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¿Qué hacer cuando tu hijo se aburre en casa?

¿Qué hacer cuando tu hijo se aburre en casa?

Una cree que, después de tanto tiempo sacándose trucos de la manga, la próxima vez será todo coser y cantar. Pero qué va. Aquí sigo, estrujándome los sesos cada vez que una situación me crea un dilema y me frustra.

La cosa es que hace unas semanas, el padre de la criatura tenía planes pero el Señor Bajito y yo no teníamos ninguno.

Se juntó con un fin de semana lleno de agua y tormentas con las pocas ganas de salir de casa y mi cabeza casi explota. De nuevo, esa pregunta, ¿qué hacemos? Pero conseguí reconducir mi frustración y conseguimos un plan casero de lo más molón.

Así que en la línea de algunos de los últimos post, hoy vengo con recursos que quizás te sirvan a ti también para estas crisis caseras. Y seguro que abren el hilo de comentarios y tú me aportas a mí mil ideas más para días como estos.

La tormenta perfecta

A ver, la cosa era así: predicción de tormentas, lluvias a tutiplén y un partido que el Señor Bajito quería ver y yo no. Estábamos abocados al fracaso. Así que me siento especialmente buena madre y buena persona, porque conseguí frenar todo eso. ¡Medallita, por favor!

No te voy a engañar, pasé un momento de pataleta. No quería hablar y estaba enfadada. Me visualizaba encerrada y sin nada que hacer el fin de semana, que son los días que tenemos para ser más libres, y eso me ponía de muy mal humor. Pero cuando conseguí respirar hondo, tracé el plan perfecto.

Busqué la mejor forma de comunicársela al Señor Bajito, porque hay que recordar que él tampoco estaba muy receptivo. Pero sabía que no podría resistirse.

Así que nos hicimos una comida rica a base de crema de calabaza y torta de maíz con verduras y pollo. Era la primera parte del plan, ganármelo por el estómago. Es maquiavélico, lo sé, pero funciona.

Mientras se relamía, le conté que había pensado en algunas cosas para el día en casa. Me miró expectante.

– Señor Bajito, tengo un plan para la tarde.

– A ver, cuenta.

– Podemos construir un puente.

– ¿Un puente? Mamá, ¿en qué estás pensando?

– ¿Recuerdas ese puente de madera que trajo tu tío de Oporto? ¡La maqueta  del puente!

– ¡Aaaah! Lo recuerdo.

– Se me ha ocurrido que podemos montarlo juntos.

– Vale.

– Después, he pensado que como tú quieres ver el partido de fútbol y yo no, podemos hacer acampada en el salón y tú te ves el partido y yo descanso (traducido a lenguaje de mamás: me duermo los 90 minutos de partido).

– ¡Molaaaaa!

– Quizás entre una cosa y otra nos veamos una peli y comamos palomitas. Y… ¿Me dejarás hacerte fotos?

– ¡Todas las que quieras, mamá!

El plan iba viento en popa.

Salón patas arriba

Mover mesa, traer colchón de la cama grande al salón, descolgar cuadros… esas típicas cosas de domingo que son bastante entretenidas. Parece que estás montando un fuerte.

Y así, tras comer, nos pusimos manos a la obra con el puente de Oporto, que se nos ha quedado a medias. Pero eso es bueno, tenemos actividad para otro momento de crisis como este.

Un poco de música, correr las cortinas para que entre toda la luz que se pueda, acercar la mesa a las ventanas (os recuerdo que el día estaba de tormenta y había que ir a la caza de toda la luz natural que hubiera).

¡Qué divertido es montar, ensamblar, lijar y construir! Más de lo que recordaba.

También hubo momento «mamá, ponte en las fotos, y yo las hago«. Locura (y felicidad) total.

Sin duda, el momento favorito fue cuando nos llevamos el colchón enorme y pesado de una punta de la casa a la otra. Saltar, rodar, voltereta por aquí, mortal por allá. La cámara no daba a basto.

Y después de tanto salto, un poco de descanso: palomitas y peli.

Dormir en el salón es una experiencia divertida. De vez en cuando es bueno salirse de lo normal y hacer algo un poco diferente. En tu casa, ¿qué hacéis cuando os ataca el aburrimiento en familia? ¿Me lo cuentas?

Si necesitas más ideas, te recomiendo que leas el plan de cine familiar de hace unas semanas.

Y si tienes un plan molón, y quieres guardarlo para siempre, me encantará ser testigo y ayudarte a que perdure en el tiempo.

El valor de los recuerdos

El valor de los recuerdos

Durante los últimos días, Facebook me ha recordado que hace 4 años realicé un viaje sin retorno. Uno de los más especiales que haya hecho nunca.

Comenzó siendo de trabajo, y terminó transformándose en la experiencia más enriquecedora para mí y, probablemente, para mi hijo hasta la fecha.

Hoy, 4 años después, estas fotos tienen mucho más valor que entonces y menos valor que dentro de 15 o 20 años, cuando las vuelva a ver y me refresquen la memoria devolviéndome las sensaciones de aquellos rincones y todas las anécdotas que nos sucedieron.

11 de mayo del 2014

Ya la fecha decía que iba a ser especial. Me iba de viaje el mismo día de mi cumpleaños. Lo hacía con mi hijo, que por aquel entonces tenía 4 años, y me marchaba 4 días a Dublín, a casa de la familia de Ana, a retratarles como nunca he retratado a nadie por trabajo.

Casi siempre realizo las sesiones en Cantabria y Madrid, pero en esta ocasión me desplacé a otro país para familiarizarme con sus rutinas, los rincones más especiales para ellos y poder crear recuerdos del hogar que habían creado allí.

Si te soy sincera, creo que es la mejor forma de hacer este trabajo. Colarme en tu casa, en las entrañas de vuestras vidas por unos días. Eso me permite conoceros, conectar y sacar las maravillas cotidianas que son las que de verdad queremos atrapar y recordar cuando pasa el tiempo.

A Ana la conocí en Madrid. La primera vez que la vi fue una explosión de energía positiva.

Ella me conocía porque estaba haciendo algunos de mis cursos en su formación de Asesora Continuum, pero yo no sabía nada de ella. Aunque su abrazo y su sonrisa me engancharon de inmediato.

Nos volvimos a encontrar en Madrid, al cabo de un tiempo. En esta ocasión cenamos juntas, con muchas otras mujeres. Y no paré de reír con sus historias y sobre todo con su manera de narrarlas. Lo próximo que supe de ella es que quería que fuese a su casa, que por aquel entonces estaba en Dublín, y retratar a su familia.

Maleta, cámara, y acción

Yo, que no necesito mucho para coger la maleta, compré el billete en un pis pas. Pero no sólo eso. Pensé que sería una ocasión excepcional para que mi hijo me acompañara y viviera la experiencia de un viaje de estas características. Sí, trabajo y familia, todo junto. Conciliación real, ¡qué cosas!

Y así nos plantamos en una casa preciosa en Dublín. Pero hoy no te voy a hablar de la parte de Ana y su familia, porque eso ya lo hice en otro post.

Hoy vengo a hablarte de mis recuerdos, de esos que me invaden cuando veo las fotos de su familia, pero también las del Señor Bajito.

¿Y sabes qué es lo primero que se me viene a la cabeza? La transformación tan grande que supuso para él y para mí este viaje.

Hasta la fecha, era un pequeño sensible y su necesidad de estar junto a mí era tan grande que a veces nos hacía sufrir a los dos. Pero este viaje juntos nos dio a los dos el permiso de estar unidos, uno al lado del otro, respetando nuestro espacio personal.

Fue el momento en el que comenzó a confiar en sí mismo y a soltar su manita. Puede que yo también lo hiciera, y eso le ayudó a él. Al fin y al cabo, este asunto es cosa de dos 😀

Verde Cantabria, verde Dublín

A nivel emocional fue increíble. Su conexión con el pequeño de Ana y con ella misma me dejó fascinada. Disfrutó tanto de estar con ellos, que yo misma lo gocé el doble.

Pero de este viaje me llevé muchas más experiencias.

Una que es de Cantabria y está acostumbrada al verde, cuando llega a Irlanda no se asusta ni se asombra. Pero sí reconocí que allí, el verde es más intenso, y tiene todavía más poderío. Lo envuelve todo, es salvaje, libre, y si le dejas se extiende por todas las superficies. Recuerdo la sensación de que invadía carreteras y casas. Me encantaba.

También me quedé enamorada de sus construcciones. Ahí sí que se diferenciaba de mi tierra. La piedra y lo celta están presentes en cada rincón.

¡Ah! Momento friki. ¿Sabes lo que me encantó de Irlanda? No sé si conoces esta faceta mía. Pero tengo predilección por los cementerios. Sí. Ya está, ya lo he dicho.

Pues los de Dublín me fliparon.

La nostalgia es un viaje en el tiempo

Mirar hacia atrás de vez en cuando es maravilloso. Encontrarte con estas fotos y recordar, viajar en el tiempo, detenerlo y congelarlo por unos momentos gracias a un trozo de papel (bueno, vale, o a una foto en la pantalla).

Retornar a los lugares en los que fuiste feliz, volver una y otra vez a esos momentos que son la vida y que forjaron la persona que ahora eres.

La fotografía permite ir atrás y volver al presente tantas veces como queramos.

No me digas que no te encanta bucear en los recuerdos de tu infancia. A mí me vuelve loca abrir el cajón de las fotos en el salón de mi madre y recordar.

Es cierto que el pensamiento recurrente de «cualquier tiempo pasado fue mejor» puede dejarte algo tocada. La nostalgia duele un poco en el corazón. Pero se me pasa pronto cuando me doy cuenta de que puedo seguir creando momentos como aquellos a partir de ahora.

Está en nuestra mano realizar nuevos viajes, organizar reencuentros, hacer nuestro día a día memorable, e inmortalizarlo todo con la fotografía es ahora más sencillo que nunca.

El valor de los recuerdos es incalculable.

 

Ideas para tu sesión de fotos: tarde de cine familiar y palomitas

Ideas para tu sesión de fotos: tarde de cine familiar y palomitas

Por lo general, soy una persona bastante propensa a la improvisación y a los impulsos (otros dirán que desorganizada, pero a mí me gusta más esta otra forma de verlo, que es más chic). Pero a veces me planifico y todo.

En ocasiones, elaboro una lista de posibles temas para escribir en el blog, y la cumplo.

Otras, como esta semana, me salto la lista a la torera porque, de pronto el tema que tenía pensado no me apetece, o porque el contexto cambia y entonces creo que a nadie le interesará leer sobre lo que tenía planificado.

Para hoy tenía la idea de rescatar un borrador que empecé hace algún tiempo, pero entonces se me antojó que no era el momento, que me latía más escribir sobre otros temas, y uno de ellas es “planes en familia”.

Porque aquí hablamos de momentos para recordar, y crearlos es lo primero, ¿verdad? E insisto que son los cotidianos, esos que parecen más normalillos, los que al final son los que más añoramos.

Este fin de semana volvió el frio, la lluvia a tiempo completo y, con todo ello, las ganas de manta y sofá. Con este panorama, flota una pregunta en el aire. ¿Qué hacemos con los niños si afuera no se me puede aguantar?

Niños encerrados en casa durante tantas horas seguidas… ¿qué cunda el pánico? Ni hablar.

Existe un mundo mágico que podemos compartir adultos y peques, hipnótico, divertido y familiar, que es capaz de silenciar todos los “me aburro” y “qué rollo”: el cine.

Palomitas y peli: el plan infalible para pasar una tarde con tus hijos

En nuestra casa, que además sólo hay una criatura, estas tardes en las que parece que no hay nada que hacer, la situación se vuelve un poco más… no voy a decir intenso, porque con dos o tres o los que sean lo sería mucho más. Pero los momentos de aburrimiento están más que garantizados.

Ser hijo único tiene sus pros y sus contras, como todo en la vida, y no tener con quién compartir juegos y tiempo libre (a veces) se hace un poco pesado.

Así que estos días caseros, los pasamos como podemos. Unas veces con más alegría y actividad variada, y otros más de sofá, palomitas y peli. Cuando el clima se pone en nuestra contra, esta última opción es la mejor.

Empezamos involucrándonos todos a la hora de elegir la película que veremos. Después, viene el ritual: preparamos el picoteo (las palomitas son indispensables), nos sentamos cada uno en su sitio del sofá, nos colocamos la manta, nos ponemos cómodos.

Móviles fuera. Llega el momento de darle al play y el “silencio” sagrado cuando comienza la película. Que después se rompe con risas, preguntas, comentarios… ¡es inevitable! Pero muy divertido, porque es algo que no podrías hacer en un cine. Pero estás en tu casa, a las mil maravillas.

¿No te parece un momento perfecto para fotografiar?

Hace unas semanas, en una situación parecida a esta, pregunté en Instagram por películas para ver en familia con el señor Bajito, y resulta que salieron un montón de ideas interesantes.

Así que pensé que sería genial utilizar todas esas sugerencias y traerlas aquí, para guardarlas en el blog y poder consultarlas cuando las necesitemos.

39 películas para ver con tu hijo de 8 años

Tengo que decirte, que nosotros finalmente, vimos una película que ya hemos visto varias veces, pero que nos encanta: Lorax, en busca de la trúfula perdida. Si no la has visto aún, no te la pierdas, porque es muy bonita.

Ahora te dejo con las recomendaciones que nos sugirieron el resto de mamis y de las que estoy segura que veremos muchas (otras ya las hemos visto). La gran mayoría son películas aptas para todos los públicos, pero ten en cuenta que esta lista es para niños mayores de 7 años, por lo que siempre te recomiendo que ante la duda compruebes su calificación por edades:

  1. La trilogía de Regreso al futuro.
  2. El viaje de Chihiro
  3. El castillo ambulante
  4. Porco Rosso
  5. Los Goonies
  6. E.T., el extraterrestre
  7. Eduardo Manostijeras
  8. Héroes
  9. Billy Eliot
  10. Cuenta conmigo
  11. ¡Canta!
  12. La carrera del siglo
  13. Gru, mi villano favorito
  14. Zootrópolis
  15. Del revés (inside out)
  16. Up
  17. La historia interminable
  18. El mago de Oz
  19. La princesa prometida
  20. Kubo y las dos cuerdas mágicas
  21. Los mundos de Coraline
  22. Laberinto
  23. Cristal Oscuro
  24. Charlie y la fábrica de chocolate
  25. Indiana jones
  26. Jumanji (la de 1995)
  27. Los niños lobo
  28. Entrelobos
  29. Mi vida como un perro
  30. Kauwboy
  31. La saga de Star Wars
  32. Cualquier película de Tintín
  33. Karate kid
  34. Las películas de los Minions
  35. El fantástico Sr. Zorro
  36. Annie
  37. Zathura, una aventura espacial
  38. Mi amigo Totoro
  39. Cazafantasmas

Estas son las películas que me recomendaron en su momento, pero seguro que a ti se te ocurren otras tantas.

Por ejemplo, me acaban de chivar otras dos:  Ga’Hoole: La Leyenda de los Guardianes, y Cómo entrenar a tu dragón.

¿Conoces alguna otra?

Los momentos se crean

Eso de quedarnos en casa con los peques muchas veces nos da un poco de ansiedad, pero lo cierto es que es en casa donde se crean la mayoría de momentos que recordaremos en unos años.

En el hogar, al calorcito, con la seguridad de mamá y papá cerca, estamos en un ambiente que conocemos y reconocemos como nuestro. Son pedacitos de la historia de nuestra familia, de cómo pasamos el tiempo juntos y disfrutamos de nuestro hogar.

¿O no te acuerdas tú de esos momentos en los que veíais la tele en familia? Cuando jugabas con tus padres, tirados en la alfombra de casa. Cuando te preparaban la merienda. Cuando se inventaban historias para ti y te las contaban una y otra vez.

Momentos sencillos que más adelante evocaremos con nostalgia y agradeceremos poder recordar con toda la nitidez de la que seamos capaces.

Me encantaría conocer cuáles son los recuerdos que tienes de tu casa, con tu familia, cuando eras niña. ¿Los compartirías conmigo en comentarios?

Por cierto, si te gustan este tipo de post en el que cuento mis planes y puedo darte ideas tanto para ti como para realizar actividades con tu familia, dímelo o callaré para siempre ?


Te lo mereces

Te lo mereces

Empieza la semana y me he levantado con un estado de ánimo un poco gris. ¡No todos los días son fiesta!

Las típicas mañanas de lunes con prisas, con «espabila que hay que ir al cole», con rutinas que son ya parte de la familia. Y para rematar, el día amaneció gris y con llovizna.

Me he puesto un poco drama, lo sé. Pero no te preocupes, te prometo que el post acaba con final feliz 😀

Muy mujer

Ya sabes que mi trabajo está evolucionando de cierta manera. El cambio forma parte de mí (de todas en realidad), y aunque a veces es un rollo sentirte en una mudanza constante que nunca termina, también tengo que decir que es mi combustible diario. El cambio me alimenta, me da energía y me impulsa todo el rato hacia delante.

Y este fin de semana he estado pensando en mi cambio personal-laboral. Ahora tengo ganas de fotografiarte a ti, mujer que me lees. Pero la realidad es que siempre fuiste tú.

Primero como madre, seguramente porque era también el momento en el que me encontraba. La cámara me cayó en las manos cuando el Señor Bajito tenía año y medio, lo fotografié a él hasta la saciedad. Pero también a mí, madre del Señor Bajito.

Ahora he encontrado mi espacio personal, como la mujer que fui y que soy. Ese que en días como hoy me mantiene a salvo de los grises, y me deja ver el rayo que  esconden las nubes. El que me mantiene firme con los pies en la tierra.

Y ahora quiero fotografiarte a ti, porque también te mereces tu propio espacio. Estoy empeñada en que tengas más fotos tuyas y que no sean cualquier tipo de foto.

Quiero darte poder a través de la fotografías, que salgas de tu escondite y florezcas. Quiero que te veas en una foto y te gustes. Que te sientas bien contigo misma.

Y si pienso un poco más, me doy cuenta de que ya llevo mucho tiempo escribiendo sobre salir en las fotos, ¿te acuerdas? Hoy te quiero dejar algunos post que hicieron mención a ello de forma especial.

Para ti, para ellos, porque sí

Mira, sinceramente me acabo de dar cuenta de que en breve llega el día de la madre. Para mí mayo es especial, pero no por este día que me parece tan poco auténtico como San Valentín. Es especial porque cumplo años, celebro la vida, la mía. Y este año creo que será más especial que otros, porque por primera vez me siento tal y como quería. Y eso es mucho celebrar, ¿no crees?

Pero a veces pienso que no tenemos que esperar a que lleguen el día de la madre, o nuestro cumple, o el aniversario de nuestra boda.

Durante nuestra vida suceden millones de momentos triviales que nos hacen infinitamente más felices que esas celebraciones de calendario. Y los dejamos pasar sin hacer ni una sola fotografía. En cambio, ponemos toda la carne en el asador cuando se trata de un evento, por el simple hecho de que lo es.

Nos merecemos un regalo porque sí. Porque nos apetece, porque en días tristones como el de hoy, el cariño y el amor nos devuelven ese rayito tras las nubes.

Deja de esperar sentada a que ese cariño y ese amor te lleguen de fuera,  y empieza a reclamarlo desde dentro. Nosotras también podemos querernos así de bien y así de bonito.

¿Qué te hace feliz?

Seguramente en más de una ocasión, y por distintos motivos, te has parado a pensar alguna vez en esa gran pregunta. Parece más sencilla de lo que es.

La recupero para ti porque vamos tan deprisa por la vida, con esas rutinas, con las inercias diarias, que no tenemos un segundo para nosotras, para reflexionar.

Cierra los ojos y piensa, ¿qué te hace feliz? La risa de tus hijos, el abrazo de tu familia, pasear por la playa descalza, ponerte música bonita y mirar por la ventana, leer un libro, bromear con las amigas…

¿No son esos los momentos de la vida, y no otros, los que de verdad merece la pena recordar?

Así que, coge tu cámara y empieza a fotografiarlos. Que no se te olvide salir en las fotos…

Y si prefieres que sea alguien quien se encargue de hacer el trabajo, puedes contar conmigo.

Pongo mi cámara a tu disposición para atrapar los detalles que te emocionan, y para que te sirva de medio de liberación. ¿Cómo? Demostrándote lo hermosa que eres, haciendo que te sorprendas de tu belleza, y capturando los detalles que a veces se nos escapan y que son los que relatan tus vínculos con lo que te rodea.

Cambiemos el «salgo fea en las fotos» por un «me siento radiante y me veo guapa»

Cambiemos el «salgo fea en las fotos» por un «me siento radiante y me veo guapa»

Año 2030. Tu hijo te pide que vayas a por el álbum familiar, le apetece recordar y, de paso, enseñarle a su chica cómo era él de peque. Están pensando en tener descendencia y se han puesto sensibles.

Así que preparas unas bebidas y vas a por él, dispuesta a disfrutar de una sesión remember de las buenas, que también te han entrado ganas de mirar al pasado.

Y todo es genial. Es bonito ver otra vez su carita, enumerar las trastadas que hacía de pequeño, reconocer los rincones de tu casa, que ha cambiado tanto como vosotros.

Pero entonces tu hijo levanta la cara del álbum y lanza esta pregunta con tono triste: ¿Pero tú dónde estás? Mamá, no sales en ninguna foto.

Se oye un crujido. Creo que se te ha roto un poquito el corazón.

Así que vamos a cambiar el chip completamente. Aun estás a tiempo de evitar que esta escena futura suceda de verdad.

Tenemos que empezar a salir más en los recuerdos de nuestros hijos, dejar que la cámara la manejen otros y ponernos delante del objetivo. Porque el día de mañana, tus hijos querrán ver fotos tuyas, a solas, con ellos, con la familia. No les vas a negar ese deseo, ¿verdad?

Pero hoy quiero que pienses en otra forma de foto. Una diferente en al que tú eres la protagonista. Vamos a olvidarnos por un segundo de que somos madres. Vamos a cerrar los ojos y vamos a pensar en nosotras, sólo en nosotras.

¿Quiénes somos como mujeres? ¿Qué deseos tenemos? ¿Qué queremos conseguir en la vida? ¿Qué nos mueve por dentro?

Tú, la más bonita, créetelo

¿Sabes eso que dicen de que la belleza está en el interior? Me sonaba a pamplina, pero recientemente he descubierto que es una verdad como un templo.

La sociedad nos vende una perfección entendida desde el punto de vista del consumismo. Esa belleza es irreal y efímera porque es lo que interesa. Si durara demasiado tiempo, la moda y todo lo que la rodea se estancaría. Los intereses económicos son los que mueven en el mundo, eso nos es algo que te vaya a descubrir yo ahora.

¿Pero qué pasa si nos centramos en el adentro? ¿En nosotras, en lo que somos de verdad? Es en ese punto donde nadie nos puede decir lo que se lleva o lo que te tienes que poner, o si debes o no maquillarte, o si debes o no llevar tal cosa por la edad, por tu cuerpo.

Necesitamos invertir más tiempo y mimos en nosotras, en nuestro yo interior. Porque en el alma, en nuestra esencia, la belleza es genuina, y ni caduca ni sigue patrones.

Si comienzas a hacerlo, toda tú se verá reflejada en tu rostro, en tu cuerpo, en tu actitud. Y eso es lo que realmente nos hace bellas, sin importar la talla, la altura, el color de ojos o el pelo.

Tácticas para empezar a quererte y verte hermosa

Ya lo ves, salir guapa en las fotos es cuestión de creerte guapa, de sentirte bien en tu piel. Porque si tú disfrutas de ti misma, los demás también. Y no lo digo por decir. Lo he visto un millón de veces.

¿Cómo se consigue? Puede que te sientas lejos de ese estado idílico del que te hablo. Yo misma he estado alejada todos estos años y he tenido que trabajar(me) mucho para llegar donde estoy (conmigo misma). Pero se puede conseguir.

A continuación te doy algunas pinceladas de las tácticas que me han servido, y que espero que te den el impulso que necesitas para disfrutar de quien eres.

Rodéate de mujeres. Somos la mitad del planeta, somos muchas. Rodéate de quien entienda la vida como tú, de quienes vibren en la misma frecuencia. Nosotras nos proporcionamos una energía que sólo nosotras podemos darnos. Nútrete de ella.

Cuida de ti por dentro. Qué miedo da echar un vistazo hacia dentro. Hay «cositas» que preferimos no remover. Pero qué maravilloso y liberador es cuando empiezas a ver los resultados de examinar tu conciencia y tu corazón. No es una camino corto, ni fácil. Pero sin duda merece la pena.

Cuida de ti por fuera. Claro que sí. No eres vanidosa, ni creída por hacerlo. Es tu cuerpo, es un templo. Y hazlo sólo desde dónde tú entiendes el cuidado. No hace falta maquillarse si no te gusta y es una odisea. No hay que hacer dieta si no es tu deseo. Tenemos que sentirnos bellas nosotras, que nos vean los demás es un efecto secundario.

Reserva un tiempo para ti. La maternidad nos remueve por dentro, los primeros años son agotadores a todos los niveles. No dejes que te asfixie. Toma momentos y hazlos tuyos, que se centren en ti, tus deseos o necesidades personales. Cine, una cena con amigas, un pequeño viaje… Disfruta, porque sólo así todo lo demás tendrá sentido.

Cuando estás feliz contigo misma, se nota, irradias belleza

Sabes que no soy de píldoras mágicas, tampoco de las que hacen posar en las fotos. Soy de las que buscan dentro y lo sacan fuera. Es lo que hago conmigo, y es lo que hago contigo cuando estás delante de mi objetivo.

De verdad pienso que la belleza está dentro de cada una de nosotras, y que en muchas ocasiones nosotras no somos capaces de verla. Pero la gente que nos rodea y nos quiere es capaz de ver esa belleza aunque nosotras la tapemos con trapos, con maquillajes, con ojeras…

Para salir guapa en las fotos sólo necesitas sentirte guapa y que quien te hace las fotos te mire con cariño.

Así que empieza a quererte como lo hacen ellos y descubre tu propia belleza.


Si te apetece una sesión de fotos especial, no dudes en ponerte en contacto conmigo, te estoy esperando. Puedes enviarme un mail y contarme tu historia, seguro que salen cosas tan maravillosas como tú.


 

4 + 2 momentos vitales en los que tienes que hacerte fotos

4 + 2 momentos vitales en los que tienes que hacerte fotos

Confieso que yo, que abogo por conservar el momento, por derrotar a las agujas del reloj con la fotografía como arma, me he arrepentido varias veces de no haber sacado ciertas fotos.

Con la perspectiva que te da el paso de los años, me doy cuenta de que me faltan imágenes. Es desolador.

Me he puesto a pensar (miedito) en instantes y etapas de mi vida de las que anhelaría tener más fotos, y he encontrado 5 momentos vitales.

En mi caso, ya no es posible remediarlo, pero quizá tú estés a tiempo de conseguir lo que yo no pude: esos pedacitos de la memoria fijados en fotografía.

Me encantará que en la parte de los comentarios me digas si tú también te has planteado hacerte fotos en estos momentos, si tienes remordimientos como los míos, o si no le das mayor importancia. Siento mucha curiosidad.

Momentos vitales para recordar

La mayoría de las veces pensamos en hacernos fotos cuando queremos recordar algo, ¿verdad? Casi siempre nos centramos en eventos sociales, como las bodas, bautizos y cumpleaños.

Sin embargo, los 4 primeros momentos de los que te voy a hablar se pueden agrupar bajo el epígrafe de “la vida sin artificios”.

1) El embarazo.

Cuando estaba embarazada, quería fotos y nunca me las hice. Hubo una mezcla de no encontrar a la fotógrafa que me hiciera vibrar y de dejadez. Así de poco romántica soy a veces. Aún no me había puesto con esto de la fotografía y todavía no comprendía lo que me podía aportar. Y aunque yo me hice algunas, no son dignas de ser enseñadas, jajaja.

Pasaron los meses y el tiempo de mi embarazo se agotó. Ahora me enrabieto cada vez que lo pienso.

Que no te pase lo mismo, querida. Hazte fotos embarazada.

Busca a la fotógrafa que te retrate en esta etapa maravillosa y seguramente la única en la que tener barriga no será motivo de disgusto.

Si esa fotógrafa soy yo, contacta conmigo desde aquí para realizar tu reserva cuanto antes. El tiempo pasa muy deprisa.

2) Los primeros meses de la crianza.

Hay quienes quieren fotos de recién nacido, otras prefieren dejarlo para un poco más adelante. Lo de menos es el momento, pero no te quedes sin ellas.

Entre que te organizas los tiempos y te adaptas al nuevo orden establecido, es sencillo pasar por alto las fotografías.

Atesorar los primeros momentos de las vidas de nuestros hijos será un recuerdo maravilloso para ti pero también para ellos. Y pasan volando, así que hay que espabilar. ¿O no te ha pasado a ti de ver un recién nacido y a penas recordar cuando tu hija o hijo fue así?

Con las fotografías adecuadas conseguirás traer a la memoria hasta el olorcito que desprendían, mmmmm ♥

3) Con tus amigas.

Vamos a ver, nos hacemos fotos con los niños, con la pareja, con los monumentos de fondo… ¿y con las amigas no? Pues yo recientemente he descubierto que es una experiencia que hay que tener. Son recuerdos increíbles y las fotos sólo pueden salir bien. Porque con las amigas existe una conexión especial y es de bien dejarla ahí plasmada para toda la vida.

Hay mil momentos para esto: despedidas de soltera, viajes, divorcios (¿por qué no?)… Con ellas puedes ser tú misma, y os merecéis una sesión llena de cariño.

4) Cuando te sientes de maravilla.

Si estás atravesando una época increíble, sea la que sea, y sea por el motivo que sea, hazte fotos. Si estás bien estarás preciosa, radiante y eso saldrá por cada poro de tu piel. La foto no puede ocultarlo.

Además, será genial ver esas fotografías cuando no estés en horas tan altas. Podrás empaparte de esa energía que tienes ahora en otros momentos y servirte de ellas para  subirte el ánimo. Recordarte que es posible recuperarte y, que aunque no siempre es así, en ocasiones la vida es maravillosa.

La otra cara de la moneda, el lado oscuro que también es bueno recordar

Al invitarte a hacerte más fotos, seguramente habrás pensando en momentos puntuales de tu vida en los que fuiste feliz o te lo pasaste en grande. Esos en los que te sientes en la cresta de la ola, celebrando la juventud, el éxito o una etapa plácida con la gente adecuada y en el lugar adecuado. Cuando te sientes realmente bien, guapa, te apetece más sacarte fotos.

Pero la vida se compone de claros y oscuros.

A veces pasamos por momentos que desearíamos borrar. Un bache emocional en el que estás luchando o simplemente te sientes triste. Huyes de la cámara, no te apetece, no te sientes ni con ganas ni con fuerzas.

Probablemente pienses que no querrás acordarte de eso más adelante, que para qué hacerte fotos en este momento de tu vida tan feo, tan gris.

Yo te animo a que lo pienses dos veces.

La fotografía son recuerdos en forma de imagen pero también nos retratan y nos sirve de espejo. Si reúnes el valor suficiente para mirarte en él, hace que tengamos una relación con nosotras mismas muy diferente.

Lo que trato de decirte es que hasta el lado oscuro de tu vida puede servirte para hacerte fuerte, aprender de errores y comenzar a gestionar tus sentimientos de manera positiva. Y puede ser interesante para ti observarte precisamente en ese momento de sombras.

La fotografía es una herramienta, un medio de expresión. Úsala para tu beneficio.

¿Qué tal ahora?

Tanto pensar en el pasado y en el futuro, hace pequeño el presente.

Esta es mi sugerencia para hoy. Para ya.

Coge la cámara y haz fotos de tu ahora. ¿Dónde estás? ¿Con quién estás pasando el día? ¿Cómo te ves? ¿Y cómo te sientes?

O piensa en la experiencia de disfrutar de un día para ti, de cuidarte. Ir a la pelu, ponerte más guapa aún. Y dejarte querer, que la gente te mime, te adore y refleje toda esa belleza que llevas dentro y que tú, ahora mismo, no consigues ver.

Fotografía tu presente. Este es el mejor momento para hacerte fotos, para verte bonita, especial. Es un momento precioso para abrazarte. El ahora es el único tiempo real.

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