pueden agrupar bajo el epígrafe de “la vida sin artificios”.

1) El embarazo.

Cuando estaba embarazada, quería fotos y nunca me las hice. Hubo una mezcla de no encontrar a la fotógrafa que me hiciera vibrar y de dejadez. Así de poco romántica soy a veces. Aún no me había puesto con esto de la fotografía y todavía no comprendía lo que me podía aportar. Y aunque yo me hice algunas, no son dignas de ser enseñadas, jajaja.

Pasaron los meses y el tiempo de mi embarazo se agotó. Ahora me enrabieto cada vez que lo pienso.

Que no te pase lo mismo, querida. Hazte fotos embarazada.

Busca a la fotógrafa que te retrate en esta etapa maravillosa y seguramente la única en la que tener barriga no será motivo de disgusto.

Si esa fotógrafa soy yo, contacta conmigo desde aquí para realizar tu reserva cuanto antes. El tiempo pasa muy deprisa.

2) Los primeros meses de la crianza.

Hay quienes quieren fotos de recién nacido, otras prefieren dejarlo para un poco más adelante. Lo de menos es el momento, pero no te quedes sin ellas.

Entre que te organizas los tiempos y te adaptas al nuevo orden establecido, es sencillo pasar por alto las fotografías.

Atesorar los primeros momentos de las vidas de nuestros hijos será un recuerdo maravilloso para ti pero también para ellos. Y pasan volando, así que hay que espabilar. ¿O no te ha pasado a ti de ver un recién nacido y a penas recordar cuando tu hija o hijo fue así?

Con las fotografías adecuadas conseguirás traer a la memoria hasta el olorcito que desprendían, mmmmm ♥

3) Con tus amigas.

Vamos a ver, nos hacemos fotos con los niños, con la pareja, con los monumentos de fondo… ¿y con las amigas no? Pues yo recientemente he descubierto que es una experiencia que hay que tener. Son recuerdos increíbles y las fotos sólo pueden salir bien. Porque con las amigas existe una conexión especial y es de bien dejarla ahí plasmada para toda la vida.

Hay mil momentos para esto: despedidas de soltera, viajes, divorcios (¿por qué no?)… Con ellas puedes ser tú misma, y os merecéis una sesión llena de cariño.

4) Cuando te sientes de maravilla.

Si estás atravesando una época increíble, sea la que sea, y sea por el motivo que sea, hazte fotos. Si estás bien estarás preciosa, radiante y eso saldrá por cada poro de tu piel. La foto no puede ocultarlo.

Además, será genial ver esas fotografías cuando no estés en horas tan altas. Podrás empaparte de esa energía que tienes ahora en otros momentos y servirte de ellas para  subirte el ánimo. Recordarte que es posible recuperarte y, que aunque no siempre es así, en ocasiones la vida es maravillosa.

La otra cara de la moneda, el lado oscuro que también es bueno recordar

Al invitarte a hacerte más fotos, seguramente habrás pensando en momentos puntuales de tu vida en los que fuiste feliz o te lo pasaste en grande. Esos en los que te sientes en la cresta de la ola, celebrando la juventud, el éxito o una etapa plácida con la gente adecuada y en el lugar adecuado. Cuando te sientes realmente bien, guapa, te apetece más sacarte fotos.

Pero la vida se compone de claros y oscuros.

A veces pasamos por momentos que desearíamos borrar. Un bache emocional en el que estás luchando o simplemente te sientes triste. Huyes de la cámara, no te apetece, no te sientes ni con ganas ni con fuerzas.

Probablemente pienses que no querrás acordarte de eso más adelante, que para qué hacerte fotos en este momento de tu vida tan feo, tan gris.

Yo te animo a que lo pienses dos veces.

La fotografía son recuerdos en forma de imagen pero también nos retratan y nos sirve de espejo. Si reúnes el valor suficiente para mirarte en él, hace que tengamos una relación con nosotras mismas muy diferente.

Lo que trato de decirte es que hasta el lado oscuro de tu vida puede servirte para hacerte fuerte, aprender de errores y comenzar a gestionar tus sentimientos de manera positiva. Y puede ser interesante para ti observarte precisamente en ese momento de sombras.

La fotografía es una herramienta, un medio de expresión. Úsala para tu beneficio.

¿Qué tal ahora?

Tanto pensar en el pasado y en el futuro, hace pequeño el presente.

Esta es mi sugerencia para hoy. Para ya.

Coge la cámara y haz fotos de tu ahora. ¿Dónde estás? ¿Con quién estás pasando el día? ¿Cómo te ves? ¿Y cómo te sientes?

O piensa en la experiencia de disfrutar de un día para ti, de cuidarte. Ir a la pelu, ponerte más guapa aún. Y dejarte querer, que la gente te mime, te adore y refleje toda esa belleza que llevas dentro y que tú, ahora mismo, no consigues ver.

Fotografía tu presente. Este es el mejor momento para hacerte fotos, para verte bonita, especial. Es un momento precioso para abrazarte. El ahora es el único tiempo real.

Escríbeme a través de este formulario si quieres reservar ya mismo tu sesión.

5 consejos para elegir correctamente a la fotógrafa de tus sueños y amar por siempre sus fotografías

5 consejos para elegir correctamente a la fotógrafa de tus sueños y amar por siempre sus fotografías

Muchas personas me preguntan por qué no llevo a mi hijo al pediatra que le corresponde y voy a otro centro de salud diferente, teniendo más cerca el que nos toca por zona.

También me preguntaron en su día por qué llevaba a mi hijo a un colegio que está a 30 minutos de nuestra casa en coche teniendo buenos coles a 10 minutos caminando (esto tiene especial peso en una comunidad pequeña, donde los recorridos tan largos no se conciben si no es para irte de fin de semana como mínimo). Se entiende menos cuando el cole es público y ni siquiera pago por ir.

Por supuesto, también me preguntaron por qué me fui a Barcelona a tatuarme, que si en Cantabria no había buenos tatuadores, que me tenía que ir a 700 kilómetros para hacerme un cactus.

La respuesta es sencilla: si sé que existe lo que quiero, que me gusta, que me toca la fibra, que está acorde con mis valores y mi estilo, ¿por qué voy a conformarme con lo primero que veo, lo fácil, lo que escoge todo el mundo, sólo porque está ahí? La resignación no va conmigo.

De lo bueno, busca siempre lo mejor, también en fotografía

Siempre he sido inconformista, es una característica muy mía. Si conozco algo extraordinario, lo bueno me parece insuficiente.

Me pasa con todo. A veces no me queda más remedio que ceder a regañadientes, cuando las circunstancias aprietan y mandan. Pero si hay una mínima posibilidad de conseguir lo que deseo, ¿por qué voy a renunciar a ello?

Si hay que ahorrar, se ahorra. Si hay que madrugar, se madruga. Si hay que pillar un avión, se pilla. Y si hay que esperar un año, pues se espera. Pero ya no me contento con menos.

Piénsalo. El otro camino sería más sencillo, pero no sería el tuyo. Al final, ¿estarías a gusto con el resultado sabiendo que existía una posibilidad que te lo daba todo?

En fotografía ocurre lo mismo. Si conoces el trabajo de un profesional que te enamora, que hace exactamente el estilo de fotografía con el que te sientes identificada, ¡ve a por él! Seguramente, él o ella te estará también buscando. Tú eres su clienta extraordinaria, de lo bueno, la mejor.

Cuando este encuentro sucede, saltan chispas, aquí y en cualquier sector. Hay feeling, entendimiento, energía que fluye. Llámalo como quieras, pero el resultado es un trabajo que se sale de lo normal. Y te diré una cosa: no te mereces menos.

Te pongo un ejemplo: mi experiencia con el tatuaje (y la tatuadora) no ha podido ser mejor, y te cuento por qué.

Cuando el trabajo de una persona te vincula con ella

Sabes de sobra que soy una persona muy emocional, me muevo desde dentro y si algo no me hace dar saltitos de alegría, es que no es para mí. Necesito sentir ese regocijo por dentro, ese pellizco que te hace vibrar y que surge cuando estás ante algo que está hecho para ti. Lo sabes, lo percibes, es algo instintivo.

Y eso me pasó cuando conocí el trabajo de Mónica Sampietro. Sus tatuajes se salen de la norma. Los trazos, el relleno, su forma de trabajar, es una puta pasada (siento la palabra malsonante, pero necesitaba ponerla para que entiendas la intensidad que tiene su trabajo en mí). En cuanto vi su trabajo, supe que lo quería.

Me iba a tatuar por primera vez, era algo que llevaba pensando meses y cuando encontré a la persona adecuada para hacerlo, ¡sorpresa! No había quien contactara con ella por la agenda que tenía. Cuando la abría, se llenaba en 10 minutos literalmente.

Era el horror, todo parecía indicar que era imposible conseguirlo. Pero mi cabezonería y la certeza de que no podría dejarme tatuar por nadie más, hizo que insistiera.

O ella o nadie, así de sencillo. ¡Me iba a pintar la piel para siempre! Necesitaba que me lo hiciera alguien que me causara precisamente esta locura. Necesitaba que quien me tatuase por primera vez fuera alguien a quien yo admiraba profundamente y que cada vez que viese un diseño suyo me hiciese desearlo con todas sus fuerzas. No había más posibilidades.

Cuando un estudio de Barcelona anunció que Mónica empezaba a tatuar allí, les escribí de inmediato. Y al cabo de unos días, y para mi gran sorpresa, me respondieron. Juan, su dueño, me llamó un domingo para agendar mi cita con Mónica. ¡Lo había conseguido! Me iba a ir a Barcelona y me iba a tatuar con ella.

Tras año y medio intentándolo, créeme, esto es para saltar de alegría y no parar. Locurón máximo.

 

¿Cómo es trabajar con alguien a quien admiras?

Abre bien los ojos porque te voy a contar un secreto: todos los profesionales buscamos al cliente ideal. Piensa en cualquier sector que puedas imaginar: fruta, zapatillas, pinchos caseros. Da igual. Todos y cada uno de nosotros te estamos buscando con tanta intensidad como tú buscas al profesional perfecto para ti.

Trabajar con alguien a quien admiras tanto es tan intenso como cuando encuentras a una persona que acude a ti, por tus servicios, y conectáis. Tú estás deseando trabajar con ella, y ella quiere trabajar contigo. 

De ahí sólo puede salir algo increíble. Las energías se juntan, la creatividad fluye y lo sería un servicio más, se transforma en la mejor de las experiencias.

Cuando Mónica terminó mi tatuaje, me preguntó: ¿cómo te sientes llevando un tattoo? A lo que yo le contesté: No llevo un tattoo, llevo una obra de arte en mi piel.

Y así surge la magia, así es como te llevas experiencias vitales de las que disfrutas el resto de tu vida.

Trabajar con quien admiras se hace sencillo y emocionante. Es como hablar con alguien a quien conoces toda la vida: te entiende, se pone en tu situación, hay respeto mutuo.

Cuando yo soy la que tatúa

Ay, amiga. A veces también me toca estar en el otro lado. A veces soy la persona a la que otra elige para llevarse sus recuerdos grabados en papel. La energía es la misma pero en distinta dirección.

Conectar para poder narrar el momento que estás viviendo. Es lo que le da sentido a mi trabajo, y es lo que me mueve cada día. Y eso sólo lo haces posible tú.

Hacer fotos a mujeres es lo que últimamente me hace vibrar más. Y cuando hay vínculo entre la mujer que retrato y yo, es emocionante.

Las fotografías recogen un momento valioso para ti. Son tus recuerdos más preciados, así que intenta escoger bien a la fotógrafa que va a encargarse de ellos. ¿Cómo saber si estás ante la persona adecuada para hacerte tus fotografías?

    • Mira con detalle su trabajo: observa otras fotografías que ha hecho para saber si es tu estilo. Quizá tengas ya una idea muy clara de lo que quieres, o preferencias con el color, la luz, un estilo más clásico o muy fresco… Antes de dar el paso, cerciórate de que el fotógrafo realiza la clase de fotografía que tú estás buscando.  Cuando observas su trabajo, ¿te imaginas siendo la protagonista de sus fotos? ¿Comparte tus valores y tu forma de entender la fotografía? Si tu respuesta es afirmativa, sigue con el siguiente paso.
    • Analiza cómo se expresa en su web, en su blog, en las redes: detrás de cada profesional hay una persona, nunca lo olvides. ¿Sientes que podrías entenderte con ella? ¿Que utiliza tu lenguaje y va a ser sencillo mantener una conversación? ¿Estáis en sintonía? ¿Sí? Pues adelante, sigue idagando.
    • Si has encontrado a alguien que te gusta, pero no se encuentra en el lugar donde vives, pregúntale si contempla la posibilidad de desplazarse antes de tirar la toalla. Si el fotógrafo siente que tú eres la clienta perfecta, seguramente no le importará tener que moverse. Eso sí, piensa que eso generará más gastos que se añadirán a su presupuesto inicial.
    • Si no tiene las tarifas publicadas en su web, pregúntale por ellas para saber si su trabajo se ajusta a tus posibilidades actuales. Pero, por favor, esto te lo pido de corazón, no intentes regatear el presupuesto que te dé porque cuesta un mundo ponerle precio a tu trabajo, y cuando lo haces, es el que es por una razón y en esa cifra final van incluidos numerosos aspectos. Si te encanta el trabajo de esa persona pero ahora mismo no puedes permitírtelo, puedes preguntarle por métodos de pago a plazos o, sino, quizá esperar un momento en el que estés más holgada y no te suponga quedarte tiesa de dinero.
    • Habla con el fotógrafo antes de tomar una decisión, aunque su trabajo te enamore. Una conversación con él/ella despejará cualquier duda que tengas sobre si es tu profesional ideal. En esa conversación podrás plantearle los puntos que sientes que son más sensibles, aquellos que te preocupan especialmente. Verás cómo se expresa, si te escucha. En definitiva, si la conexión que sentiste al ver su trabajo es real o sólo fue una ilusión. Después de esa conversación, ¿sigues sintiendo cosquillas en el estómago o en la piel? ¿Es como si esa persona supiera qué necesitas sin necesidad de demasiadas explicaciones? Ya no dudes más, es tu fotógrafo.

Indaga, compara y pregunta, que hablando se entiende la gente. Pero no dejes en manos de cualquiera tus recuerdos. Antes de tomar la decisión, piensa bien si la persona elegida va a saber capturar tu momento de la manera en que quieres.

Te mereces fotografías realizadas con mimo, que te emocionen, y que toda la experiencia de la sesión sea inolvidable. Como un tatuaje 😉

La fotografía es un tatuaje en la memoria

La fotografía es un tatuaje en la memoria

Después de años ejerciendo de madre de manera muy intensa, qué bien sienta pegarse un buen homenaje con las amigas.

A veces parece  más fácil que te toque la lotería que encontrar una fecha en el calendario que le cuadre a todas, pero al final las ganas locas de tener ese momento para nosotras y un poco de organización, consiguieron el milagro.

Finalmente, pudimos marcar unos días en la agenda y decir “Esto es inamovible. Ya puede tronar y caerse el mundo a pedazos, que yo me voy con mis amigas a darlo todo”.

Para mis dos compañeras de esta aventura y para mí, la disculpa fue hacernos un tatuaje, el primero para las tres. Y el destino, Barcelona.

Llevábamos desde enero esperando este viaje. Conseguir cita con Mónica Sampietro es poco menos que misión imposible, pero yo soy muy cabezona y no quería que nadie más estrenase mi piel. Así que tras año y medio intentándolo, lo conseguí. Y además me fui con la mejor de las compañías.

Tatuarse a los treinta y tantos

Los tatuajes me han gustado desde siempre, pero había dos miedos que me echaban para atrás (y supongo que son los miedos comunes de cualquier que se lo esté pensando):

  • Cansarme del tatuaje en cuestión.
  • No soportar el dolor.

Y como los últimos años estoy trabajando duro en derribar cada uno de los temores absurdos que evitan que haga aquello que me apetece hacer, por fin le llegó la hora a estos. Se dice pronto, pero en realidad llevo pensando en este tattoo más de dos años.

Primero surgieron las ganas de tener uno, sin más, y más tarde la idea de lo que quería. Lo único que tengo seguro en esta vida, como cualquier madre, es el amor hacia mi hijo. Así que estaba claro que tenía que ir sobre él, pero también quería que hablara sobre mí. Resulta que yo también soy una persona importante en mi vida 😛 .

Entonces surgió la imagen del cactus. Quizá otro día te explique todo lo que significa este cactus para mí.

Si te parece una chifladura hacerte el primer tatoo a estas edades, un capricho más propio de la adolescencia, te diré que puede que tengas razón, pero que vivan las extravagancias porque a la locura se unieron Violeta y María, y las tres juntas hemos vivido un fin de semana intenso, divertido y lleno de una energía brutal. Como las protagonistas de una novela de aventuras juvenil.

Tatuarme a los treinta y tantos, en grupo, y con alevosía, ha sido un plan delicioso. Creo que me siento hasta más joven.

La importancia de retomar el hilo: ¿quién eras antes de ser madre y tener mil obligaciones?

A simple vista parece que el tatuaje ha sido el motivo principal para hacer este viaje. Pero si miro las imágenes del fin de semana, me doy cuenta de que lo verdaderamente importante fuimos nosotras.

Nuestra felicidad sale por los poros, y no somos capaces de disimularlo ni un poquito.

Estar juntas, pensar sólo en femenino, alquilar un apartamento precioso, pasear por una ciudad llena de vida (y lluvia), mirar tiendas, probarnos ropa, hablar sin que nadie nos interrumpa, sin que nadie nos haga perder el hilo de la conversación, ¡qué sensación tan maravillosa! Ha sido liberador, estoy segura de que me entiendes.

La maternidad es maravillosa pero es fácil perderse en ella, ¡y está muy bien! Forma parte del camino y tienes que experimentarla a tope. Pero, ¿qué pasa cuando los niños crecen y tienes más tiempo para ti? A veces te das cuenta de que has olvidado quién eres, qué te gustaba hacer y cómo hacías para romper las rutinas. Y para colmo, es probable que descubras que ya no eres la de antes.

¿Recuerdas cómo eras y cuánto te apoyabas en tus amistades cuando eras una jovenzuela?

Si necesitas retomarlo, recuperarte a ti misma, no tienes que sentirte mal por ello, por querer salir sin hijos ni maridos. Creo que es sano. Y que debemos sentirnos bien con cada decisión que tomamos y disfrutar cada una de ellas.

Conectar con nosotras mismas, ejercitar la complicidad con las amigas, compartir nuestras historias personales, es un regalo que tenemos que hacernos. Nos lo debemos tras muchos años con la cabeza metida en la maternidad, los trabajos, la familia.

Disfrutar de esta forma, sólo nosotras, mujeres, amigas. Te lo recomiendo hasta el infinito. Es más, deberían prescribirlo los médicos. He dicho.

Fotografías para grabar ese momento, recordar y volver a viajar allí una y otra vez

De este viaje me llevo 2 tatuajes, ropa a estrenar y momentos que no quiero olvidar jamás.

Recordar el momento que estamos viviendo ahora mismo será más importante cuando la vida no me tenga preparadas vivencias tan bonitas. Sentarme a ver estas imágenes tendrá mucho más valor de aquí a unos años.

Ahora tengo la memoria fresca, la piel de gallina aún no se me ha pasado y recuerdo todo con mucha viveza. Pero el tiempo y la vida se encargarán de difuminarlo.

Por eso, mis amigas y yo hemos decido hacernos un álbum con las fotos del fin de semana. También queremos tatuarnos en la memoria las anécdotas, las calles por donde paseamos, las risas y las pintas que llevábamos. Lo queremos todo, lo más amarrado posible a nuestra piel.

Así, cada vez que lo necesitemos, abrir el álbum será como escapar de nuevo las tres solas a ese lugar donde fuimos intrépidas jovencillas otra vez. Revivirlo a través de las imágenes, y volver a ese estado emocional que forjamos juntas.

Y tú, ¿cuándo fue la última vez que te diste un homenaje con tus amigas?

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