Cómo comprar una cámara nueva en 5 pasos

Cómo comprar una cámara nueva en 5 pasos

Hay compras que se resuelven en el momento, que se hacen sin pensar porque no tienen más trascendencia que aliviar una necesidad momentánea o darse un capricho. Pero hay otras que pueden quitarte el sueño si implican un desembolso grande de dinero (palabras mayores), si se trata de algo que presumiblemente vas a utilizar durante mucho tiempo o si hay grandes diferencias entre modelos, tamaños, características técnicas… Si para colmo es un producto sobre el que no controlas demasiado, ya es el acabose.

Quiero echarte una mano con tu próxima compra de una cámara fotográfica.

Sinceramente, creo que este post te va a servir para prácticamente cualquier adquisición, y no sólo para hacerte con tu cámara. De hecho, yo misma seguí estos pasos hace unas semanas para decidirme por una nueva mochila para mi equipo.

Pero en muchas ocasiones me escribís o me preguntáis que cámara os podéis comprar. Y yo no suelo dar grandes respuestas, porque no las tengo. Adquirir una cámara es algo muy personal, entran en juego factores como el presupuesto del que dispongas y el uso que se le vayas a dar. Y claro está, cada uno contamos con un dinero y con unas intenciones de uso diferentes.

Así que, en vez de decirte qué modelo te tienes que comprar, te voy a indicar 5 pasos que doy habitualmente cuando yo misma tengo que comprarme equipo nuevo, o cualquier otra cosa.

Paso 1: Marca tu presupuesto + características.

Es importantísimo que te marques un presupuesto. Sobre todo cuando de una cámara se trata, porque tenemos precios muy diferentes. Así que piensa cuánto quieres invertir en tu cámara y, aunque seas un poco flexible, te servirá para hacer tu primera criba importante.

Una vez que marques el dinero tope que te vas a gastar, te recomiendo que hagas una lista con las características imprescindibles que quieres que tenga tu cámara de fotos.

Si llevas un tiempo en esto de la fotografía, seguramente lo tendrás bastante claro porque habrás utilizado ya una cámara, sabrás qué carencias tiene y qué es lo que necesitas mejorar en el próximo modelo que tengas. Siempre es más fácil hacer una selección desde esta posición.

Por el contrario, si eres totalmente nueva y va a ser tu primera inversión importante en la fotografía, te recomiendo que valores estos puntos:

  • Los diferentes modelos que existen (compactas, bridge, réflex). Piensa de nuevo en tu presupuesto y también lo dispuesta que estés a seguir invirtiendo una vez que empiezas, porque las réflex suelen ocasionar más gastos (si quieres tener más objetivos, por ejemplo) pero también muchas más posibilidades.
  • Valora el peso y volumen. Es un punto importante. Si vas a llevarla mucho encima, si sueles cargar con muchas otras cosas y es un peso añadido, etc.
  • Las marcas. Si te decides por una réflex, mi recomendación es que busques un modelo entre las marcas Canon o Nikon. Hay otras muchas marcas que son muy buenas, pero con estas dos te garantizas que los precios de los accesorios que compres más adelante sean más baratos (objetivos y otras cosas).

Paso 2: Fase de investigación

Una vez que has delimitado tu presupuesto y las características que le pides a tu nueva cámara, te recomiendo que busques mucha información.

No te limites a leer las páginas de las marcas, esas páginas están creadas para vender. Está bien que les eches un ojo, mires las especificaciones técnicas y veas qué posibilidades te ofrecen. Pero después, crea una lista con los diferentes modelos y sigue buscando información sobre ellos.

Esta vez haz búsquedas en Google, en foros de aficionados a la fotografía, en grupos de Facebook, en YouTube… Busca reviews, comparativas, etc.

Esta fase es la más larga y la que más dolor de cabeza suele dar. Porque encontrarás muchas cosas que quieres, pero que no entran en tu presupuesto. Mantén la cabeza fría, recuerda tu tope de dinero y no te olvides nunca de esas características que son imprescindibles para ti.

Paso 3: Crea un listado

Puedes hacerlo en un Excel, a mano o como mejor te apañes. Pero es importante que hagas una tabla con todos los modelos que te gustan y que has ido descubriendo en la fase de investigación.

No sólo apuntes el modelo, esta vez necesitas juntar toda la información relevante:

  • Precio
  • Y todas las características de cada una de las cámaras.

De esta forma será muy sencillo hacer una comparativa e ir viendo cuales de ellas cumplen las especificaciones que pedíamos en el primero de los puntos.

Seguro que muchos modelos caen rápidamente. Por precio o porque no cumple con lo que necesitas.

Paso 4: Los finalistas

Quédate con 3 modelos como mucho. Rehaz esa lista que hiciste, pero en esta ocasión, sólo con los modelos que hayan llegado hasta el final.

Contempla las características que pedías a una cámara, y mira cuál de ellas los cumple mejor.

En esta fase, puedes hacer otra investigación más profunda sobre estos 3 modelos. Y dejar reposar la decisión un tiempo también es importante.

Si alguno de esos modelos sobrepasa el precio que habías marcado en un principio, piensa si ese incremento te lo puedes permitir y, si es así, si realmente merece la pena. Es decir, si las características de esa cámara merecen pagar más por ella.

Paso 5: Resolver dudas

Puede que seas una persona decidida y con ideas muy claras, y en el punto 4 ya tomes una decisión en firme. Pero si necesitas un poco más de ayuda para escoger tu cámara puedes llevar a cabo las siguientes acciones:

  • Puedes acudir a unos grandes almacenes y pedir información sobre los modelos que tienes en mente. La gente que trabaja en estos sitios no siempre sabe mucho sobre lo que venden, pero si tienes suerte, puede que te despeje algunas dudas.
  • Haz una encuesta entre las personas que conoces. Explícales lo que buscas y tus finalistas. Explica los pros y los contras de cada modelo, y seguro que ellos te dan una visión más práctica.

Normalmente, cuando estamos muy metidos en una toma de decisiones de este tipo, nos cuesta ver las cosas de forma práctica, así que las consultas exteriores siempre nos aportan ese punto que necesitamos.

Si quieres aprender a usar tu réflex

¿Te has decidido por una réflex? Una gran elección, sea cual sea el modelo, te dará grandes satisfacciones. Pero ahora tienes un largo camino por recorrer, ¡hay que aprender a utilizarla!

Pues estás de suerte, porque durante todo el mes de agosto estaré llevando a cabo la 2ª edición del reto #agostoen31clicks. En él, proponemos cada día un tema para fotografiar, pero además te doy algunos consejos para aprender a utilizar este tipo de cámaras.

¿Te unes?

Cómo pintar una fotografía con el pincel de Lightroom

Cómo pintar una fotografía con el pincel de Lightroom

Si me sigues desde hace tiempo, sabrás que Lightroom es mi programa de cabecera para editar y archivar mis imágenes. Ya hace un tiempo escribí un post en el que hablaba sobre la faceta más aburrida pero más necesaria: el orden y el flujo de trabajo.

Hoy vengo a contarte cómo puedes sacar partido a la herramienta más potente de este programa: el pincel. Con esta herramienta podemos hacer multitud de cosas. Sobre todo, editar por zonas. Mientras que en Photoshop necesitamos crear capas y más capas y utilizar otras herramientas para trabajar los diferentes efectos (luz, contraste, color, etc.), en Lightroom sólo tenemos que configurar un pincel y pintar sobre la zona para conseguirlo. Fácil, sencillo y para toda la familia.

En el vídeo de hoy verás cómo cambiar el aspecto de una imagen en unos pocos clicks. Para hacerlo rápido, su duración es de 5 minutos y está hecho sobre la marcha, sin atajos.

Te dejo con el vídeo:

Las configuraciones del pincel son infinitas, así que no te quedes sólo en lo que te enseño. Prueba, arriesga y quédate con el resultado que más te guste. Es la mejor manera de aprender.

Y ahora, cuéntame, ¿qué más te gustaría aprender con Lightroom? No olvides dejarme tu comentario para seguir creando contenido que te interese.

¡Hasta la próxima semana!

¿Por qué mis fotos salen borrosas?

¿Por qué mis fotos salen borrosas?

Se han dado dos factores, cual alineación de planetas, y de ahí ha nacido esta entrada.

De un lado, que en nada comenzamos una nueva edición del curso de iniciación a la fotografía, Fotografía desde cero, y estoy ya organizando todo. Son clases intensas, llenas de un montón de conceptos, y estoy tan metida en su preparación que ya tengo el espíritu de los maestros calado hasta los huesos.

Del otro, que por vuestros comentarios y mensajes, sé que a muchas los Reyes Magos os han traído cámaras nuevas pero que todavía no sabéis manejarlas del todo bien. También sé que muchas tenéis cámara desde hace tiempo, pero que la mantenéis dentro de algún cajón por miedo a que os explote entre las manos si tocáis algo que no debéis.

Se han juntado ambas vertientes y como resultado, he estado pensando en cómo podía ayudar con el tema de las nuevas cámaras y esa sensación de no saber por dónde empezar con ellas, y he llegado a la conclusión de que lo que más se suele preguntar y lo que más dolor de cabeza nos da al principio es el enfoque.

Así que aquí me planto yo con todos mis bártulos para hablarte de los distintos problemas que puedes tener a la hora de hacer tus fotos y que salgan bien enfocadas y cómo puedes hacer para que no te pase nunca jamás.

Y al final de la entrada, te desvelo el mayor de los secretos que hará que asimiles esta y otras lecciones. Empezamos.

La cámara o tú, ¿quién tiene las riendas?

La mayoría compramos una cámara réflex pensando que va a ser la solución a todos nuestros problemas, que nuestras fotos van a mejorar por el mero hecho de tener una cámara más grande, con más y mejores objetivos… Pero la realidad nos da en todo el morro cuando con esa súper cámara las fotos tampoco nos quedan bien, salen movidas, desenfocadas y no sabemos por qué. Bien, pues yo te lo voy a decir: las fotos no las hace la cámara, las haces tú 😉

No pasa nada, todas hemos pasado por eso, de verdad, y tiene solución. Eso es lo bueno y es en lo que te tienes que centrar.

En realidad, lo único que tienes que hacer es coger la sartén por el mango y tener el manual de la cámara cerca de ti, siempre. Verás qué pronto la cosa mejora.

Nunca más una foto desenfocada

El desenfoque se puede deber a varios factores, vamos a ir desgranando algunos que son sencillos de corregir.

  1. Los puntos de enfoque. ¿Sabes esos puntos que ves a través del visor superpuestos? Esos son los puntos de enfoque. El número varía mucho de unas cámaras a otras pero lo importante, como siempre, es optimizar lo que hay. Por defecto, la cámara está configurada para que se activen varios puntos cuando enfocas. Lo primero que tienes que hacer es configurarlo para que sólo enfoque con uno de esos puntos. ¿Cómo se hace? Esa respuesta la tendrás que buscar en el manual, porque varía mucho de una cámara a otra. Una vez que tienes configurado un sólo punto de enfoque, estás lista para decirle a la cámara dónde quieres enfocar. Ya nunca más la cámara enfocará donde le dé la gana, ¡bien!
  2. La distancia al sujeto u objeto enfocado. El enfoque varía según la distancia a la que te encuentres del sujeto u objeto que quieres enfocar, por eso es muy importante que esa distancia no cambie durante el enfoque. Cuando apretamos el obturador (botón de disparo) hasta la mitad, normalmente lo que sucede es que enfocamos. Después tenemos que apretar hasta el fondo, para hacer la foto. En ese intervalo, no podemos perder esa distancia (puede suceder porque el sujeto se mueva, o nos movamos nosotros ligeramente), porque de lo contrario, nuestra foto no saldrá bien enfocada.
  3. La velocidad de obturación. Muchas veces las fotos no es que salgan borrosas, es que salen movidas. Esto se debe a que la velocidad es insuficiente para lo que estás fotografiando. Para subir la velocidad tendrás que ver en tu manual (otra vez) cómo hacerlo. Aunque ya te adelanto que no siempre podrás hacerlo, o que tendrás que tocar otras cosas, para poder subir la velocidad. En todo esto profundizamos en «Fotografía desde cero«, porque necesitas conocer otros conceptos y cómo se relacionan unos con otros. Pero lo importante aquí, es que sepas que lo que falla es la velocidad, y no el enfoque. Por lo que en la mayoría de los casos en los que sucede esto, lo que necesitarás será más luz.

El secreto para aprender

Esto de enfocar, en principio, puede parecer una de las cosas más sencillas, pero casi siempre es lo que más quebraderos de cabeza da al principio. Aunque te animo a que continúes. Es algo muy mecánico, y  pillarle el punto es cuestión de practicar.

Pero si te da flojera esto de ejercitar hasta asimilar la técnica, te diré algo. Hay una clave que hará que todo vaya como la seda. Un truco infalible para no desesperar en cada intento y alcanzar el éxito. Atención, ha llegado la hora de desvelarte el misterio, lo que hará que nada de lo que te propongas se resista. Allá va.

El secreto para aprender está en disfrutar mucho e ir viendo aquello en lo que vamos fallando para ir corrigiendo. Cuando algo te resulta un rollo, se te vuelve pesado, interminable y acabas por dejarlo a un lado. En cambio, cuando te lo pasas pipa no hay nada que se interponga entre tú y tu meta.

Practica, comprueba qué sucede en la imagen final cuando aplicas lo que vas a aprendiendo, juega con las posibilidades hasta que lo comprendas, pero disfrútalo. Si un día te atascas, déjalo estar y vuelve en otro momento. Sin agobios, con una sonrisa en la cara, ¡no habrá quien te pare!

Y para ayudarte a disfrutar y que el proceso de aprendizaje no sea solitario y tedioso, acabo de abrir las puertas de una nueva edición de Fotografía desde cero. En ella te acompañaré durante 4 semanas, y juntas conseguiremos que por fin tus fotos estén a tu nivel.

Nos vemos dentro ♥

Tus fotos en el Navigráfico

Tus fotos en el Navigráfico

El reto de estas Navidades surgió gracias a ti. Nos lo pediste después del exitazo de «Agosto en 31 clicks» y, para serte sincera, yo no tenía muchas ganas. Las Navidades no son lo mío.

Pero llevamos sólo 4 días, y ya tengo que agradecerte la idea y el empuje para hacerlo realidad. Porque yo no suelo documentar esta época del año y éste está siendo diferente gracias a la fotografía. Siempre tendré que agradecerle muchas cosas, pero sin duda la mejor es la capacidad de ver las cosas desde otro punto de vista.

Estoy disfrutando mucho más, tanto que el último post del año os lo dedico a vosotras. Por acompañarme en la locura y darme alas para que nunca la deje.

Así que no podía ser de otra manera, el artículo de hoy está ilustrado con vuestras fotos, esas que habéis ido haciendo estos días y que me han permitido (nos han permitido) entrar un poquito más en vuestros hogares y en vuestras vidas. ¡No dejéis nunca de documentar!

 

Sobremesa de Navidad #navigrafico #monicaaanavigrafico #enlamesanavigrafico @rebecalopeznoval

Una foto publicada por mo (@mncrms) el

Almuerzo navideño☃ #navigrafico #belenMPnavigrafico #enlamesanavigrafico @rebecalopeznoval #ChristmasTime

Una foto publicada por Belén Marco (@dan_bel) el

Día 2 Una buena siesta para aguantar toda la noche #preparativosnavigrafico #navigrafico #zascandilnavigrafico @rebecalopeznoval

Una foto publicada por Ana Zascandil (@anazascandil) el

Seguimos con el reto de @rebecalopeznoval #preparativosnavigrafico #navigrafico #rociocsnavigrafico

Una foto publicada por Rocio #locamama (@rociocams) el

Espero que entres en el nuevo año con todas las ganas y la actitud de comértelo. Incluso de morderlo si se rebela y hace falta.

Este año tiene que ser nuestro, de las mujeres.  El año de la fuerza, la valentía y la resolución. Vamos a mirarlo a los ojos, que se entere bien con quién está tratando, y a decirle bien claro: ¡Hey, 2017!, vamos para allá. Cuidadito con nosotras que te me metemos un bocao a la mínima que te tuerzas. Así que, pórtate bien. 

Con mis mejores deseos para ti  ¡Nos vemos el próximo año!

 

De cómo encontré mi voz y la fotografía que es la base de mi trabajo

De cómo encontré mi voz y la fotografía que es la base de mi trabajo

En una ocasión, un hombre pudo dirigirse a un gran número de personas y decir unas palabras. Tenía que escoger cuidadosamente lo que iba a decir, puesto que había muchos oídos prestándole atención, medios de comunicación y, seguramente, gente esperando a que metiera la pata o dijera alguna incongruencia para caer sobre él como aves de rapiña.

En ese momento tan importante de su vida, decidió contar una historia. Algo que jamás había contado.

Contó la historia de cómo, un buen día, conoció, por casualidad de la vida o el destino, a un guitarrista flamenco que tocaba en un parque cercano a la casa de su madre. Los sonidos que arrancaba de su guitarra eran poesía para sus oídos. Nunca había escuchado nada así. Su maestría le dejó completamente alucinado, tanto que le pidió que le diera clases de guitarra.

Y así fue durante unos días en los que, poco a poco, le enseñó a afinar la guitarra, a colocar los dedos y 6 acordes. Hasta que, un día oscuro, el maestro decidió retirarse del mundo.

Desapareció dejando grandes incógnitas en el aire: ¿quién eras?, ¿por qué estabas ese día allí tocando la guitarra?, ¿por qué decidiste darme clases si te sentías tan mal, tan cansado de la vida?, ¿por qué no me dijiste nada?, quizá podría haberte ayudado, ¿por qué lo hiciste?

Sin embargo, el hombre del discurso nunca olvidó a su maestro de guitarra, puesto que él le había enseñado los acordes que marcarían el resto de su obra y su vida.

Este hombre que se dirigía a toda esa gente se llamaba Leonard Cohen, y en el día en el que recogía el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011, decidió que tenía que hablar de la persona que le había dado la base para ser quién fue. La historia de cómo encontró su canción.

Esa persona anónima, sin la cual Cohen probablemente no hubiera llegado a ser el músico y escritor tan brillante (o sí, pero de otra manera), se fue sin saber lo importante que fue ese encuentro. Es devastador.

¿Por qué te cuento todo esto? Porque no quiero que me ocurra lo mismo.

Tras este fin de semana intenso y después de recordar esta historia, quiero hacer como Leonard pero antes de que sea demasiado tarde.

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La confirmación de mi forma de entender la fotografía.

He pasado una de las mejores semanas de este año. Viajé a Madrid y, a diferencia de las últimas ocasiones, no fue para trabajar sino para hacer un curso.

Desde que me apunté a él me podían las ganas porque llegara el día de disfrutarlo, pero a la vez me daba pena, porque luego todo pasa tan rápido… Y es que no era un curso cualquiera, era un workshop con el fotógrafo que más admiro: Alain Laboile.

Conocí su trabajo de rebote (alguien compartió algo de él, yo lo vi y caí rendida ante su fotografía) cuando ya estaba embarcada en un pequeño proyecto personal que en realidad aún no ha terminado: documentar la infancia de mi hijo.

El caso es que llegó y me atrapó para siempre. Y a lo largo de estos años la admiración por el trabajo de este fotógrafo no ha hecho más que crecer y crecer. Pero no sólo por su trabajo, sino por la vida que se adivina en sus fotos.

Admiro la cabeza que tiene para trazar la composición de sus fotografías y ver elementos en las fotografías de otros que casi nadie ve.

Pero sobre todo, para mí, lo verdaderamente interesante es su vida. Su fotografía es personal y se rodea siempre de su familia. No se dedica a hacer fotografía por encargo. Todo es fotografía en su casa. Sólo es su mundo familiar. ¿Cómo consigue vivir de eso? Es que me postro ante sus pies xD

Es un punto de apoyo, tanto para mi faceta de fotógrafa como para mi plano personal. Una auténtica inspiración en todos los sentidos vitales. Gracias, Alain, siento que apoyas y refuerzas mi forma de entender la fotografía, de respirarla y fusionarla con quién eres. Expresas el tipo de vida que yo defiendo. Y empaparme de tus fotos me ha inspirado desde que te conocí.

Porque siempre he tenido a la fotografía como una herramienta más emocional, como un medio de expresión. Mucha gente la utiliza tan sólo como un documento que recoge una imagen con una técnica perfecta. Pero para mí una buena fotografía tiene que tener alma, tiene que palpitar entre tus manos, tiene que contarte algo.

Pero, ¿cómo empecé con todo esto? ¿Cuál es el origen de mi búsqueda persona de la fotografía?

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Soy fotógrafa gracias a mi hijo.

Yo sabía que tenía mi propia voz, pero a él le debo la canción.

Tenía el gusto por la fotografía metido dentro desde hacía mucho tiempo, pero no fue hasta mi maternidad cuando sentí la necesidad de expresarme a través de ella.

Fue entonces cuando quise contar mi historia y transmitir cómo me sentía siendo madre, cómo era aquello para mí, cómo era mi niño y todo el nuevo mundo que se abría ante mí. Y todo ello, alejándome de los artificios que a veces acampan en este tipo de imágenes.

Quería contar lo que yo veía, tal y como yo lo veía.

Y este fue el germen de la persona y la fotógrafa que ahora soy. Gracias, Grabiel, por empujarme a esta vida, por enseñarme los acordes que son la base de mi fotografía actual, y por ser el mejor modelo del mundo.

Pero un fotógrafo y sus fotografías necesitan algo más. Algo crucial sin el cual perderían sentido.

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Para que una fotografía cobre vida, necesita un espectador.

Hasta el momento en el que los ojos de otra persona se posan sobre ella, la fotografía está en letargo, con una mano sobre la boca, a la espera de que alguien se detenga ante ella para poder contarle su historia.

Por eso también tengo que agradecerte a ti, mi fiel lectora, mi madre fotógrafa, mi alumna, mi compañera en la Comunidad F, mi amiga, que obres tu magia. Gracias por traer tu mirada hasta mis fotografías, por darles vidilla y aliento.

Y esta es la historia de cómo encontré mi voz, le di forma y le puse música. O mejor dicho, de cómo me transformé en la fotógrafa que soy.

Disculpa por la extensión del texto, creo que pocas veces escribo tanto, pero sentí que el agradecimiento lo merecía.

Aquí puedes ver el discurso de Leonard Cohen al que hago mención.

Un abrazo,
Rebeca

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